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lunes, 11 de noviembre de 2013

11 Noviembre: Santa Marina Omura

Nacida en Japón, en 1626 ingresa en la Tercera Orden Dominicana, siendo de gran ayuda para los misioneros.

Arrestada en 1634, es sometida a vergonzosas humillaciones y finalmente conducida a la hoguera, dando un sublime ejemplo de "mujer fuerte".

Son muy escasos los datos que se conocen sobre el na­cimiento, bautismo y familia de esta insigne mártir de Ja­pón. Sus biógrafos nos dicen de ella que «era ejemplo para todos los cristianos de Omura».

Se dice también de ella que su caridad era tal, que su casa era el refugio tanto de los misioneros como de los cristianos persegui­dos. Allí acudían cuantos se hallaban en el trance de la prueba para recobrar el áni­mo y las fuerzas perdidas.

En Nagasaki, del Japón, santa Marina de Omura, virgen y mártir, que encarcelada y llevada a la fuerza a una casa pública para escarnio de su castidad, fue finalmente quemada viva.

(fuente: es.catholic.net)

domingo, 10 de noviembre de 2013

10 de Noviembre: San León Magno

Bendito sea Dios que ha enviado a su Santa Iglesia, jefes tan santos y tan sabios. Que no deje nunca el Señor de enviarnos pastores como San León Magno. Lo llaman "Magno porque fue grande en obras y en santidad. San León Magno.

Es el Pontífice más importante de su siglo.

Tuvo que luchar fuertemente contra dos clases de enemigos: los externos que querían invadir y destruir a Roma, y los internos que trataban de engañar a los católicos con errores y herejías.

Nació en Toscana, Italia; recibió una esmerada educación y hablaba muy correctamente el idioma nacional que era el latín.

Llegó a ser Secretario del Papa San Celestino, y de Sixto III, y fue enviado por éste como embajador a Francia a tratar de evitar una guerra civil que iba a estallar por la pelea entre dos generales. Estando por allá le llegó la noticia de que había sido nombrado Sumo Pontífice. Año 440.

Desde el principio de su pontificado dio muestra de poseer grandes cualidades para ese oficio. Predicaba al pueblo en todas las fiestas y de él se conservan 96 sermones, que son verdaderas joyas de doctrina. A los que estaban lejos los instruía por medio de cartas. Se conservan 144 cartas escritas por San León Magno.

Su fama de sabio era tan grande que cuando en el Concilio de Calcedonia los enviados del Papa leyeron la carta que enviaba San León Magno, los 600 obispos se pusieron de pie y exclamaron: "San Pedro ha hablado por boca de León".

En el año 452 llegó el terrorífico guerrero Atila, capitaneando a los feroces Hunos, de los cuales se decía que donde sus caballos pisaban no volvía a nacer la yerba. El Papa San León salió a su encuentro y logró que no entrara en Roma y que volviera a su tierra, de Hungría.

San León MagnoEn el año 455 llegó otro enemigo feroz, Genserico, jefe de los vándalos. Con este no logró San León que no entrara en Roma a saquearla, pero sí obtuvo que no incendiara la ciudad ni matara a sus habitantes. Roma quedó más empobrecida pero se volvió más espiritual.

San León tuvo que enfrentarse en los 21 años de su pontificado a tremendos enemigos externos que trataron de destruir la ciudad de Roma, y a peligrosos enemigos interiores que con sus herejías querían engañar a los católicos. Pero su inmensa confianza en Dios lo hizo salir triunfante de tan grandes peligros. Las gentes de Roma sentían por él una gran veneración, y desde entonces los obispos de todos los países empezaron a considerar que el Papa era el obispo más importante del mundo.

Una frase suya de un sermón de Navidad se ha hecho famosa. Dice así: "Reconoce oh cristiano tu dignidad, El Hijo de Dios se vino de cielo por salvar tu alma".

Murió el 10 de noviembre del año 461.

(fuente: www.ewtn.com)

sábado, 9 de noviembre de 2013

09 de noviembre: Beata María del Carmen del Niño Jesús

(1834-1899)

Nació en Antequera, diócesis de Málaga (España), el 30 de junio de 1834. Sus padres, Salvador González García y Juana Ramos Prieto, buenos cristianos y de elevada posición social, la llevaron a bautizar al día siguiente de su nacimiento a la parroquia de Santa María la Mayor de la ciudad.

Carmencita, la sexta de los nueve hijos que llegaron a adultos, destacó pronto por su simpatía, inteligencia, bondad de corazón, sensibilidad y entrega a las necesidades ajenas, piedad, amor a la Eucaristía y a la santísima Virgen. Fue una niña y joven encantadora, que se distinguió por hacer felices a cuantos la rodeaban; supo poner paz y hacer el bien ante las necesidades ajenas.

Llegó a la juventud con una personalidad tan definida, que suscitaba la admiración de todos los que la conocían. Así entró por los caminos difíciles que la Providencia le fue marcando. Con un profundo deseo de seguir la voluntad de Dios en su vida, la buscó en la oración, la reflexión y la dirección espiritual.

Tuvo que afrontar serias dificultades a la hora de las grandes opciones de la vida: primero, la oposición de sus padres ante un posible matrimonio contrario a las garantías que don Salvador deseaba para su hija; más tarde, ante el propósito de ingresar en las Carmelitas Descalzas, disgusto, contrariedad y nueva oposición de los suyos. Carmen se mantuvo firme, poniendo su fe y su confianza en Dios. Don Salvador veía que Carmen tenía algo especial, que no era como todas; por ello repetía frecuentemente: "Mi hija es una santa".

Al fin, a impulsos del amor que fuertemente latía en su corazón, pero no a ciegas sino convencida de que Dios lo quería y la llamaba a una misión, Carmen, a los 22 años, salta todos los obstáculos y contrae matrimonio con Joaquín Muñoz del Caño, once años mayor que ella, cuya conducta tanto preocupaba, y con razón, a don Salvador.

Aquel matrimonio fue la piedra de toque para descubrir el temple espiritual, la fortaleza y la capacidad de amor de Carmen. Comulgaba diariamente; de la Eucaristía sacaba fuerza, entereza, caridad y sabiduría para penetrar, con la profundidad con que lo hacía, el sentido de la vida espiritual.

Cuidó la vida de matrimonio; siguió visitando y socorriendo a los necesitados y enfermos, en sus casas o en el hospital, y llevándoles, junto con el don material, consuelo y luz para el alma, comprensión para sus sufrimientos y alimento para soportar una vida dura llevada en la escasez de lo imprescindible. Socorros que prestaba personalmente y asociada a la Conferencia de san Vicente de Paúl, a la que perteneció.

Don Joaquín, el esposo, con sus rarezas, sus celos y sus intemperancias, hizo sufrir mucho a Carmen. Ella jamás dejó escapar una crítica, una queja o un comentario de reproche en contra de su marido, ni siquiera cuando entregó sus propios bienes para salvarlo de una penosa situación. Las personas más cercanas a la casa compadecían el sufrimiento de Carmen, pero sobre todo admiraban su virtud.

Después de veinte años de paciente espera, de amor, de oración y de penitencia, vio cumplida su esperanza y compensados sus sacrificios con la conversión de su esposo. Más tarde se le oiría repetir: "Todos mis sufrimientos los doy por bien empleados con tal que se salve un alma".

Cuatro años de "vida nueva" confirmaron la autenticidad de la conversión y preparación de don Joaquín para su salida de este mundo. Con su muerte, terminó la misión de esposa de doña Carmen, pero, hecha para cosas grandes, tenía que iluminar otra faceta de la vida. Ya viuda, sedienta de "Absoluto", se entregó más plenamente a Dios. Animada por el espíritu franciscano, profundizaba cada vez más el sentido de fraternidad universal, de pobreza y de amor a la humanidad de Cristo. La Tercera Orden franciscana seglar, a la que pertenecía, admirada por su virtud, piedad y dedicación a los necesitados, la eligió maestra de novicias.

No tuvo hijos; pero ello no le impidió tener un corazón de madre siempre disponible para los que la necesitaban. Una y otra vez se preguntaba: ¿Puedo hacer algo por ellos? Con realismo, empezó por donde le era posible. Hizo un ensayo de colegio en su casa y prosiguió sus visitas a los pobres y enfermos.

Incansable, tuvo valor para decir otra vez al Señor, como en sus años jóvenes: ¿Qué quieres que haga? Consultó, reflexionó, oró. Ayudada por su director espiritual, el capuchino fray Bernabé de Astorga, el 8 de mayo de 1884 fundó el instituto religioso de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones.

Atrás quedaba como estela luminosa la ejemplaridad de su vida seglar como joven, esposa y viuda. Con un gran peso de madurez y de virtud probada, afrontó como fundadora los inicios de una obra en la Iglesia. La madre Carmen fue siempre un modelo de religiosa.

La Congregación, dentro de la familia franciscana, tiene unas notas peculiares y una espiritualidad propia, basada en el misterio del amor del Corazón de Cristo y en la fidelidad al Corazón de María. De estas fuentes sacaba la madre Carmen inspiración para acercarse a quienes la necesitaban, y para impulsar y orientar la fuerza apostólica de la Congregación hacia la educación de la infancia y la juventud, el cuidado y la asistencia de los enfermos, ancianos y necesitados, con un estilo que recuerda el de san Francisco de Asís: "Sin apagar el espíritu".

La madre Carmen vio aumentar la Congregación en número de hermanas y de casas, que se extendían por la geografía española en Andalucía, Castilla y Cataluña. Como obra de Dios, tenía que ser probada y lo fue en la persona de su fundadora. Dificultades, humillaciones e incomprensiones, tanto más dolorosas cuanto de procedencia más cercana, recayeron sobre la madre Carmen sin arredrarla. Quien la conoció a fondo, pudo decir: "Esta mujer tiene más fe que Abraham".

Cada golpe de la tribulación la fue introduciendo en el misterio de Cristo muerto y resucitado por la salvación del mundo. Por eso, decía a las hermanas: "La vida del Calvario es la más segura y provechosa para el alma". Con esta actitud serena de abandono en las manos de Dios se ocupaba de los asuntos de la Congregación. Llegó a abrir hasta once casas; su interés por todas y cada una de las hermanas fue constante.

Si toda su vida estuvo orientada a Dios, en la recta final aceleró el paso; hablaba mucho del cielo. Así, desprendida de todo, mirando la imagen de la Virgen del Socorro, murió en el convento de Nuestra Señora de la Victoria, en Antequera, primera casa de la Congregación, el 9 de noviembre de 1899.

Superó con una altura espiritual extraordinaria todas las situaciones que la vida puede presentar a una mujer: niña y joven piadosa, alegre y caritativa; esposa entregada a Dios y fiel a su marido, sin escatimar esfuerzos en los largos años de su difícil matrimonio; viuda magnánima y de profunda espiritualidad; y religiosa ejemplar consagrada al Señor.

Todas las etapas de su vida parecen tener un denominador común: profunda raíz en el amor de Dios, y firme voluntad de crear comunión en cuantos la rodeaban. Su congregación de Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones traduce la fraternidad franciscana en sencilla y abnegada vida de familia, confiada siempre en la providencia del Padre y atenta al Espíritu que la mantiene en verdadera unión.

(fuente: www.vatican.va)

viernes, 8 de noviembre de 2013

08 de noviembre: Beata Isabel de la Trinidad

Isabel Catez nació el 18 de julio de 1880 en el Campo Militar de Avor cerca de Bourges (Francia), y fue bautizada cuatro días después. En el 1887 la familia se trasladó a Dijón. En ese mismo año muere su padre. El 19 de abril de 1890 recibe la Primera Comunión, y al año siguiente el sacramento de la Confirmación.

En el 1894 emitió el voto de virginidad. Sintiéndose llamada a la vida religiosa pidió a su madre permiso para poder entrar en el Carmelo, pero ésta opuso un total rechazo, hasta que se vio obligada a ceder a condición de que entrase cuando cumpliese la mayoría de edad. El 2 de agosto de 1901 entraba en el Carmelo de Dijón donde el 8 de diciembre de 1901 vistió el hábito religioso. El 11 de enero de 1903 emitió la profesión religiosa. El 21 de enero del mismo año cumplía la ceremonia de la velación monástica. Los cinco años de su vida religiosa fueron una continua subida hacia Dios y el Señor purificó su alma con sufrimientos espirituales y con sufrimientos corporales a través de la terrible enfermedad de Addison que la llevó a la muerte el 9 de noviembre de 1906.

(fuente:ocarm.org)

jueves, 7 de noviembre de 2013

07 de noviembre: Beato Vicente Grossi

«Fundador de las Hijas del Oratorio, un sacerdote entregado a sus fieles, que tuvo como eje vertebral de su vida la santa misa, y en el ideario de su labor apostólica dirigida a la infancia y juventud el carisma de san Felipe Neri»

Madrid, 07 de noviembre de 2013 (Zenit.org) El Martirologio cuenta con excelsos modelos de santidad encarnados en modestos y humildes sacerdotes rurales que han alumbrado la fe de incontables personas con una vida sencilla, silenciosa y entregada que a veces ha velado a los ojos ajenos el martirio cotidiano en el que transcurría, como le sucedió al santo Cura de Ars y tantos otros que ya hemos visto desfilar por este santoral de ZENIT.

Vicente Grossi es uno de esos sacerdotes que han dado gloria a Dios y a la Iglesia con un ejemplar celo apostólico y encomiable creatividad. Nació el 9 de marzo de 1845 en la localidad italiana de Pizzighettone, perteneciente a Cremona en la región de Lombardía. Fue uno de los siete hijos, el penúltimo, del humilde hogar formado por Baldassarre Grossi y Maddalena Cappellini. Nuevamente fue una figura femenina, la de su madre, como le ha sucedido a otros santos y beatos, quien tuvo un peso capital en su vida. Ella se ocupó de inculcarle el amor a la oración educándole en la fe cristiana, aunque su padre, trabajador y honesto, también fue para él modelo de integridad en la vida. Supo aprovechar el tiempo del que disponía para entregarlo a los demás. El ambiente en el que creció le serviría después en su misión.

Era muy joven cuando se sintió llamado al sacerdocio, pero su progenitor juzgó oportuno que difiriese su ingreso en el seminario. En cierto modo, y aunque también pesaban necesidades familiares que requerían su presencia, aquél quiso constatar que no se trataba de una simple idea que bullía en la mente de su hijo, sino que estaba anclada en lo más íntimo de su ser. Así era. El 4 de noviembre de 1864, a sus 19 años, Vicente se convirtió en seminarista en Cremona, y fue ordenado sacerdote en la catedral de la ciudad el 22 de mayo de 1869. Inicialmente, fue vicario en distintas parroquias hasta que en 1873 se le encomendó la de Regona. Diez años más tarde el prelado Bonomelli puso bajo su responsabilidad la de Vicobellignano porque llegó a ella culminando 1882, y allí permaneció treinta y cuatro años hasta apurar su vida, vida que había sido en realidad de Cristo.

Era una parroquia complicada, bastión del protestantismo; el obispo se lo advirtió y la puso bajo su amparo con la certeza de que haría de ella una fuente de bendiciones. Sabía que si en todas era precisa la presencia de sacerdotes generosos, prudentes, pastores llenos de celo apostólico y de caridad, tenía en el beato una imagen certera de una persona que encarnaba estas virtudes. Por eso le distinguió con su confianza, diciéndole que en un margen de diez años esperaba que hubiese dado un vuelco a la parroquia, contribuyendo a la desaparición del error. Mons. Bonomelli no se equivocó. Él P. Grossi se ocupaba de los feligreses que amaba entrañablemente. Y ellos también le hacían objeto de su atención; veían en su párroco a un hombre bueno, fiel al Santo Padre, abnegado, austero, obediente a su obispo, con la sabiduría de Dios en sus labios forjada en su oración, y un sentido del humor que ponía de manifiesto su gozo espiritual, con una entrega hacia cada uno de los fieles ciertamente ejemplar. El eje que vertebraba su vida era la santa misa; de ella extraía la fortaleza nutriendo su celo apostólico. A sus parroquianos le alentó un día, diciéndoles: «cuando nuestro corazón está lleno de amor por Dios, no persigue otros amores, ¿entendido? Por tanto, ¡a trabajar!».

Era sencillo en su forma de vida. Baste decir que su equipaje, sumamente ligero, podía componerse de un modesto bolso de viaje con su breviario y un reloj. Tanto los sermones como la propia misa eran fruto de su oración y de una intensa preparación, y eso los fieles lo percibían. Hizo todo lo que estuvo en sus manos para llevarlos al regazo del Padre; los soñó y los oró en Él y desde Él. Por eso, y porque sabía por propia experiencia lo que significaba la pobreza y la carencia, no solo de los bienes materiales sino también de los espirituales, se dejó guiar por la inspiración, y tomó como punto de despegue para su misión la atención a los jóvenes. Eran el futuro; siempre lo son, y el P. Grossi lo tenía presente.

En su corazón apostólico, también los niños, junto a los jóvenes, ocupaban un lugar preponderante. Vio con claridad evangélica la importancia de contar con un núcleo de formadores en cada parroquia. Fue el germen de su fundación: el Instituto de las Hijas del Oratorio, que inició en 1885 con la ayuda de Ledovina María Scaglioni y el objetivo de proporcionar orientación moral y religiosa a las niñas que frecuentaban el templo. Las religiosas se dedicaron a colaborar en la pastoral de otras parroquias impartiendo catequesis, apoyadas por una red de jardines de infancia, centros asistenciales y escuelas primarias que poco a poco fueron surgiendo. Las Reglas que el fundador escribió de rodillas ante el sagrario estaban inspiradas en la espiritualidad de san Felipe Neri, el santo de la alegría espiritual. Y ese espíritu dotó a la fundación, que tenía cincelado en su ideario la humildad, la caridad, el gozo en el servicio, así como el sacrificio, a imitación de Cristo.

Este gran sacerdote que tan delicadamente tuteló la vida espiritual, consolando y asistiendo material y humanamente a sus feligreses, poco antes de morir indicó a la maestra de novicias: «Procuren no quejarse nunca; buscando, por el contrario, alegrarse cuando las cosas vayan en contra de sus deseos». El 7 de noviembre de 1917 entregó su alma a Dios, a causa de una peritonitis fulminante, diciendo: «El camino está abierto; hay que recorrerlo». Fue beatificado por Pablo VI el 1 de noviembre de 1975. El pontífice destacó en ese acto «la solidez de sus generosas virtudes, ocultas en el silencio, purificadas por el sacrificio y la mortificación, refinadas por la obediencia» afirmando quehabía dejado «un profundo surco en la Iglesia».

(07 de noviembre de 2013) © Innovative Media Inc.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

06 de noviembre: Beato Angel Prat i Hostench y 16 compañeros

En los 1936 diecisiete religiosos españoles miembros a varias comunidades Carmelitas dieron su vida en defensa y testimonio de su fe cristiana y consagración a Jesucristo.

El 28 de julio, en la estación del ferrocarril de Tàrrega, los doce religiosos de la comunidad de Tarrega fueron detenidos, y llevados al Clots dels Aubens en Cervera y asesinados al amanecer del 29 de julio mientras rezaban a Jesús y a la Madre del Carmelo. Estos religiosos fueron: P. Ángel Maria Prat Hostench, prior, P. Eliseo Maria Maneus Besalduch, maestro de los novicios, P. Anastasio Maria Dorca Coramina, de la comunidad de Olot (Girona) que se hallaba en Tàrrega predicando la Novena por la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, P. Eduardo Maria Serrano Buj, profesor. También los estudiantes de filosofía: Fr. Pedro Maria Ferrer Marin, Andrés Maria Solè Rovira, Juan Maria Puigmitjà Rubió, Miguel Maria Soler Sala, Pedro-Tomás Maria Prat Colledecarrera y el hermano laico Eliseo Maria Fontdecaba Quiroga así como los novicios Fr. Elías Maria Garre Egeo y José Maria Escoto Ruíz.

Durante la noche del 13 de agosto, a Vic, Barcelona, Sor Maria del Patrocinio de San José Badía Flaquer, una monja del convento de Vic, fue detenida y asesinada la misma noche defendiendo su castidad y testimoniando su consagración a Cristo.

El 3 de octubre fue asesinado Fr. Eufrosino Maria Raga Nadal, un subdiácono y miembro de la comunidad de Olot.

Fr. Ludovico Maria Ayet Canós y Ángel Maria Prestado Batlle, Carmelitas de la comunidad de Terrassa, Barcelona, fueron detenidos el 21 de julio y enviados a la Cárcel Modelo, de Barcelona. El 13 de agosto fueron asesinados en el cementerio de Terrassa.

El prior de la comunidad de Olot, P. Fernando Maria Llobera Puigsech, fue asesinado en los fosos de Santa Elena de Montjuic (Barcelona) sencillamente porque era un religioso.

El proceso por la beatificación de este grupo se inició en la diócesis de Barcelona en septiembre de 1959. El 26 de junio de 2006, el San Padre, Benedicto XVI, firmó el decreto para su beatificación. El 28 de octubre de 2007 han sido beatificados entre un grupo de 498 mártires españoles del siglo XX.

(fuente: ocarm.org)

martes, 5 de noviembre de 2013

05 Noviembre: Beata Francisca de Amboise

Nació en el año 1427, probablemente en Thouars (Francia). A los quince años casó con Pedro II, duque de Bretaña, junto con el cual fue coronada en la catedral de Rennes en 1450. Quedó viuda en 1457, no quiso contraer segundas nupcias y se orientó hacia la vida religiosa.

Con este fin construyó en 1463 un Carmelo femenino en Bondon, aconsejada por el beato Juan Soreth, Prior General de la Orden. Sin embargo, su ingreso en aquel monasterio tuvo lugar en 1468. Pasó después en 1477 al monasterio de Nantes, también fundación suya. Los documentos nos la presentan en el oficio de priora de carácter fuerte, dotada de maternal comprensión y de sentido psicológico. Se conserva copia de las sabias exhortaciones con las que alimentaba el espíritu de sus religiosas. A ella se debe la introducción de la comunión frecuente (diaria para las enfermas) y el cuarto voto de estricta clausura.

Murió el 4 de noviembre de 1485. Su testamento fueron las palabras que más veces había pronunciado en vida: "¡Sobre todas las cosas haced que Dios sea siempre el más amado!". Su culto litúrgico fue aprobado en 1863 por Pío IX, en premio de la fidelidad de los bretones a la Iglesia Católica y a su duquesa. Es considerada fundadora de las monjas carmelitas en Francia. Fue beatificada por Pío IX en el 1866.

(fuente: ocarm.org)
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