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viernes, 26 de agosto de 2016

26 de agosto: Beata Beltrame Quattrocchi

Esposos Beltrame Quattrocchi: un matrimonio santo

En medio de una multitud de familias, los esposos Luigi y María Corsini Beltrame Quattrocchi fueron beatificados en la Basílica de San Pedro, a pesar de las inclemencias del clima.

Su beatificación, sin duda alguna, ayudaría a relanzar nuevamente los valores propios de una vida cristiana, tan pisoteados por una sociedad hedonista y una cultura de muerte, así como también se estaría impulsando el sentido cristiano del matrimonio como camino de santidad.


Vida

María Corsini nació en Florencia el 24 de junio en 1881; mientras que Luigi Beltrame nació en Catania el 12 de enero de 1880. Ambos se conocieron en Roma cuando eran adolescentes y se casaron en la basílica Santa María la Mayor el 25 de noviembre de 1905.

Los dos fueron criados en el seno de una familia católica y desde pequeños practicaron fervientemente su fe, asistiendo todos los domingos a Misa y participando de los sacramentos. Debido a este legado, decidieron criar a sus hijos en los principios y valores de la fe católica.

En 1913, la joven familia atravesó un momento doloroso y bastante incierto cuando María el embarazo de María tuvo serias complicaciones y los médicos pronosticaban que no sobreviviría al parto, ni tampoco el no nacido. Aunque los doctores manifestaron que un aborto podría salvar la vida de María, ésta consultando con su esposo, decidió confiar en la protección divina de Dios. Y, si bien es cierto el embarazo fue duro, tanto madre e hijo milagrosamente sobrevivieron. Esta experiencia llevó a toda la familia a consolidar su vida de fe y trabajar duro por sus anhelos de santidad.

María dio a luz a tres niños más; sus dos hijos varones profesaron el sacerdocio: Filippo es ahora Mons. Tarcisio de la diócesis de Roma y Cesare es el P. Paolino, un monje trapense.

La mayor de las hijas, Enrichetta, la que sobrevivió a ese difícil embarazo, constituyó un hogar según el modelo de sus padres; mientras que su hermana Stefania ingresó a la congregación de los benedictinos, siendo conocida por todos como la Madre Cecilia, y quien falleció en 1993.

Los tres hermanos estuvieron presentes en la beatificación de sus padres.

La familia Beltrame Quattrochi fue conocida por todos por su activa participación en muchas organizaciones católicas. Luigi fue un respetado abogado, quien ocupó un cargo importante dentro de la política italiana. María trabajó como voluntaria asistiendo a los etíopes en dicho país durante la segunda guerra mundial.

El ahora beato Luigi fue llamado a la Casa del Padre en 1951, y María, su fiel esposa, lo hacía posteriormente en 1965.


Beatificación

La Congregación para la Causa de los Santos trató este caso como algo especial, y con la aprobación del Papa Juan Pablo II, se esclareció el camino para su beatificación luego de que se reconozca un milagro a su intercesión.

El Prefecto de esta Congregación, Cardenal José Saraiva Martins, señaló que era imposible beatificarlos por separado debido a que no se podía separar su experiencia de santidad, la cual fue vivida en pareja y tan íntimamente. "Su extraordinario testimonio no podía permanecer escondido", enfatizó el Purpurado.

Por lo menos 40 mil personas atendieron la ceremonia de beatificación de los esposos, que se realizó al interior de la basílica de San Pedro debido a la fuerte lluvia que se desató desde las primeras horas de la mañana. El plan original contemplaba la realización de la ceremonia en la Plaza San Pedro.

También asistieron los dos hijos varones del matrimonio: Filippo y Cesare quienes concelebraron la Misa de beatificación con el Papa. La tercera, Enrichetta, se sentaba entre los peregrinos que llenaron hasta los topes el templo más grande de la cristiandad.


"Lo ordinario de manera extraordinaria"

En su homilía, el Santo Padre aseguró que los esposos beatos, durante más de sus 50 años como matrimonio supieron vivir "una vida ordinaria de manera extraordinaria".

"Entre las alegrías y las preocupaciones de una familia normal -afirmó el Papa- supieron realizar una existencia extraordinariamente rica de espiritualidad. En el centro, la eucaristía diaria, a la que se añadía la devoción filial a la Virgen María, invocada con el Rosario recitado todas las noches, y la referencia a sabios consejos espirituales".

El Pontífice manifestó que los esposos "vivieron a la luz del Evangelio y con gran intensidad humana el amor conyugal y el servicio a la vida".

"Asumieron con plena responsabilidad la tarea de colaborar con Dios en la procreación, dedicándose generosamente a los hijos para educarles, guiarles, orientales, en el descubrimiento de su designio de amor", agregó.

En este sentido, el Papa enfatizó que la familia anuncia el Evangelio de la esperanza con su misma constitución, pues se funda sobre la recíproca confianza y sobre la fe en la Providencia. La familia anuncia la esperanza, pues es el lugar en el que brota y crece la vida, en el ejercicio generoso y responsable de la paternidad y de la maternidad".

"Una auténtica familia, fundada en el matrimonio, es en sí misma una "buena noticia" para el mundo", puntualizó.


Familia cristiana

El P. Tarcisio Beltrame, uno de los hijos de los esposos Luigi y Maria Corsini Beltrame Quattrocchi, expresó en un testimonio personal el deseo de que la proclamación de sus padres como modelos de vida cristiana ayude a impulsar el sentido cristiano del matrimonio.

En su relato, el P. Tarcisio recuerda que "nuestra vida familiar no tuvo nada de extraordinaria, fue un hecho ordinario, con sus debilidades. Sin embargo, seguimos siempre enseñanzas importantes que las almas de buena voluntad pueden disponerse a imitar y a realizar también hoy".

Don Tarcisio considera por ello que "la beatificación de mis padres es una ocasión para relanzar los valores de la familia cristiana hoy".

En efecto, según la proclamación de sus virtudes heroicas realizada por el Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, los esposos Beltrame Quattrocchi "han hecho de su familia una verdadera iglesia doméstica abierta a la vida, a la oración, al testimonio del Evangelio, al apostolado social, a la solidaridad hacia los pobres, a la amistad". Además, a su intercesión ha sido atribuido un milagro que ha abierto la vía para su beatificación.

De los cuatro hijos de los esposos Beltrame Quattrocchi, tres de ellos tomaron el camino del sacerdocio o la vida religiosa: don Tarcisio (95 años), el padre Paulino (92 años), y Sor María Cecilia (ya fallecida). Enrichetta, de 87 años, constituyó un hogar según el modelo de sus padres.

"Fuimos una familia abierta a los amigos y a todos los que querían respirar el clima de nuestro hogar", relata el P. Tarcisio. La habitación de huéspedes siempre estaba lista".

"En los años de la guerra, a menudo arriesgando muchísimo, acogimos y prestamos ayuda a todo el que la pidió", concluyó.


No serían los únicos

Los Beltrame Quattrocchi serán la primera pareja en ser beatificada. pero no la única En efecto, según fuentes de la Congregación para la Causa de los Santos, existe otra pareja de esposos que podrían ser elevados a los altares: Louis y Zelie Martin, los padres de Santa Teresa de Lisieux.

En sus memorias, Santa Teresita del Niño Jesús relata la vida ejemplar de sus padres, que influyera tanto en su vocación y en la de sus hermanas. En el caso de ambos, la Congregación ya ha reconocido la "heroicidad de virtudes", y se aguarda a aprobación formal de un milagro obtenido por su intercesión para proclamar la beatificación.

(fuente: aciprensa.com)

otros santos 26 de agosto:

- Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars
- Beata María de los Ángeles Ginard Martí

martes, 31 de mayo de 2016

31 de mayo: Beato Nicolás Barré

Nicolás Barré nace en Amiens (Francia), el 21 de octubre de 1621 y muere en París el 31 de mayo de 1686, rodeado de su comunidad, en el convento de los Mínimos de la Plaza Real. Fue maestro de teología y célebre director de almas. Fundó por toda Francia las Escuelas Cristianas y de Caridad, así como las Hermanas del Niño Jesús.

Las religiosas del Niño Jesús siguen hoy esta misión de evangelizar a través de la educación de los niños en nuestra ciudad de Burgos.


BIOGRAFÍA

Nicolás Barré nace en Amiens (Francia), el 21 de octubre de 1621 y muere en París el 31 de mayo de 1686, rodeado de su comunidad, en el convento de los Mínimos de la Plaza Real.

Aunque la situación económica desahogada de la familia Barré, libre a Nicolás de muchos males, no por ello crece ignorante y despreocupado de la situación precaria que contempla a su alrededor. Percibe el horrible rumor y consecuencias de la guerra, sus estragos, sus incertidumbres, miedos y zozobras. Toda esta inseguridad, miseria y dolor quedarán impresos en su ser y tendrán su influencia en el desarrollo de toda su vida y espiritualidad.

Desde los diez años hasta los diecinueve, cursa sus estudios con resultados brillantes en el colegio de San Nicolás, dirigido por los Jesuitas. Antes de terminar sus estudios confió a sus padres el deseo que anidaba en su corazón de entregarse totalmente al Señor en la Vida Religiosa. Sus padres renuncian a todas las ilusiones que se habían forjado sobre su primogénito y único varón, al que veían dotado de excelentes cualidades intelectuales y con un carácter agradable y atractivo. Si Dios le llama por este camino, ellos aceptan cristianamente la determinación de su hijo y, cuando llegue el momento, le ayudarán y ofrecerán su apoyo para que lo pueda realizar.

Por aquella época, Amiens alberga veinte conventos de religiosos. De todos ellos Nicolás escoge el de los Mínimos, precisamente el más pobre y desconocido de todos. Nicolás quiere pertenecer totalmente a Dios, y le parece que puede realizarlo mejor por el camino marcado por Francisco de Paula: la plegaria, la ascesis y la caridad. Nicolás ha sabido discernir acertadamente la voluntad de Dios en su persona y sufre al ver a tantos niños y jóvenes morir o malvivir acosados por el hambre y la ignorancia tanto a nivel humano como religioso.

En 1659, cuando Nicolás cuenta ya 38 años, es enviado a Rouen. Allí vuelve a constatar la miseria e ignorancia que reina, el abandono de niños y jóvenes que pululan por las calles. Reza y medita sobre esta situación en la que los ve sumergidos, sin posibilidad de salir por ellos mismos y se pregunta una y mil veces ¿qué es lo que puedo hacer? ¿qué es lo que debo hacer? Le supone una presión tremenda verles explotados en trabajos impropios de su edad porque tienen que ayudar a la familia. Hacinados por la falta de espacio, con los graves perjuicios morales que esto supone; supersticiosos y alejados de la grandeza de la fe que recibieron en el bautismo.

Nicolás, cada día que pasa, reflexiona más sobre este asunto, va entrando en contacto con otras personas que se hacen éstas o parecidas preguntas. Bajo su iniciativa, un grupo de chicas jóvenes de Rouen y sus alrededores, se consagraron totalmente a la formación humana y cristiana de las niñas, jóvenes y mujeres que la pobreza y la miseria habían dejado sin recursos. Serían las primeras Hermanas. Dedicadas a esta labor se multiplicaron prodigiosamente y de todos los rincones de Francia solicitaban su presencia. Ellas por su parte vivían en total abandono a la Divina Providencia, atareadas en la labor educativa y en la formación humana y religiosa.


PENSAMIENTOS DEL BEATO NICOLÁS BARRÉ

El corazón orgulloso y suficiente obliga a Dios a subir más alto y a alejarse. “Cuando el hombre busca engrandecerse, Dios tiende a alejarse aún más”. Por el contrario, un corazón humilde, cuanto más se rebaja, más se acerca Dios a él: “Resiste a los orgullosos, da su gracia a los humildes”.

En la oración, y para la oración, es muy bueno llenarse de espíritu, o de las virtudes de Jesús, o de las grandezas de Dios, sus atributos, etc.

No basta hablar de las cosas de Dios. Hay que hacerlo en el Espíritu de Dios, y por el Espíritu de Dios. De otra forma, el espíritu de vanidad se insinúa y corrompe todo. Para evitar este mal, antes y después de actuar, hay que permanecer recogido y dependiente del Espíritu de Dios.

El respeto al prójimo debe estar lleno de amor, y este amor es santamente crucificante.

Tendríamos que morirnos de vergüenza cuando simulamos amar a Jesús, siendo así que en realidad no le amamos en absoluto; ya que en verdad no amamos a sus miembros, y no tenemos afecto al prójimo, del que el más pequeño de entre ellos es su imagen.

Si amo verdaderamente a mi prójimo, el dolor de verle perecer debe apagar el gozo que experimento al verme sobre el camino de la salvación eterna.

El alma muerta en sí misma actúa para su prójimo con mucha más fuerza que para sí misma.

Esta disposición de adorar a Dios profundamente pone al alma en la práctica de la presencia de Dios, en una gran sabiduría y modestia en todas sus acciones, y en una paciencia actual en las contrariedades y adversidades, por respeto hacia la majestad soberana, delante de la cual uno se humilla perpetuamente en espíritu.

(fuentes: niñojesusburgos.es; minimas.org)


otros santos 31 de mayo:

- Beato Mariano de Roccacasale
- Santa Camila Bautista de Varano
- San Noe Mawaggali

domingo, 29 de mayo de 2016

29 de mayo: Beato José Gérard

Apóstol de Lesotho (África del Sur)
1831-1914

Carlos Juan José Gérard nació en Bouxières-aux-Chênes, diócesis de Nancy, región de Lorena (Francia) el 12 de marzo de 1831. En 1844 entra en el seminario menor de Pont-à-Mousson y en 1849 pasa al seminario mayor de Nancy. Atraído por el ideal misionero, llama a las puertas de la Congregación de los Oblatos e inicia el noviciado en Notre-Dame de l'Osier el 9 de mayo de 1851. Al año siguiente hace su primera oblación (profesión religiosa) y concluye sus estudios eclesiásticos en el seminario mayor de Marsella.


África como meta

En 1853 el Cardenal Prtefecto de Propaganda Fide (la actual Congregación para la Evangelización de los Pueblos) lanza una lamada apremiante a la joven Congregación misionera. Quiere confiar a los Oblatos la evangelización del África Austral y les confía el Vicariato Apostólico de Natal. El Fundador recluta rápidamente un equipo de misioneros. A falta de un número sufinciente de sacerdotes, ordena diácono a Gérard el 3 de abril de 1853 y lo enrola en ese grupo. Un mes más tarde, el 10 de mayo, parte con el equipo pionero para África del Sur. Salen desde Marsella en barco de vela. La nave andará a la deriva, de Brasil a Isla Mauricio. Finalmente, tras 8 meses de azarosa travesía, arriban a las costas del Cotinente africano. Llegan a Durban, el 21 de enero de 1954. El 13 de febrero el joven diácono recibirá la ordenación sacerdotal de manos de Mons. Allard, O.M.I., superior de la misión y Vicario Apostólico, en Pietermaritzburg. Los misioneros se desviven en vano por interesar a los zulúes en la doctrina cristiana.


Apostolado fecundo en Lesotho

Tras diez años de labor sacrificada e infructuosa, en 1862 se dirigen a Basutolandia (actual Lesotho). El P. Gérard, con el arte de "hacerse uno", se grangea la confianza del rey Moshoeshoe I, padre de la Patria, y conquista el corazón de los basutos. ¿Su screto? "El mundo será de quién más lo ame y se lo demuestre". Su oración incesante ("el Padre se limenta de oraciones", comentaba su gente) y su caridad incansable harán el resto. A lomos de su "Artabán", sube y baja por los montes Maluti en busca de las familias en las aldeas, de los pastores por los campos... Su apostalado será de persona a persona. Así se fue roturando para el Evangelio ese País árido, es verdad, pero hermoso y atractivo, y los frutos no se hicieron esperar. Hoy Lesotho tiene una población mayoritariamente cristiana, abundan las vocacacones nativas y, gracias sobre todo a las primeras escuelas y a la universidad fundada por los misoneros, el analfabetismo es practicamente nulo.


Fama de santidad

El 29 de mayo de 1914 expira en la Roma de su amadísimo Lesotho este gran Apóstol. Allí se concluían sus 60 años de misión, sin volver jamás a su querida y siempre añorada Lorena. Su fama de santidad corre de boca en boca y los basutos acuden continuamente a su tumba para llevarse un poco de tierra para asegurar su intercesión. El 15 de septiembre de 1988 Juan Pablo II lo proclamó Beato.

(fuente: jovenesoblatos.com.ar)

otros santos 29 de mayo:

- Santa Úrsula Ledóchowska
- Santos Félix y Voto
- Santos Sisinio, Martorio y Alejandro - 

lunes, 23 de mayo de 2016

23 de mayo: Beatos José Kurzawa y Vicente Matuszewski

Presbíteros y Mártires

Martirologio Romano: En la ciudad de Witowo, en Polonia, beatos José Kurzawa y Vicente Matuszewski, presbíteros y mártires, asesinados por los perseguidores de la Iglesia cuando, en tiempo de guerra, su patria estuvo sometida por la fuerza a un poder extranjero. († 1940)

Fecha de beatificación: 13 de junio de 1999 por el Papa Beato Juan Pablo II como parte de un grupo de 108 mártires polacos.

En la madrugada del 23 de mayo de 1940 la policía nazi sacó de la casa rectoral en que dormían al párroco y al coadjutor de la parroquia de Osiecyni, Polonia, y los obligó a montar en un coche, que de inmediato tomó la carretera en dirección a Witowo. Cuando había recorrido unos cinco kilómetros, el coche paró, los sacerdotes fueron obligados a descender de él y fueron asesinados con tiros de pistola. Sus cuerpos quedaron en una fosa al borde de la carretera.

Este trágico final lo habían visto venir no pocas personas como consecuencia de la actitud valerosa que ambos sacerdotes venían mostrando desde la entrada de las tropas nazis en la población tras desencadenarse la II Guerra Mundial. Ellos no habían querido dejar el pueblo porque decían que su sitio estaba junto a los fieles, y seguían ejerciendo su ministerio con toda la normalidad que les era posible. Más aún, llegado el día del Corpus Christi decidieron sacar la tradicional procesión a la calle, acto al que los fieles acudieron, y que disgustó sobremanera a las autoridades de ocupación. El antiguo alcalde del pueblo acudió al párroco para decirle que era perentorio que ambos se marcharan. El párroco dijo que él de ningún modo se iba pero que el coadjutor era libre de hacerlo, a lo que éste igualmente se negó diciendo que no pensaba abandonar a su párroco. Su valentía y firmeza les costó la vida.

El párroco se llamaba Vicente Matuszewski y había nacido en Chruscienska Wola el 3 de marzo de 1869, ordenándose de sacerdote el 17 de febrero de 1895. Estuvo destinado en diferentes parroquias hasta que en 1918 se le nombró en la de Osiecyni, donde trabajó con gran entrega y mucho fruto. El obispo quiso premiar ese trabajo nombrándole canónigo de la colegiata de Kalisz sin por eso tener que dejar su parroquia.

El coadjutor se llamaba José Kurzawa y había nacido en Swierczyn el 6 de enero de 1910, ordenándose sacerdote el 14 de junio de 1936. Fue destinado a la parroquia de Osiecyni como primer encargo, siendo además de vicario parroquial el prefecto de las escuelas locales. Era muy apreciado por su mansedumbre y bondad.

AÑO CRISTIANO Edición 2004
Autores: Lamberto de Echeverría (†), Bernardino Llorca (†) y José Luis Repetto Betes
Editorial: Biblioteca de Autores Católicos (BAC)
Tomo V Mayo ISBN 84-7914-709-1
(fuente: catholic.net)

otros santos 23 de mayo:

- Beato Juan de Prado
- San Juan Bautista de Rossi
- San Guiberto de Gembloux

viernes, 20 de mayo de 2016

20 de mayo: Beato Luis Talamoni

Luis Talamoni nació en Monza el 2 de octubre de 1848, segundo de seis hijos de un modesto sombrerero. Frecuentó el oratorio del Carrobiolo, guiado por el barnabita Luis M. Villoresi, y fue uno de los primeros alumnos del instituto para los clérigos pobres fundado por el mismo padre.

Ordenado sacerdote el 4 de marzo de 1871 y licenciado en ciencias históricas y filosóficas, don Luis enseñó en el Colegio San Carlos de Milano, del 1875 hasta su muerte, en el Seminario de bachillerato de Monza.

Sus alumnos, entre los cuales el papa Pío XI, le veían como a un gran maestro, ejemplo de activa vida sacerdotal.

Su frecuente predicación fue siempre fructuosa, porque en su corazón tuvo mucho amor por Dios y por los hombres.

En la catedral de Monza confesó por mucho tiempo, cada día, por 50 años; fue un verdadero mártir del confesionario.

Siempre acogió con admirable paciencia a personas afligidas que pedían consejo, consuelo; sus bendiciones obtuvieron gracias del Señor.

Quiso mucho a los enfermos, especialmente a los más necesitados espiritualmente. Su caridad fue inmensa: era el hombre de todos.

La pública opinión siempre lo consideró como el mejor de los ciudadanos monzesi.

De 1893 a 1916 y aún en el 1923 don Talamoni participó en el Consejo municipal de Monza porque la población lo estimó y lo quiso; también los adversarios reconocieron su superioridad moral. A él estaba confiado el bien de los conciudadanos: fue realmente «Padre del pueblo».

Mons. Luis Talamoni vivió en tiempos muy difíciles por la situación de la nación y por las luchas de pensamiento: fue clara y fuerte su fe, su comunión con el Papa y con el Arzobispo.

Fue incansable en procurar los intereses de las almas y los cuerpos de sus hermanos, fruto de la caridad de este beato sacerdote es la Congregación Delle Suore Misericordine que continúan su obra de misericordia en la asistencia a los enfermos y privilegiar al hombre en situaciones de necesidad y malestar.

La vivísima, fama de santidad de Mons. Luis Talamoni, muerto el 31 de enero de 1926, ha llevado en el 1952 al inicio del proceso de canonización.

El día 11 de julio de 1992 el Santo Padre Giovanni Paolo II proclama oficialmente la Venerabilidad y el 12 de abril 2003 promulga el decreto de reconocimiento del milagro para la Beatificación.

(fuente: www.vatican.va)

otros santos 20 de mayo:

- San Alcuino de York
- San Arcángel Tadini
- San Bernardino de Siena

martes, 17 de mayo de 2016

17 de mayo: Beata Antonia Mesina

Mártir de la pureza

Antonia Mesina nació en Cerdeña, el 21 de junio de 1919, la segunda de una familia de diez hijos. Era prima del famoso bandolero sardo de los años 60, Graziano Mesina.

Era muy devota de María Goretti. Dala la debil salud de su madre enferma, ella tenía que multiplicarse para atender a todos sus hermanos.

Poco vivió Antonia, pues el 17 de mayo de 1935, faltando poco para cumplir los 16 años, después de haber ido a Misa, como todos los días, fue a recoger leña al campo. Un hombre la agredió para violarla. Se resistió, y el agresor se ensañó con ella. Con una piedra enorme despedazó ferozmente el cuerpo de la joven virgen. Fue un crimen atroz, que causó un gran impacto en toda la isla.

El asesino fue fusilado. El proceso de beatificación fue una de las escasas decisiones que pudo autorizar en su breve pontificado el Papa Juan Pablo I.

Fue beatificada el 4 de octubre de 1987 por S.S. Juan Pablo II, junto a Marcel Callo y Pierina Morosini, jóvenes y mártires del siglo XX.

Destacaba Juan Pablo II en la homilía de beatificación que los tres nuevos Beatos se habían santificado "sin ir al convento", a través del trabajo en casa y en la fábrica, en su ambiente normal, en la familia, en las asociaciones eclesiales. Son laicos, son jóvenes, son mártires, decía el Papa. Hijos de nuestro siglo, difícil, pero apasionado.

Han sabido cumplir su deber como cristianos, tanto en la vida como en !a muerte. Nos muestran que la santidad no es un monopolio de obispos y sacerdotes, de fundadores y fundadoras, de religiosos y religiosas, ni de reyes o nobles del pasado. Su vida nos recuerda que más allá de la vocación específica de cada uno, hay una vocación común a todos, la vocación a la santidad. Es la vocación que tiene la primacía sobre todas.

En la ceremonia estaban presentes la madre y los hermanos de Pierina, como sucedió cuando María Goretti. También había muchos parientes de Antonia. Un caso curioso ha sido el de su primo Graziano Mesina. Condenado a cadena perpetua, ha declarado que estaba orgulloso de su pariente, y que le hubiera gustado asistir a la ceremonia de beatificación.

(fuente: catholic.net)

otros santos 17 de mayo:

- Santa Julia Salzano
- San Pascual Bailón
- Santa Restituta

viernes, 13 de mayo de 2016

13 de mayo: Beata Magdalena Albrici

Pertenecía a la nobleza de Italia. Nació en Como, ciudad de Lombardía al norte de Milán, hacia 1415. Después de la muerte de sus padres, Magdalena decidió retirarse al convento de Santa Margarita de la misma ciudad, donde se recibía a las hijas de los nobles. Por inspiración de Dios, sin embargo, se dirigió sin vacilar a una casa religiosa que, fuera de los muros de la ciudad, había sido construida bajo la Regla de San Agustín, en un lugar llamado Brunate. El convento estaba casi vacío, pero el número de religiosas aumentó considerablemente después del ingreso de Magdalena, quien fue elegida superiora y afilió el convento a la Orden de las Ermitañas de San Agustín. Magdalena fundó otro convento en la ciudad de Como, pero ella permaneció en Brunate.

En 1455, la Congregación Agustiniana de Lombardía aceptó bajo su jurisdicción a la comunidad, decisión que fue definitivamente aprobada por el Papa Pío II el 16 de julio de 1459. Fue una admirable propagadora de la vida agustiniana. Orientó a muchas consagradas que vivían aisladas en sus casas hacia la vida común bajo la Regla de San Agustín.Así se acrecentó la Familia Agustiniana con un considerable número de monasterios.También se le atribuye la fundación de una fraternidad de agustinos seculares en Como. Sobresalió en el espíritu de penitencia y de contemplación, y en la caridad con todos. Exhortaba a sus religiosas a la comunión frecuente y a anteponer el servir al presidir. Según parece, murió el 13 de mayo de 1465 a edad muy avanzada, después de una larga y dolorosa enfermedad.

San Pío X confirmó su culto el 10 de diciembre de 1907. Sus restos se veneran con devoción en la catedral de Como.

Las fuentes de información para las notas biográficas sobre los santos y beatos agustinianos son el libro La seducción de Dios (Pubblicazioni Agostiniane, Roma 2001), cuyo autor es el P. Fernando Rojo Martínez, OSA, y Santos y beatos de la familia agustiniana. Subsidio litúrgico para el Misal agustiniano, publicado por la Federación Agustiniana Española (FAE, Madrid 2008).

(fuente: augustinians.net)

otros santos 13 de mayo:

- Santa María Dominga Mazzarello
- San Servacio de Tongres
- San Andrés Huberto Fournet

jueves, 12 de mayo de 2016

12 de mayo: Beato Álvaro del Portillo

Hijo de Clementina Diez de Sollano (mexicana) y de Ramón del Portillo y Pardo (español), Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914. Era el tercero de ocho hermanos.

Después de cursar el bachillerato en el Colegio El Pilar (Madrid), ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, en la que terminó sus estudios en 1941. Posteriormente trabajó en diversas entidades oficiales con competencia en materia hidrográfica. A la vez, estudió Filosofía y Letras (Sección de Historia) y se doctoró en 1944 con la tesis Descubrimientos y exploraciones en las costas de California.

En 1935 se incorporó al Opus Dei, institución de la Iglesia Católica que había sido fundada siete años antes por san Josemaría Escrivá de Balaguer. Recibió directamente del fundador la formación y el espíritu propios de aquel nuevo camino en la Iglesia. Desarrolló una amplia labor de evangelización entre sus compañeros de estudio y trabajo, y desde 1939 realizó numerosos viajes apostólicos por diferentes ciudades de España.

El 25 de junio de 1944 fue ordenado sacerdote por el obispo de Madrid, Mons. Leopoldo Eijo y Garay, junto con José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz: son los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, después del fundador.

En 1946 se trasladó a Roma, pocos meses antes de que fijara allí su residencia san Josemaría, con el que convivió también en los años siguientes. Se trata de un periodo crucial para el Opus Dei, que recibe entonces las primeras aprobaciones jurídicas de la Santa Sede. Para Mons. del Portillo empieza también una época decisiva en la que, entre otras cosas, realizará —con su actividad intelectual junto a san Josemaría y con su trabajo en la Santa Sede— una honda reflexión sobre el papel y la responsabilidad de los fieles laicos en la misión de la Iglesia, a través del trabajo profesional y las relaciones sociales y familiares. “En un hospital —escribirá años más tarde, para ejemplificar esta realidad— la Iglesia no está solo presente por el capellán: también actúa a través de los fieles que, como médicos o enfermeros, procuran prestar un buen servicio profesional y una delicada atención humana a los pacientes; en un barrio, el templo será siempre un punto de referencia indispensable: pero el único modo de llegar a los que no lo frecuentan será a través de otras familias”.

Entre 1947 y 1950 empujó la expansión apostólica del Opus Dei en Roma, Milán, Nápoles, Palermo y otras ciudades italianas. Promovió actividades de formación cristiana y atendió sacerdotalmente a numerosas personas. De la huella que su labor ha dejado en Italia hablan hoy las numerosas calles y plazas que se le han dedicado en distintos núcleos urbanos del país.

El 29 de junio de 1948, el fundador del Opus Dei erigió en Roma el Collegio Romano della Santa Croce, centro internacional de formación del que Álvaro del Portillo fue primer rector y en el que enseñó teología moral (1948-1953). En ese mismo año (1948) obtuvo el doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Santo Tomás.

Durante sus años en Roma, los diversos Papas que se suceden (desde Pío XII hasta Juan Pablo II) le llamaron a desempeñar numerosos encargos, como miembro o consultor de 13 organismos de la Santa Sede. Participó activamente en el Concilio Vaticano II. Juan XXIII le nombró consultor de la Sagrada Congregación del Concilio (1959-66). En las etapas previas al Vaticano II, fue presidente de la Comisión para el Laicado. Ya en el curso del Concilio (1962-65) fue secretario de la Comisión sobre la Disciplina del Clero y del Pueblo Cristiano. Terminado el Concilio, Pablo VI le nombró consultor de la Comisión postconciliar sobre los Obispos y el Régimen de las Diócesis (1966). Fue también, durante muchos años, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La vida de Álvaro del Portillo está estrechamente unida a la del fundador. Permaneció siempre a su lado hasta el mismo momento de su muerte, el 26 de junio de 1975, colaborando con san Josemaría en las tareas de evangelización y de gobierno pastoral. Con él viajó a numerosos países para disponer y orientar los diversos apostolados del Opus Dei. “Al advertir su presencia amable y discreta al lado de la dinámica figura de Mons. Escrivá, me venía al pensamiento la modestia de san José”, escribirá a su muerte un agustino irlandés, el Padre John O'Connor.

El 15 de septiembre de 1975, en el congreso general convocado tras el fallecimiento del fundador, don Álvaro del Portillo fue elegido para sucederle al frente del Opus Dei. El 28 de noviembre de 1982, cuando el beato Juan Pablo II erigió el Opus Dei en prelatura personal, le designó Prelado de la nueva prelatura. Ocho años después, el 7 de diciembre de 1990, le nombró obispo y, el 6 de enero de 1991, le confirió la ordenación episcopal en la basílica de San Pedro.

A lo largo de los años en que estuvo al frente del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo promovió el comienzo de la actividad de la prelatura en 20 nuevos países. En sus viajes pastorales, que le llevaron a los cinco continentes, habló a miles de personas de amor a la Iglesia y al Papa, y predicó con persuasiva simpatía el mensaje cristiano de san Josemaría acerca de la santidad en la vida ordinaria.

Como Prelado del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo estimuló la puesta en marcha de numerosas iniciativas sociales y educativas. El Centre Hospitalier Monkole (Kinshasa, Congo), el Center for Industrial Technology and Enterprise (CITE, en Cebú, Filipinas) y la Niger Foundation (Enugu, Nigeria) son ejemplos de instituciones de desarrollo social llevadas a cabo por fieles del Opus Dei, junto a otras personas, bajo el impulso directo de monseñor del Portillo.

Asimismo, la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (desde 1985) y el seminario internacional Sedes Sapientiae (desde 1990), ambos en Roma, así como el Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa (Pamplona, España), han formado para las diócesis a miles de candidatos al sacerdocio enviados por obispos de todo el mundo. Son una muestra de la preocupación de monseñor del Portillo por el papel del sacerdote en el mundo actual, tema al que dedicó buena parte de sus energías, como se puso de manifiesto en los años del Concilio Vaticano II. “El sacerdocio no es una carrera —escribió en 1986— sino una entrega generosa, plena, sin cálculos ni limitaciones, para ser sembradores de paz y de alegría en el mundo, y para abrir las puertas del Cielo a quienes se beneficien de ese servicio y ministerio”.

Monseñor Álvaro del Portillo falleció en Roma en la madrugada del 23 de marzo de 1994, pocas horas después de regresar de una peregrinación a Tierra Santa. La víspera, el 22 de marzo, había celebrado su última misa en la iglesia del Cenáculo de Jerusalén.

Álvaro del Portillo es autor de publicaciones sobre materias teológicas, canónicas y pastorales: Fieles y laicos en la Iglesia (1969), Escritos sobre el sacerdocio (1970) y numerosos textos dispersos, gran parte de ellos recogidos póstumamente en el volumen Rendere amabile la Verità. Raccolta di scritti di Mons. Álvaro del Portillo, publicado en 1995 por la Libreria Editrice Vaticana. En 1992 se publicó el volumen Intervista sul Fondatore dell'Opus Dei, fruto de sus conversaciones con el periodista italiano Cesare Cavalleri, sobre la figura de san Josemaría Escrivá, que ha sido traducido a varias lenguas.

Tras su muerte en 1994, miles de personas han testimoniado por escrito su recuerdo de monseñor Álvaro del Portillo: su bondad, el calor de su sonrisa, su humildad, su audacia sobrenatural, la paz interior que su palabra les comunicaba.

Fue beatificado en Madrid el 27 de septiembre de 2014. Su fiesta se celebra el 12 de mayo.

(fuente: www.es.josemariaescriva.info)

otros santos 12 de mayo:

- Santos Aquileo y Nereo
- San Modoaldo de Tréveris
- Santo Domingo de la Calzada

lunes, 9 de mayo de 2016

09 de mayo: Beato Esteban Grelewski

presbítero y mártir
n.: 1899 - †: 1941 - país: Alemania
canonización: B: Juan Pablo II 13 jun 1999

En el campo de concentración de Dachau, cercano a la citada ciudad de Munich, en Alemania, beato Esteban Grelewski, presbítero y mártir, el cual, al ser invadida Polonia militarmente en tiempo de guerra, fue hecho prisionero por los perseguidores de la Iglesia y, extenuado por los crueles tormentos padecidos, recibió finalmente la corona de la gloria.

Nació en Dwikozy, Polonia, el 3 de julio de 1899 en el seno de una familia campesina que lo educó cristianamente. En 1916 ingresó en el seminario diocesano de Sandomierz, y fue tres años más tarde enviado a la Universidad de Lublín para estudiar Derecho Canónico. Se ordena sacerdote el 12 de octubre de 1921, y va a Estrasburgo a terminar sus estudios y doctorarse.

Estuvo dedicado a tres grandes apostolados: las clases de religión en las Escuelas Profesionales de Radom, el periodismo católico y la acción social. En 1930 funda la revista mensual «La Verdad Católica» de la que fue redactor hasta 1935, y por ese tiempo publica diversas obras de contenido religioso y social. Llegada la guerra, sigue dando clandestinamente clases de religión durante un año, hasta que el 27 de octubre de 1940 es arrestado, pero al poco tiempo fue dejado libre. Entonces se dedica a trabajar por los prisioneros de guerra; pero en enero de 1941 es nuevamente arrestado. Pasó por los campos de concentración de Skarzysko-Kamienna, Auschwitz y Dachau, a donde llega el 4 de mayo de 1941. Estaba en pésimas condiciones de salud y fue por ello enviado al barracón de los enfermos, en el que moría el día 9 del mismo mes. Llevó su prisión y sufrimientos con gran paciencia y entrega. Fue beatificado el 13 de junio de 1999.

«Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003 
(fuente: www.eltestigofiel.org)

otros santos 09 de mayo:

- Santa Catalina de Bolonia
-  Beata Teresa de Jesús
- San Pacomio 

viernes, 6 de mayo de 2016

06 de mayo: Beata Ana Rosa Gattorno

(1831-1900)

"Amor mio, cómo puedo hacer para que todo el mundo te ame?… Sírvete una vez más de este tu miserable instrumento para reavivar la fe y la conversión de los pecadores".

Este impulso generoso brotado a los pies de su "Sumo Bien", que la atraía siempre más irresistiblemente a sí, constituyó el anhelo profundo del corazón de Ana Rosa Gattorno, hasta impulsarla a ofrecer totalmente su vida en una continua inmolación por la gloria y complacencia del Padre.

Nació en Génova el 14 de octubre de 1831, de una familia de condición económica acomodada, de buena posición social y de profunda formación cristiana. Fue bautizada el mismo día, en la Parroquia de San Donato, con el nombre de Rosa María Benedetta.

En el padre Francisco y en la madre Adelaida Campanella, ella como sus otros cinco hermanos, encontró los primeros formadores esenciales de su vida moral y cristiana. A los doce años recibió la confirmación en Santa María de las Viñas, de manos del Arzobispo Cardenal Plácido Tadini.

Durante su juventud, le fue impartida la instrucción en casa, como era usanza en las familias acomodadas del tiempo. De carácter sereno, amable, abierto a la piedad y a la caridad, sin embargo firme, supo reaccionar ante la conflictualidad del clima político y anticlerical de la época, que afectó también a algunos componentes de la familia Gattorno.

A los 21 años (5 de noviembre, 1852) , contrajo matrimonio con su primo Jerónimo Custo y se trasladó a Marsella. Una imprevista crisis financiera turbó muy pronto la felicidad de la nueva familia, obligada a volver a Génova marcada por la pobreza. Desgracias aún mas graves la amenazaban, su primera hija Carlota afectada de una improvisa enfermedad quedó sordomuda para siempre; el tentativo de Jerónimo para hacer fortuna en el extranjero se concluyó con el regreso, agravado por una funesta enfermedad; el gozo de los otros dos hijos fue profundamente turbado por el fallecimiento del marido, que la dejó viuda a menos de seis años de casada (9 de marzo, 1858) y después de algunos meses la pérdida de su último hijito.

El apremiar de tantos acontecimientos tristes, marcó en su vida un cambio radical que ella llamará "su conversión" a la oferta total de sí al Señor, a su amor y al amor del prójimo.

Purificada por las pruebas, pero fuerte en el espíritu, comprendió el verdadero sentido del dolor, enraizándose en la certeza de su nueva vocación.

Bajo la guía del confesor don José Firpo emitió en forma privada los votos perpetuos de castidad y obediencia en la fiesta de la Inmaculada del 1858; enseguida también el de pobreza (1861), en el espírirtu del pobrecito de Asis, como terciaria franciscana. Desde el 1855 había obtenido el beneficio de la comunión diaria, no común en aquel tiempo. A tal manantial de gracia quedó constantemente anclada y sostenida por una siempre mayor intimidad con el Señor, en la cual encontró apoyo, ardor misionero, fuerza e impulso para el servicio a los hermanos.

En 1862 recibió el don de los estigmas ocultos, percibidos más intensamente los días viernes.

Ya esposa fiel y madre ejemplar, sin sustraer nada a sus hijos, siempre tiernamente amados y acompañados, con una mayor disponibilidad aprendió a compartir los sufrimientos de los otros, prodigándose en apostólica caridad: "me dediqué con mayor fervor a las obras piadosas y a frecuentar los hospitales y a los pobres enfermos a domicilio, socorriéndoles con cuanto podía y sirviéndoles en todo".

Las asociaciones católicas en Génova la solicitaban y así, aún amando el silencio y el anonimato, todos notaron el carácter genuinamente evangélico de su tenor de vida. Progresando en este camino le fue confiada la presidencia de la "Pía Unión de las nuevas Ursulinas, Hijas de Santa María Inmaculada", fundada por Frassinetti y por expreso deseo del Arzobispo Monseñor Charvaz, también la revisión de las reglas destinadas a la Pía Unión.

Justamente en aquella circunstancia (febrero 1864), en un clima de más intensa oración, delante del Crucifijo, recibió la inspiración de una nueva regla para una suya específica Fundación.

Temiendo ser obligada a abandonar los hijos, reza, hace penitencia, pide consejo. Fray Francisco de Camporosso, santo capuchino lego, aún mostrándose temeroso por las graves tribulaciones que se perfilaban, la sostiene dándole valor; de igual manera lo hacen el confesor y el Arzobispo de Génova.

Advirtiéndo siempre más insistentes sus deberes de madre, quiso la confirmación competente de la misma palabra de Pío IX, con la secreta esperanza de ser aliviada. El Pontífice en la audiencia del 3 de enero de 1866, la exhorta en cambio a iniciar de inmediato la fundación, agregando: "Este Instituto se extenderá rápidamente en todas las partes del mundo; Dios pensará en tus hijos, tú piensa a Dios en su obra". Aceptó, entonces, cumplir la voluntad del Señor y como después escribió en sus memorias: "con generosidad hice a Dios la oferta y le repetía las palabras de Abraham: "Héme aquí para cumplir tu voluntad "… me ofrecí víctima por su obra y recibí consolaciones muy grandes…". Superadas las resistencias de los parientes y abandonadas las obras de Génova, no sin disgusto de su Obispo, da inicio en Placencia a la nueva Familia Religiosa que denominó definitivamente "Hijas de Santa Ana, Madre de María Inmaculada" (8 diciembre 1866). Vistió el hábito religioso el 26 de julio de 1867 y el 8 de abril de 1870 emitió la profesión religiosa junto a doce hermanas.

En el desarrollo del Instituto recibió la colaboración del P. Juan Baustista Tornatore, sacerdote de la Misión, a quien pidió expresamente que escribiera las Reglas y que luego fue considerado Cofundador del Instituto. Confiada totalmente a la Providencia divina y animada desde el principio de un valeroso impulso de caridad, Rosa Gattorno dió inicio a la construcción de la "Obra de Dios", como la había llamado el Papa y como la llamará siempre también ella, elegida para cooperar, en espíritu de donación materna, atenta y solícita hacia las diversas formas de sufrimiento y de miseria moral o material, con la única intención de servir a Jesús en sus miembros adoloridos y heridos y de "evangelizar ante todo con la vida".

Da inicio a varias obras de servicio para los pobres y enfermos de cualquier enfermedad, para las personas solas, ancianas, abandonadas; los pequeños e indefensos; las adolescentes y las jóvenes "en peligro" a quienes proveía una instrucción adecuada y la sucesiva inserción en el mundo del trabajo.

A estas formas, se agregan muy pronto la apertura de escuelas populares para la instrucción de los hijos de los pobres y otras obras de promoción humano-evangélica, según las necesidades más urgentes de la época, con una efectiva presencia en la realidad eclesial y civil. Llamaba a sus hijas "Siervas de los pobres y ministras de la misericordia" y las exhortaba a acoger como signo de predilección del Señor el servicio a los hermanos, cumpliéndolo con amor y humildad: "Sean humildes… piensen que son las últimas y las más miserables de todas las creaturas que prestan su servicio a la Iglesia, de la cual tienen la gracia de formar parte".

A menos de diez años de fundación el Instituto obtuvo el Decreto de Aprobación(1876), y la aprobación definitiva en 1879, mientras que para la aprobación de las reglas se tuvo que esperar hasta el 26 de julio de 1892.

Muy apreciada y estimada por todos, colaboró en Placencia con el Obispo Monseñor Scalabrini, ahora beato, en modo particular en la obra a favor de las sordomudas por él fundada.

A pesar de todo, no fueron ahorradas a Madre Rosa Gattorno pruebas, humillaciones, dificultades y tribulaciones de todo género. No obstante esto, el Instituto se difundió rápidamente en Italia y en el extranjero, realizando así el ardiente deseo misionero de la fundadora: "Amor mío! Cómo me siento arder de deseo de hacerte conocer y amar por todos; quisiera atraer a todo el mundo, dar a todos, socorrer a todos… quisiera correr por doquier y gritar fuerte para que todos vengan a amarte". Ser "portavoz de Jesús" y hacer llegar a todos los hombres el Amor que salva, fue siempre el anhelo profundo de su corazón. En 1878 enviaba ya a las primeras Hijas de Santa Ana en Bolivia, después Brasil, Chile, Perú, Eritrea, Francia, España.

En Roma, donde había iniciado su obra desde el 1873, organizó escuelas masculinas y femeninas para los pobres, jardínes infantiles, asistencia a los hijos recién nacidos de los obreros de la Manufactura de tabaco, casas para ex prostitutas, mujeres de servicio doméstico, enfermeras a domicilio, surgió también la Casa Generalicia, con la Iglesia anexa.

A su muerte dejó 368 casas, en las cuales desempeñaban su misión 3.500 hermanas.

El secreto de su camino de santidad, del dinamismo de su caridad y de la fuerza de ánimo con la cual supo afrontar con fe robusta todos los obstáculos y guiar por 34 años, con dedicción plena, valor y clarividencia el Instituto, fue su continua unión con Dios y un total y confiado abandono en El: "No obstante en medio de tanto tumulto de un abismo de trabajo, nunca he quedado privada de la unión con mi Bien"; la atención y docilidad a los impulsos del Espíritu, la íntima y amorosa participación a la pasión de Cristo; la incesante súplica por la conversión de los pecadores y la santificación de todos los hombres.

Nutrió hacia la Iglesia un vivo sentido de pertenencia y fue siempre humilde, devota y obediente a las directivas del Papa y de la Jerarquía.

En su predilección por Santa Ana, vivió un amor especial hacia María en quien se confió enteramente para ser toda de Dios y toda de los hermanos.

Puro y simple instrumento en las manos del " delicado Artífice", conformada a Cristo pobre y víctima de amor con El, realizó en su vida el anhelo inculcado a sus hijas : "Vivir por Dios y morir por El, gastar la vida por amor".

Así vivió hasta febrero de 1900, cuando afectada por una inesperada enfermedad, se agravó rápidamente. Sometida a duras pruebas de penitencia, frecuentes y extenuantes viajes, una intensa correspondencia epistolar, preocupaciones y grandes disgustos, su físico no pudo más. El 4 de mayo recibió el sacramento de los enfermos y dos días después el 6 de mayo, a las 9 de la mañana, cumplido su peregrinaje terreno se extingue santamente en la Casa General.

La fama de santidad que ya había irradiado en vida, irrumpe en ocasión de su muerte, creciendo ininterrumpidamente en todas partes del mundo.

Expresión de un singular designio de Dios, en su triple experiencia de esposa y madre, viuda y después religiosa- fundadora, Rosa Gattorno ha honrado la dignidad y el "genio de la mujer" en su misión al servicio de la humanidad y la difusión del Reino. Siempre fiel a la llamada de Dios y auténtica maestra de vida cristiana y eclesial, permaneció esencialmente madre: de sus hijos, que constantemente acompañó; de las hermanas, que profundamente amó; y de todos los necesitados, de los sufridos y de los infelices, en cuyo rostro contempló al mismo Cristo, pobre, llagado y crucificado.

Su carisma se ha difundido en la Iglesia con el surgir de otras formas de vida evangélica: Hermanas de vida contemplativa, Asociación religiosa de vida sacerdotal, Instituto Secular y Movimiento eclesial de laicos, activamente operante en la Iglesia en casi todas partes del mundo.

(fuente: vatican.va)

otros santos 06 de mayo:

jueves, 28 de abril de 2016

28 de abril: Beata María Luisa de Jesús Trichet

Co-Fundadora, junto a San Luis María de Montfort, de la Congregación de las Hijas de la Sabiduría

Hay vidas de vidas en el santoral católico, vidas que simplemente dejan asombrado a cualquiera. No basta admirarlas ni es suficiente tenerles una gran devoción. A veces repasar su epopeya tan personal y frecuentemente anónima, invita es a amarlas con todo el corazón. La beata María Luisa Trichet fue una de ellas.

Citarla como cofundadora de la obra religiosa de San Luis María Grignión de Montfort ya sería suficiente para reconocerle la dimensión espiritual que la enaltece. Testimoniar que todavía hoy en pleno siglo XXI, descreído y egoísta, su Congregación sigue en pie de lucha desenvolviendo un apostolado titánico en la educación y entre enfermos, complementaría ya el aprecio y la valoración suficientes para reconocer que su fundadora vela todavía por la obra y santifica a sus hijas espirituales.

Nació en una familia acomodada y prestante hacia 1684. Atractiva y bien educada no solamente de modales sino de formación cristiana. Francesa hasta la médula, catequizó en una región sumamente católica que pagaría en sangre el precio de su fidelidad a la religión durante la Revolución Francesa y el régimen de Napoleón: La Vandée. Allí los campesinos que habían sido beneficiados con el apostolado de San Luis de Montfort y de María Luisa abnegadamente entregada a los enfermos de su tiempo, se levantarían en defensa del rey y de la monarquía aunque estos no supieran valorar ese gesto de lealtad, irrebatible consecuencia del trabajo espiritual de esta pareja de santos. Cuando se conocieron en el pestilente hospital de Potiers ella tenía 19 años y san Luis era ya un desconcertante y varonil individuo de recién cumplidos 30, con notable fama de gran predicador y confesor en la región.


De una obra de caridad a la conformación de una comunidad religiosa

Bien pronto la joven, que se había propuesto como obra diaria de caridad ir a ayudar un poco durante el día a los enfermos del hospital, encontró que el capellán era un joven sacerdote excepcional y valiente de la pequeña nobleza bretona, celoso predicador sobre todo de la devoción a María. De ir dos o tres veces a la semana pasó a hacerlo casi todos los días, hasta que uno de ellos le comunicó a su familia que se iría a vivir al hospital.

La respuesta fue que sin duda no era cosa de ella, que eso era idea del sacerdote aquel que la iba a terminar volviendo loca. El sacerdote ya había alborotado la ciudad con su elocuente prédica ardiente y elevada, con sus modales finos pero firmes, con su celo por la gloria de Dios y de María. El mismo clero de la localidad se estaba sintiendo "zarandeado".

Como no había donde instalarla, el propio San Luis Grignión intentó que la dirección del hospital la nombrara Gobernanta lo que no se consiguió. Entonces ella se ideó para que fuera recibida como pobre insolvente y la ubicaran en una habitación de precariedad deprimente. Allí comenzó su epopeya. Comenzó con el dolor de tener que ver partir a San Luis apenas unos meses después de ella haber iniciado su apostolado consagrado en el hospital, pero no se desanimó. Años enteros sola y apenas recibiendo cartas de san Luis Grignión para alimentarla espiritualmente fueron dando poco a poco resultados que se manifestaron en el reconocimiento que todo mundo hacía de la caridad de esta joven mujer y en la llegada de dos compañeras que se le unirían al duro y frecuentemente ingrato trabajo de velar por enfermos y ancianos que maltrataban a sus samaritanas.

Para completar San Luis fallece prematuramente con apenas 43 años de edad de manera repentina, dejando en la absoluta orfandad una obra que era incluso mal vista por un sector del alto clero de la región, que había recibido descomedidas referencias del misionero desde el propio París, para el cual Montfort era algo atípico. Sin embargo tuvo que haber habido mucha fe y dedicación abnegada en María Luisa Trichet para que la obra se mantuviera y creciera como la tenemos todavía hoy día en más de 20 países, con el estandarte en alto y el invaluable patrimonio moral de haber dejado 33 religiosas mártires en la Revolución Francesa. Al momento de su muerte María Luisa, de 75 años de edad cumplidos en 1759, dejaba 175 hermanas profesas y 35 casas establecidas con muchas postulantes y novicias.

escrito por Antonio Borda
(fuente: gaudiumpress.org)
otros santos 28 de abril:

miércoles, 27 de abril de 2016

27 de abril: Beata María Antonia Bandrés y Elósegui

«Esta Hija de Jesús ofreció su vida por un familiar agnóstico, habiendo dado pruebas en el convento de una edificante fortaleza que se puso de relieve en el transcurso de su dolorosa enfermedad. Murió a los 21 años»

En un hogar acomodado de Tolosa, Guipúzcoa, España, nació esta beata el 6 de marzo de 1898. Su padre Raimundo Bandrés era un reputado jurista que había formado una gran familia junto a Teresa Elósogui. Antonia fue la segunda de quince hermanos. Nació frágil y recibió cuidados y ternura a raudales que hicieron mella en su forma de ser. Tanto derroche de atenciones revertieron en su personalidad en tal grado que durante los primeros años fue una persona inmadura en la que se apreciaba una hipersensibilidad preocupante.

Su madre se había ocupado de inculcarle muchos valores que, unidos a su gran devoción a María, fueron abriéndole luminosos caminos. Pero en el transcurso de su adolescencia, esta madre generosa y llena de piedad, no ocultó su inquietud: «¡Qué chiquilla más fastidiosa!, decía, ¡cuánto vas a sufrir con ese carácter!». Sin embargo, el germen de tan buen ejemplo ya estaba larvado en el corazón de la joven. Comenzó una labor caritativa con los pobres y necesitados que malvivían en los suburbios acompañando a su madre de la que aprendió a contemplar el rostro de Cristo en ellos. También contaba con la discreción de una empleada doméstica que la seguía solícita en esta acción solidaria que llevaba a cabo y que iba dejando una huella indeleble en los agraciados, conmovidos por su espíritu humilde, sencillo y generoso. Finura de trato y el tacto que brotaba de su caridad le permitieron suavizar las aristas que halló en personas difíciles y hábitos violentos.

Había cursado estudios en el colegio de san José, de Tolosa, erigido por la Madre Cándida, fundadora de las Hijas de Jesús, quién al conocerla, seducida por su virtud, vislumbró en ella una futura vocación. La espiritualidad mariana del centro, que tenía como objeto directo de su devoción a la Virgen del Amor Hermoso, hicieron que reviviese en Antonia el amor a María que su buena madre le infundió. En 1915, a la edad de 17 años, como en medio de su frágil salud emergía la fortaleza que proviene de la gracia divina, no dudó en consagrarse. Cumpliría así el vaticinio que la fundadora le hizo cuando era una adolescente: «Tú serás Hija de Jesús». Antonia entrevió la llamada en medio de la oración cuando realizaba los ejercicios espirituales en Loyola. El profundo y legítimo cariño que le vinculaba a su familia no fue un escollo. Y aunque experimentaba el dolor de la separación, siguió en pos de Cristo. Eso sí, reconocería con toda sencillez en el noviciado: «Solo por Dios los he dejado». Un tío suyo, Antón, agnóstico declarado, no vio con buenos ojos esta decisión, sentimiento que no pasó desapercibido para la beata.

En 1918 profesó en Salamanca y, casi a la par, su salud fue quebrándose irremisiblemente. La sonrisa en medio del sufrimiento era una constante en su rostro, como lo fue la conformidad y paz que mostró en todo instante dejando conmovido a su médico, el egregio Dr. Filiberto Villalobos. Éste comentaba con doctos amigos, como el gran Miguel de Unamuno, el impacto que le causaba ver tanta conformidad y fe en su paciente, que caminaba gozosa a un final indeclinable porque sabía que le aguardaban los brazos del Padre celestial. «¡Qué errada es nuestra vida! –exclamaba–. Esto sí que es morir!». Una reflexión que caló en el ánimo de sus interlocutores. El hecho es que Antonia había ofrecido su vida a Dios por la conversión de su tío Antón, gracia que le fue concedida y que se materializó cuando él se percató de la grandeza de su sobrina, hallando la paz en el perdón y la misericordia divina ante la imagen de la Virgen de Aránzazu.

¡Quién hubiera dicho que aquélla frágil adolescente que mostraba la herida de sus sentimientos a la primera de cambio, impulsada por una enfermiza sensibilidad, iba a actuar con tanta entereza! Que se hubiera propuesto con esa firmeza con que lo hizo: «Es preciso llegar a la cumbre», enfrentándose con bravura a una muerte inevitable que asumió uniéndose a Cristo sabedora de que Él nunca la abandonaba, creyendo que le sería otorgada la petición que hizo para su querido padrino. Si Cristo había sufrido, por qué no iba a hacerlo ella. Resoluta, clara, indeclinable en esta determinación de morir para ser dadora de vida con Él, tenía claro que ese afán de ofrenda tenía que cumplirlo con este cariz: «de hacerla, hacerla entera».

En medio de sus sufrimientos, Dios no quiso dejarla huérfana de consuelo, y ella llegó a manifestar: «¿Esto es morir? ¡Qué dulce es morir en la vida religiosa! Siento que la Virgen está a mi lado, que Jesús me ama y yo lo amo…». El 27 de abril de 1919, festividad de Nuestra Señora de Montserrat, culminó su calvario y entró en la gloria. Tenía 21 años recién cumplidos. Fue beatificada por Juan Pablo II el 12 de mayo de 1996 junto a su fundadora, la Madre Cándida María de Jesús.

Escrito por Isabel Orellana Vilches
(fuente: zenit.org)

otros santos 27 de abril:

- San Rafael Arnáiz Barón
- Beato Jaime de Bitetto
- Beato Nicolás Roland

jueves, 21 de abril de 2016

21 de abril: Beato Bartolomé Cerveri

Presbítero y Mártir

Nació en Savigliano (Turín) alrededor 1420.

Fue profesor de teología en Turín (1452) y varias veces prior de Savigliano.

Insigne por su magisterio y por su ministerio apostólico fue encargado del oficio de inquisidor general (1459).

Luchó eficazmente por la defensa de la fe y selló su enseñanza con el martirio cuando fue asesinado por los herejes cerca de Cerveri el 21 de abril de 1466. Su cuerpo fue venerado en Savigliano, hasta que en 1801 fue trasladado a la iglesia parroquial de Cerveri. Pío IX confirmó su culto el 22 de septiembre de 1853.

 (fuente: www.dominicasdebetania.org) 

otros santos 21 de abril:

- San Maximiliano de Constantinopla
- San Anselmo
- San Román Adame Rosales

lunes, 18 de abril de 2016

18 de abril: Beato Andrés de Montereale

Presbítero Agustino

Martirologio Romano: En Montereale, en la región de los Abruzos, beato Andrés, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que se dedicó a predicar por Italia y Francia. († 1479)

Fecha de beatificación: Culto confirmado el 11 de mayo de 1764 por el Papa Clemente XIII.

Vino a la luz de este mundo en la pequeña localidad de Mascioni, provincia de L’Aquila (Italia), en el seno de una modesta familia de campesinos. Aunque desconocemos la fecha exacta de su nacimiento, es muy probable que tuviera lugar dentro del primer decenio del siglo. Se dice que a los catorce años entró en el vecino convento de los agustinos de Montereale. Ciertamente en 1431 figura como estudiante de teología en Rimini, y en los años sucesivos en Padua y Ferrara, logrando los grados de lector y bachiller. En 1438 explicó en el studio et universitate Senensi los libros de las Sentencias, y pocos años después obtuvo el título de maestro en sagrada teología.

A sus obligaciones docentes o de gobierno – en 1453 fue elegido provincial de Umbría - se vio obligado a añadir otras delicadas actividades, pues en consideración a su dinamismo, a la valía de su persona y a la reconocida rectitud, en varias ocasiones los Padres generales de la Orden lo nombraron su vicario con el específico encargo de restablecer la observancia en los conventos de Nursia (1452), Amatrice (1468) y Cerreto di Spoleto (1475).

Desde el principio, el desempeño de esta misión de reformador le ocasionó no pocos sufrimientos e incomprensiones. En 1459, siendo prior y regente del estudio de Siena renunció a ambos oficios, muy probablemente por causa de los cargos contra su persona y modo de proceder que algunos religiosos hicieron llegar a Roma. No se conoce el resultado de la investigación llevada a término, pero sí ha llegado a nosotros el juicio del P. General Ambrosio Massari de Cori, por aquel entonces presidente del estudio de Perugia, quien no dudó en afirmar que Andrés, “soportando injusticias y mostrando siempre gran paciencia, maximum ostendit exemplum sanctitatis”. Los hechos posteriores confirman tal elogio, ya que en 1471 fue reelegido provincial, y nunca disminuyó la estima y la confianza de los superiores mayores de la Orden, que continuaron sirviéndose de él para promover la observancia regular.

Los últimos años del Beato transcurrieron serenos en el convento de Montereale, donde murió en abril de 1479, y donde aún hoy, en la iglesia en otros tiempos de la Orden, se veneran sus restos mortales.

Entre las festividades locales vinculadas a su memoria destaca la celebrada el 13 de septiembre, día en que, según la tradición, en 1691 habría alzado desde la tumba su brazo derecho para salvar la ciudad de un terremoto.

(fuentes: osanet.org; catholic.net)

otros santos 18 de abril:

- Beata Savina Petrilli
- Beato Andrés Hibernón
- Beato Román Archutowski

domingo, 17 de abril de 2016

17 de abril: Beata Clara Gambacorta

viuda, monja (1362-1419)

Clara vive con intensidad la fidelidad a la llamada de Dios a la vida contemplativa pero en realidad lo más grande en la vida de Clara Gambacorta es haber vivido el perdón que nos pide el Evangelio de Jesús. Es el amor al enemigo en grado heroico. Un perdón que es un don y a la vez tarea. Es maestra en ese perdón que nos asemeja al Padre Dios.

Tora (quizá la abreviatura de Teodora o Victoria) nació en 1362 de la noble familia Gambacorta de Pisa. Su padre Pedro un gran hombre y gobernante cristiano, conciliador, luchador de la paz.

A los siete años fue ya prometida al noble Simón de Massa con el que se casó a los doce para enviudar a los quince. La vida de matrimonio de Tora duró muy poco tiempo; tanto ella como su esposo fueron víctimas de una epidemia, en la que su marido perdió la vida.

Como la beata era todavía muy joven, sus parientes intentaron casarla de nuevo, pero ella se opuso con toda la energía de sus quince años.

Una carta de Santa Catalina de Siena, a quien había conocido en Pisa dos años antes cuando el padre de Clara llamó a Catalina a Pisa, la animó en su resolución.

Entonces Tora, en 1377, decidida a consagrarse a Dios se cortó los cabellos y distribuyó entre los pobres sus ricos vestidos y se acoge al Monasterio de San Martín de Pisa, de monjas Clarisas, tomando el nombre de Clara.

Fue sacada de allí a la fuerza por sus familiares, que la encarcelan y la someten a grandes presiones para quitarle sus propósitos de consagración a Dios. No le permitía su padre ir a Misa más que una vez cada cinco meses. Ahí estuvo Clara prisionera, pero ni el hambre, ni las amenazas consiguieron hacerla cambiar la resolución.

Cambió entonces su padre de actitud convencido por el obispo, Alfonso de Valdaterra, que era intimo amigo de la familia Gambacorta y había sido el último director espiritual de Santa Brígida de Suecia.

Pedro Gambacorta no sólo permitió a su hija ingresar en el convento dominicano de la Santa Cruz, sino que construyó el nuevo convento de San Domenico (En la segunda guerra mundial el convento fue seriamente dañado y las monjas se trasladaron al Palacio Serafíni en el que construyeron una nueva iglesia y lo adaptaron como convento. Allí están las reliquias de la Beata Clara)

La Beata Clara fue primero subpriora y luego priora del convento, del que partieron muchas de las santas monjas destinadas a difundir el movimiento de reforma en otras ciudades de Italia.

Hasta el día de hoy, se llama en Italia a las religiosas de clausura de Santo Domingo "Las hermanas de Pisa".

En el convento de la beata reinaban la oración, el trabajo manual y el estudio.

El director espiritual de Clara solía repetir a las religiosas: "No olvidéis nunca que en nuestra orden hay muy pocos santos que no hayan sido también sabios"

Clara tuvo que hacer frente, durante toda su vida, a las dificultades económicas, pues el convento exigía constantemente refacciones y nuevos edificios. A pesar de ello, en una ocasión en que llegó a sus manos una cuantiosa suma que hubiese podido emplear en el convento, prefirió regalar para la fundación de un hospital.

Las virtud en que más se distinguió fue, sin duda, como hemos dicho, el espíritu de perdón; practicó en grado heroico el perdón a que Jesús en el Evangelio nos llama.

Giacomo Appiano, a quien el Padre de Clara, Pedro Gambacorta, había ayudado siempre y en quien había puesto toda su confianza, le asesinó a traición, cuando éste se esforzaba por mantener la paz en la ciudad. Dos de los hijos de Pedro murieron también a manos de los partidarios del traidor.

Sin embargo, la beata perdonó de corazón a Appiano.

Años más tarde, cuando la viuda y las hijas de Appiano se hallaban en la miseria, Clara las recibió en el convento.

Su hermano murió asesinado frente a la puerta del convento, y la impresión hizo que Clara enfermase gravemente.

La beata sufrió mucho hacia el fin de su vida. Recostada en su lecho de muerte, con los brazos extendidos, murmuraba: "Jesús mío, heme aquí en la cruz". Poco antes de morir, una radiante sonrisa iluminó su rostro y bendijo a sus hijas presentes.

Murió el 17 de abril de 1419. Tenía, al morir, cincuenta y siete años.

Santa Catalina de Siena ejerció una profunda influencia en la Beata Clara.

Cuando en 1380 muere Catalina, Clara tenía 18 años y era monja dominica. Se habían conocido cinco años antes, en el 1375 cuando por pedido de Pedro Gambacorti (padre de Clara), Catalina había ido a Pisa para colaborar al entendimiento de los pueblos. Tora, cuando conoció a Catalina era una feliz y jovencísima esposa.

Pisa fue importante para Catalina, allí recibió los estigmas de Nuestro Señor Jesucristo.

Se conservan dos cartas de Santa Catalina a Tora. En la primera la Beata Clara aún era una feliz casada. La segunda carta se la escribe en 1377, cuando Tora enviuda, para aconsejarle ingresar en la vida religiosa.

(fuente: www.dominicasorihuela.org)

otros santos 17 de abril:

- Santa Kateri Tekakwitha
- Beata Mariana de Jesús
- San Roberto de Chaise-Dieu

lunes, 11 de abril de 2016

11 de abril: Beato Sinforiano Ducki

Sinforiano Félix Ducki
(1888-1942)

Nació el 10 de mayo de 1888 en Varsovia. En el bautismo, el 27 de mayo, recibió el nombre de Félix. Frecuentó la escuela elemental en la nativa Varsovia. Cuando en 1918 los capuchinos regresaron a su convento propio, abandonado con la supresión zarista de 1864, Félix Ducki, que de tiempo atrás sentía la vocación, se unió a ellos, primero ayudando simplemente a la reorganización del convento y más tarde como postulante. El 19 de mayo de 1920 comenzó el noviciado en Nowe Miasto con el nombre de fray Sinforiano. Terminado el año de noviciado se dedicó al servicio fraterno en los conventos de Varsovia, de Lomza y de nuevo en Varsovia (desde el 27 de mayo de 1924), hasta la profesión solemne, el 22 de mayo de 1925.

En Varsovia desempeñó primero el oficio de hermano limosnero, preocupándose sobre todo de recoger ofertas para la construcción del Seminario Menor de San Fidel. Después fue nombrado hermano socio del padre Provincial.

De carácter sociable, simple, cortés y amigable, fácilmente conquistaba la simpatía del pueblo y nuevos amigos para la Orden. No obstante su vida tan activa en medio de la gente, no perdió nunca el espíritu interior, distinguiéndose por su oración devota y fervorosa. Era conocido y estimado por los habitantes de la capital y le llamaban "padre" aunque no era sacerdote.

Al sobrevenir la II Guerra mundial se esforzó para que no faltara lo necesario ni a sus hermanos frailes ni a los demás pobres, hasta el 27 de junio de 1941, día en que la Gestapo arrestó a todos los 22 capuchinos del convento de la capital. En un primer momento fray Sinforiano fue internado en la prisión di Pawiak, y luego, el 3 de septiembre, en el campo de concentración de Auschwitz. De constitución robusta, sufrió más que los demás el hambre y las persecuciones, soportando todo en silencio. Las míseras raciones que recibían no cubrían ni siquiera la cuarta parte de la necesidad del organismo de un hombre normal. Después de siete meses fue condenado a una muerte lenta.

Una tarde, mientras los custodios del campo habían comenzado a asesinar prisioneros de un modo bestial, destrozándoles la cabeza a garrotazos, fray Sinforiano tuvo la valentía de hacer sobre los caídos la señal de la cruz. El testigo ocular y compañero de prisión César Ostankowicz declara que hubo un momento de aturdimiento y sorpresa, al que siguió la orden de apalear a Sinforiano. Un golpe en la cabeza le hizo caer al suelo entre los esbirros y los prisioneros. Poco después tuvo fuerzas para levantarse y hacer de nuevo la señal de la cruz. Fue entonces cuando lo asesinaron. Era el 11 de abril de 1942. La muerte de fray Sinforiano puso fin a la tremenda matanza que los soldados estaban perpetrando, y unos quince prisioneros se salvaron así de la muerte. Estos, con grande veneración, cargaron a fray Sinforiano en el carro que le llevaría, con los demás cadáveres, al horno crematorio.

Con su martirio fray Sinforiano demostró heroicamente su fe en la Trinidad, y salvó de una muerte segura a un grupo de compañeros de prisión.

(fuente: capuchinos.org)

otros santos 11 de abril:

- Santa Gemma Galgani
- San Estanislao de Cracovia 
- Santa Elena Guerra

sábado, 9 de abril de 2016

09 de abril: Beata Lindalva Justo de Oliveira

(1953-1993)

Nació el 20 de octubre de 1953 en Sitio Malhada da Areia, una zona muy pobre del Estado de Rio Grande do Norte (Brasil). Era la sexta de trece hermanos. Fue bautizada el 7 de enero de 1954. En su familia aprendió las primeras nociones de la fe y las oraciones cristianas. Su padre leía con frecuencia a los hijos la Biblia y los llevaba a misa. Lindalva aprendió de su madre a cuidar y ayudar a los niños pobres.

Al final de la escuela primaria, a los doce años, hizo la primera Comunión. Además de colaborar en la casa ayudando a la familia, prosiguió sus estudios, hasta conseguir, en 1979, el diploma de "asistente administrativo". De 1978 a 1988 trabajó como dependienta en algunos comercios y luego como cajera en una gasolinera. Mandaba a su madre la mayor parte del dinero que ganaba.

En la ciudad de Natal, donde residía y trabajaba, comenzó a frecuentar la casa de las Hijas de la Caridad y el asilo de ancianos donde realizaban su apostolado, dedicándose generosamente a obras de voluntariado. La muerte de su padre, por un cáncer en el abdomen, a quien asistió amorosamente en sus últimos meses de vida, la impulsó a reflexionar sobre la existencia y a orientarse decididamente a ayudar a los pobres. Sin dejar de trabajar, se inscribió en un curso de enfermería, de guitarra y de cultura. Desde 1986 comenzó a frecuentar el movimiento vocacional de las Hijas de la Caridad, participando regularmente en los encuentros de formación y madurando en su corazón el deseo de servir a los pobres.

A sus treinta y tres años, hacia fines de 1987, pidió la admisión al postulantado para dedicarse totalmente al servicio de los pobres y seguir a Jesucristo con una entrega más radical. "Quiero tener una felicidad celestial —declaró—, desbordar de alegría, ayudar al prójimo y hacer incansablemente el bien".

Un mes después de recibir el sacramento de la Confirmación, el 28 de noviembre de 1987, le llegó la respuesta positiva de la provincial de las Hijas de la Caridad, y el 11 de febrero de 1988 comenzó el postulantado en la casa provincial de Recife.

Durante ese período fue muy edificante para todas las compañeras, destacando por su disponibilidad para con los pobres y por su alegría. Se comprometió al servicio de los más necesitados de una favela, llegando incluso a transportar ladrillos para la construcción de casas en el barrio. Asimismo llevaba una intensa vida de oración.

El 16 de julio de 1989, con otras cinco compañeras, inició el noviciado en Recife. El 29 de enero de 1991 fue enviada a servir a los cuarenta ancianos de un asilo en San Salvador de Bahía. La cordialidad y alegría con que trataba a todas las personas le granjearon la estima de las Hermanas, de los funcionarios del asilo y de las personas a las que asistía. Realizaba los trabajos más humildes al servicio de los ancianos, les ayudaba material y espiritualmente, fomentando en ellos la recepción continua de los sacramentos; cantaba y oraba con ellos; los sacaba a pasear. Contagiaba a los demás de su optimismo.

En enero de 1993 llegó al asilo un hombre de 46 años, Augusto da Silva Peixoto. Aunque no tenía derecho al asilo por su edad, había logrado una recomendación para ser acogido allí. Sor Lindalva lo trataba con la misma cortesía que a los demás huéspedes, pero este hombre, de carácter difícil, se enamoró de la joven religiosa. Así comenzó para ella un período de pruebas muy duro. Comprendiendo las intenciones de Augusto, trató de hacerle entender que ella estaba consagrada totalmente a Dios. Aunque tenía miedo de ese hombre, no quiso alejarse del asilo para no abandonar su servicio a los ancianos. "Prefiero derramar mi sangre, antes que marcharme", confesó a una de las hermanas.

Ante el comportamiento de Augusto, avisó al director del servicio social del asilo; este llamó la atención al hombre, el cual prometió corregirse. Pero en los días anteriores a la Semana santa creció en él la rabia y el odio, así como el deseo de vengarse, llegando a elaborar un plan criminal.

El Lunes santo, 5 de abril, compró en una feria un cuchillo de pescadero. La noche del Jueves santo estuvo paseando todo el tiempo entre el dormitorio y el baño, y a sus compañeros que le interpelaban respondía que sufría insomnio.

El Viernes santo, 9 de abril, a las 4.30 de la mañana, sor Lindalva participó en el vía crucis de la parroquia. Al volver al asilo, fue como de costumbre al pabellón San Francisco para servir el desayuno a los ancianos. Se situó, como siempre, detrás de la mesa en que se servían las comidas a los huéspedes. A espaldas de la mesa había una puertecita, con una escalera externa que daba al jardín.

Augusto, esperó a que sor Lindalva estuviera sirviendo el desayuno; llegó por la escalera externa, abrió la puerta y la apuñaló por detrás, encima de la clavícula. El cuchillo, atravesando la yugular, penetró profundamente en el pulmón. El hombre, presa de un raptus incontrolable, siguió hiriéndola en varios puntos del cuerpo, mientras los huéspedes, tras un primer momento de sorpresa, trataban de intervenir. Augusto, blandiendo el cuchillo, desde detrás de la mesa amenazaba con matar a quien se acercara. Ante los tribunales, el asesino declaró que la había matado precisamente porque lo había rechazado.

Al día siguiente, el Sábado santo, por la mañana el arzobispo cardenal Lucas Moreira Neves, al celebrar la ceremonia fúnebre, puso de relieve la coincidencia de la muerte violenta de la mártir sor Lindalva, que dio su vida por el servicio a los pobres, y la pasión y muerte de Cristo.

(fuente: www.vatican.va)

otros santos 09 de abril:

- Beata Celestina (Catalina) Faron
- Santa Casilda de Toledo
- Beato Antonio Pavoni

viernes, 8 de abril de 2016

08 de abril: Beato Julián de San Agustín

(hacia 1553 - 1606)

 Hacia mediados del siglo XVI, la herejía de Calvino causaba grandes estragos en el sur de Francia, por lo que un joven caballero de Toulouse o de sus cercanías, llamado Andrés Martinet, tuvo que dejar su patria y abandonar su fortuna para mantenerse fiel a su fe y huir del riesgo de verse constreñido a abrazar la de los hugonotes. Encontró refugio en Medinaceli, provincia de Soria (España), donde entró a trabajar en el taller de un curtidor de pieles llamado Antonio Cedillo. Pronto se ganó Julián la confianza y apoyo de su patrón, que lo apreció como a un hijo, le facilitó una vivienda y le ofreció para esposa a la virtuosa joven Catalina Gutiérrez, empleada en el servicio doméstico de su hogar. Los dos jóvenes se unieron en matrimonio y en fecha que no sabemos con exactitud, entre 1550 y 1553, les nació su primer hijo, Julián, a quien educaron en el santo temor de Dios y en el amor de su santa ley.

Julián correspondió al ambiente que vivía en su casa y a la santa solicitud de sus padres, y desarrolló sentimientos nobles en su corazón a la vez que cultivó la piedad y las devociones acordes con su edad, sobre todo la misa y la comunión, prácticas que mantuvo cuando empezó a trabajar como aprendiz en una sastrería y a pesar de las burlas de sus colegas.

Con todo, a medida que pasaba el tiempo, crecía en nuestro joven el deseo de una mayor perfección y la tendencia a la vida religiosa. Vislumbrando los peligros para su alma que encontraría en el mundo y después de mucha oración y de consultar con su confesor, decidió hacerse franciscano. Vistió el hábito de san Francisco en el convento de Santa María de La Salceda (Segovia), fundado por fray Pedro de Villacreces y perteneciente primero a la Provincia descalza de San José, fundada tiempo atrás por san Pedro de Alcántara, y luego a la Observante de Castilla. Llevado de un extraordinario fervor se entregó en seguida a la práctica de unas mortificaciones y penitencias tan exageradas, que los superiores pensaron que tanta austeridad provenía más de una mente exaltada que de una sólida virtud, por lo que lo invitaron a dejar el hábito y el convento.

Dolorido y desolado, pero convencido de que aquella era la voluntad del Señor, que no lo estimaba apto para vivir entre los siervos de Dios, marchó a Santorcaz, cerca de Toledo, y se puso a trabajar como sastre, sin abandonar sus prácticas de piedad. Mientras tanto él pedía a Dios que le concediese la gracia de llevar la vida consagrada que tanto ansiaba.

No mucho tiempo después llegó a Santorcaz, para dar una misión, el padre Francisco de Torres, célebre misionero de los franciscanos de la Provincia de Castilla, y pronto quedó hondamente impresionado por la atención que Julián prestaba a sus sermones, la devoción con que ayudaba a misa y el fervor con que comulgaba. Por ello, le propuso que lo acompañara en sus viajes apostólicos, y el joven no dudó ni un instante en aceptar la propuesta, se vistió un hábito de peregrino y empezó a recorrer con aquel apóstol de la palabra los caminos de España. Cuando llegaban a un lugar, la primera ocupación de Julián era recorrer las calles del pueblo o ciudad haciendo sonar una esquila para convocar a todos al sermón del misionero; la gente quedaba edificada por su modestia y piedad. Un día pasaron por Medinaceli y sus conciudadanos, viéndolo vestido de aquella manera, lo tomaron por loco; él, con una sonrisa humilde, les respondió: «Decís la verdad. Yo soy un verdadero loco, pero soy tal por amor de Dios».

El P. Torres, que conocía el deseo de Julián de vestir el hábito franciscano, lo observaba atentamente y cada vez admiraba más su sencillez y candor, su generosidad y su fervor, su deseo sincero de servir a Dios en el recogimiento y la penitencia. Por tanto, llegó el momento en que consideró procedente recomendar a los frailes de La Salceda que la admitieran al noviciado. Admitido de nuevo, una vez más se entregó con ardor a la vida de austeridad y a las penitencias inusuales aun entre los descalzos. Y de nuevo los frailes lo consideraron un exaltado y lo despidieron.

El beato Julián soportó esta nueva y más dura prueba con una serenidad admirable, y, sin quejarse, se limitó a manifestar: «Creo que mi vocación es la de religioso, con hábito o sin él». Entonces se retiró a lo alto de un monte cercano para seguir allí su vida de contemplación y de penitencia. Se construyó con el ramaje una cabaña, y todos los días bajaba a la puerta del convento donde enseñaba el catecismo a los demás pobres que allí se reunían y, como ellos, recibía de los frailes el pan y la menestra para alimentarse. Un día se encontró por el camino con un pobre casi desnudo y, movido a compasión, le dio la pobre túnica que llevaba; al día siguiente, el portero del convento le reprochó que acudiera a la portería medio desnudo, y Julián le explicó lo ocurrido y le añadió con humildad que había pensado que aquel pobre necesitaba la túnica más que él. Entonces los frailes le dieron un hábito viejo, parecido al que llevaban los donados, y Julián, agradecido a la comunidad que lo vestía y lo alimentaba, se sintió obligado a corresponderles de la mejor manera que le era posible: ir a pedir limosna para el convento. Los campesinos, que lo estimaban y lo consideraban como un santo, quedaban edificados por sus palabras y sus ejemplos y le daban abundantes limosnas, que él llevaba a los frailes, quedándose para sí algún mendrugo.

Finalmente, los religiosos reconocieron que la piedad de Julián era auténtica y que obraba impulsado por el Espíritu de Dios, y le abrieron por tercera vez las puertas del noviciado. Trascurrido el año de prueba, Julián fue admitido a la profesión solemne de la Regla de san Francisco en calidad de hermano lego y con el nombre de fray Julián de San Agustín. Lleno de gratitud y alegría, el nuevo hermano se entregó con todas sus fuerzas a la tarea de su santificación. Intensificó la austeridad de vida y fue inventando nuevas e increíbles formas de penitencia y mortificación; dedicaba a la oración el tiempo que sus tareas domésticas le dejaban libre, hurtando muchas horas al sueño; se propuso obedecer no sólo a los superiores sino también a todos los religiosos, hacia los que se mostró siempre bondadoso y humilde.

No tardaron los superiores en nombrarlo compañero de misión del P. Torres, que entonces estaba de familia en el convento de Alcalá, donde aún estaba fresca la memoria edificante de San Diego ( 1463), que había pasado allí los últimos años de su vida y al que Julián tomó como modelo. Una vez más, en su tarea de acompañante del predicador, la vida y las palabras del humilde lego eran a veces tan elocuentes y eficaces como los sermones del misionero.

Algún tiempo después lo enviaron al convento de Nuestra Señora de la Esperanza de Ocaña (Toledo) como limosnero, pero no tardó en volver a Alcalá donde pasó el resto de su vida, dedicado a atender las necesidades de los enfermos y de los pobres.

A lo largo de su vida religiosa fray Julián se distinguió por la observancia estricta de la Regla de san Francisco y por la práctica de todas las virtudes, particularmente la oración y la penitencia, la humildad y la obediencia. Había asimilado de tal forma el espíritu de oración, que en cualquier tiempo y lugar vivía en la presencia de Dios con el que conversaba familiarmente. Cuando estaba en el convento, pasaba en el coro o en la iglesia las horas que le dejaban libres las tareas que se le habían encomendado y la mayor parte de la noche, de suerte que en la práctica no tenía una celda reservada para su uso. Fuera del convento, cuando iba por los pueblos a pedir limosna, pasaba las mañanas en la iglesia para rezar, ayudar a misa y comulgar, y por la noche, si no se quedaba en la iglesia postrado en adoración, solía retirarse al despoblado para entregarse allí libremente a la contemplación. Narran las crónicas que el demonio puso en marcha todos sus engaños y artimañas para quebrantar la constancia del siervo de Dios, y que éste lo protegía y lo llenaba de consuelo además de concederle dones extraordinarios, como los éxtasis.

El amor de Dios que ardía en el corazón de Julián lo impulsaba a una vida de caridad sin límites hacia el prójimo. Lo que más le preocupaba era el bien espiritual de todas las personas, a la vez que las carencias y miserias de los pobres despertaban en él la más tierna compasión. Se interesaba por sus necesidades, buscaba medios para ayudarles, les procuraba limosnas, los consolaba en sus penas hablándoles de la felicidad del cielo, exhortaba a los ricos a que socorrieran a los indigentes. Las palabras sencillas y humildes de fray Julián sembraban la paz en los corazones, despertaban el arrepentimiento en los pecadores, y no fueron raras las conversiones que obtuvo, movía el corazón de los pudientes a auxiliar a los más desfavorecidos en bienes de fortuna.

Resulta difícil comprender cómo fray Julián pudo conciliar durante toda su vida el fiel cumplimiento de sus deberes de hermano lego y la intensa vida de oración, con unas penitencias tan duras y hasta exageradas, que ni siquiera los frailes de aquel tiempo, descalzos y de tradición alcantarina, llegaban a discernir como virtud, por lo que lo despidieron dos veces del noviciado. Maceraba de continuo su cuerpo y el ayuno era una constante en su vida, más severo en las frecuentes cuaresmas que observaba a imitación de san Francisco. Su alimento solía ser un poco de pan, algunas hierbas medio cocidas y pocas nueces. Hacía uso abundante de cilicios y otros instrumentos de mortificación. Y ocultaba con gran celo sus penitencias.

A la par iban su penitencia y su humildad, sincera y profunda. Se tenía por inferior y servidor de todos. Los desprecios e insultos que a veces le propinaban en sus correrías, no le ofendían porque consideraba sinceramente que era digno de ellos. Si el superior, por equivocación o para provocarlo o probarlo, lo reprendía aun por faltas que no había cometido, lejos de excusarse, cumplía la penitencia, para expiación de sus pecados, y trataba de superarse en aquello que le habían recriminado. Por otra parte, ponía sumo cuidado en evitar cuanto pudiera atraerle la estima y veneración de la gente. Cuando Dios obraba por su intercesión algún milagro, el siervo de Dios se apresuraba a atribuírselo a la Virgen o a los santos.

Ciertamente el Señor quiso adornar la vida de su siervo con muchos milagros y gracias extraordinarias, éxtasis, curaciones, docilidad de los animales y de las fuerzas de la naturaleza, y también el don de profecía y el de ciencia infusa. No era raro que autoridades y los mismos profesores de la Universidad de Alcalá fueran a consultarle las cuestiones más delicadas y difíciles, y que salieran maravillados de sus respuestas que no podían atribuir sino a la sabiduría que Dios le había regalado. También los bienhechores pedían a veces al P. Guardián del convento de Alcalá que les enviara a Fr. Julián para que los consolara o aconsejara y para encomendarse a sus oraciones, y siempre quedaban edificados. La fama de santidad de nuestro beato se extendió por toda España. La misma reina Doña Margarita, esposa de Felipe III, quiso conocerlo personalmente, y en tal sentido escribió a su P. Guardián, el cual lo mandó por obediencia a la corte de Madrid. La Reina lo acogió con gran respeto y veneración y se encomendó a sus oraciones; el pobre fraile, por timidez o por humildad, apenas abrió la boca. Con todo, Dña. Margarita quedó muy bien impresionada y, como muestra del alto aprecio en que lo tenía, dejó en su testamento una suma considerable de dinero para su canonización.

Después de una vida sencilla, inocente, pura, llena de buenas obras, fray Julián cayó enfermo una vez más, y comprendió que era la última enfermedad. Recibidos con gran devoción los últimos sacramentos, murió en Alcalá el 8 de abril de 1606. La noticia de su muerte se difundió rápidamente, y el clero y los universitarios, los nobles y el pueblo de Alcalá acudieron al convento de los franciscanos para venerar y despedir al siervo de Dios, cuyo cuerpo tuvo que permanecer expuesto dieciocho días para satisfacer el deseo de los fieles, y no se corrompió sino que permaneció flexible emanando un suave perfume. Lo enterraron en una capilla a la que el pueblo llamó pronto de "San Julián". Los milagros obrados por su intercesión se multiplicaron, y el papa León XII lo beatificó solemnemente el 23 de mayo de 1825.

(fuente: www.franciscanos.org)

otros santos 08 de abril:

- Santa María Rosa Julia Billiart
- Beato Augusto Czartoryski
- San Dionisio de Alejandría
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