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martes, 6 de mayo de 2014

06 de mayo: Beato Bartolomé de Montepulciano

Sacerdote de la Primera Orden Franciscana (1245 - 1330). Aprobó su culto León XIII el 24 de junio de 1880.

Bartolomé Pucci‑Franceschi nació en Montepulciano, hijo de Puccio di Francesco, nombres que fueron unidos para formar el apellido familiar.

En su juventud casó con Milla, hija del capitán Tomás de Pécora, de la cual tuvo cuatro hijos, que hacia 1290, cuando él a los 45 años de edad, decidió ingresar entre los Hermanos Menores del convento de San Francisco de Montepulciano, ya habían llegado a la mayoría de edad. Las crónicas exaltan su memorable renuncia a la familia y al rico patrimonio, su caridad para con los pobres en los tiempos de carestía, y varios milagros.

El Señor le había inspirado consagrarse a su servicio y él, dócil a la divina llamada, proveyó al porvenir de sus hijos y con el consentimiento de su mujer se hizo religioso hermano.

En la vida de convento llegó a ser modelo de perfección. Durante la oración a menudo era arrobado en éxtasis, su rostro se volvía radiante con una luz celestial, su alma encendida en un fuego divino. Se reputaba tan pequeño y pobre que no se atrevió a ser sacerdote, pero los superiores se lo impusieron y, después de un tiempo de estudios filosóficos y teológicos fue ordenado sacerdote y de inmediato se entregó humilde y devotamente al sagrado ministerio con fervor y santa vida. También entonces era tanta su humildad, que hubiera deseado vivir ignorado de todos. Su amor por el prójimo y especialmente por los más pobres y desdichados era grandísimo. Por sus oraciones a menudo Dios multiplicó el alimento para su comunidad y a favor de los necesitados.

Frecuentes apariciones de la Santísima Virgen, de ángeles y de santos lo llenaban de tanta alegría que parecía estar ya en el paraíso. Fue para toda la comunidad modelo de observancia exacta de la regla de San Francisco, del espíritu de pobreza, de castidad y de penitencias con las cuales martirizaba su cuerpo.

Bartolomé se durmió serenamente en la paz de los justos el 6 de mayo de 1330. Fue sepultado en la iglesia de San Francisco, donde permaneció hasta 1930. Luego fue trasladado a la iglesia de San Agustín.

Un catálogo de 1538 recuerda que sus reliquias se conservaban en una urna de nogal, expuesta a la pública veneración de los fieles y cerrada con dos llaves, de las cuales una era guardada por el superior del convento y la otra era confiada a los descendientes de la familia del Beato.

(fuente: franciscanos.net)

otros santos 06 de mayo:

- Santo Domingo Savio
- San Pedro Nolasco

lunes, 5 de mayo de 2014

05 de mayo: San Eutimio

Llamado EL GRANDE.

Abad en Palestina; nació en Melitene en la Baja Armenia en el año 377 d.C.; murió en el año 473. Fue educado por el obispo Otreio de Melitene, quien luego lo ordenó sacerdote y lo colocó a cargo de todos los monasterios en la Diócesis de Melitene. A la edad de veintinueve años secretamente se fue en una peregrinación a Jerusalén y se quedó por un tiempo en un asentamiento de monjes en una laura llamada Farán, cera de seis millas al este de Jerusalén. En 411 se retiró con Teoctisto, un compañero ermitaño, a la soledad, y vivió por un tiempo en una áspera caverna en las orillas de un torrente. Cuando se reunieron muchos discípulos alrededor, convirtieron la caverna en una iglesia y construyeron un monasterio que puso bajo el cuidado de Teoctisto.

La fama de la santa ermita se extendió mucho más allá de los confines de Palestina, debido a una cura milagrosa que Eutimio creyó haber efectuado en Terebón, el hijo del jefe sarraceno Aspebeto. Éste fue luego ordenado sacerdote y se convirtió en obispo de su tribu, en cuya capacidad asistió al Concilio de Éfeso en 431.

Cuando el informe de este milagro hizo famoso el nombre de Eutimio a través de toda Palestina, y grandes grupos de personas vinieron a visitarlo en su retiro, se retiró con su discípulo Domiciano al terreno inhóspito de Ruba, cerca del Mar Muerto. Aquí vivió por algún tiempo en una remota montaña llamada Marda, de donde se fue al desierto de Zifo (el antiguo Engaddi). Cuando la multitud lo siguió a este lugar también, regresó a la vecindad del monasterio de Teoctisto, donde fijó su residencia en una caverna. Cada domingo venía al monasterio de Teoctisto a participar de los servicios Divinos. A la larga, como muchos discípulos lo deseban como su director espiritual, fundó en 420, en el lado derecho del camino de Jerusalén a Jericó, una laura similar a la de Farán. La iglesia conectada con esta laura fue dedicada en 428 por Juvenal, el primer patriarca de Jerusalén. Cuando el Concilio de Calcedonia (451) condenó los errores de Eutiques fue grandemente debido a la autoridad de Eutimio que la mayoría de los ermitaños orientales aceptaron sus decretos. La emperatriz Eudoxia fue convertida a la unidad católica a través de sus esfuerzos. La Iglesia celebra su fiesta el 20 de enero, día de su muerte.

Bibliografía: BUTLER, Vidas de los Santos, 20 de enero; BARING-GOULD, Vidas de los Santos, 20 de enero; SINCLAIR en Dict. Christ. Biogr. s.v.; Acta SS., enero, II, 662- 92. Una vida muy confiable fue escrita por Cirilo de Scitópolis cerca de cuarenta años después de la muerte de Eutimio. Está publicada en Acta SS, loc. cit., también por COTELIER, Eccl. Graec. Monum. (París, 1692), IV, MONTFAUCON, Analecta Graeca (Paris, 1688), I, y en P.G., CXIV, 595-734.

Fuente: Ott, Michael. "St. Euthymius." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. .
Traducido por Luz María Hernández Medina. 
(fuente: ec.aciprensa.com)

otros santos 05 de mayo: 

- Beato Nunzio Sulprizio 
- San Hilario de Arlés

domingo, 4 de mayo de 2014

04 de mayo: Santa Afra de Brescia

Etimológicamente significa “africana”. Viene de la lengua latina.

Si el amor que perdona se convierte en un fuego, tu corazón dolorido volvería a vivir. En tus luchas interiores, Dios estaba allí y tú no lo sabías.

Fue una mártir del siglo IV. Es un nombre que deriva del continente africano. Hay dos santas con este nombre. La más célebre vivió en Alemania en el siglo III. Pertenecía a la casa de los Ausburgo de Baviera.

Durante la persecución de Diocleciano recibió la palma del martirio por amor a Cristo.

Según la tradición, Afra no estaba bautizada, sino que era simplemente catecúmena, es decir, una convertida en espera de recibir el santo bautismo.

Antes de su conversión había sido una mujer prostituta. Sin embargo, tras su conversión se obró en ella un cambio radical.

Anhelaba recibir el sacramento del bautismo para hacerse hija de Dios, pero no tuvo tiempo.

Ante los jueces que la acusaban de ser cristiana, ella dijo que lo era y a mucha honra. Entonces la condenaron y la propia sangre de su cuerpo fue para ella la señal clara de que había recibido el bautismo. Sangre por agua.

Ella es patrona de Ausburgo y de Meisen, la ciudad de la porcelana.

En Brescia se le recuerda más todavía. Aquí es venerada desde la más remota antigüedad.


EN GERONA, ESPAÑA

Cerca de Gerona hay un santuario dedicado a su nombre. Según la tradición el obispo de entonces san Narciso y su diácono fueron a Alemania. No sabiendo dónde hospedarse, tuvieron que hacerlo en la casa de esta prostituta. Ella se dio cuenta de que eran cristianos. Hablaron largo tiempo, ella se convirtió juntamente con las demás prostitutas. Murieron todos quemados por orden del gobernador.

(fuente: www.evangelizafuerte.com.mx)

otros santos 04 de mayo:

- Beato Juan Martín Moyë

sábado, 3 de mayo de 2014

03 de mayo: Beata Petronila de Troyes

Virgen religiosa de la Segunda Orden († 1355). Concedió oficio y misa en su honor Pío IX el 11 de mayo de 1854.

Petronila, nacida de la noble familia de los condes de Troyes, en Francia, fue educada religiosamente; joven aún logró ser admitida entre las hermanas clarisas del Monasterio de Provins, donde perfeccionó sus virtudes, particularmente la modestia, la humildad, la paciencia, creció en un amor ardiente y desmedido por Cristo en el Sacramento de la Eucaristía y por el Crucificado. Se preocupó mucho por edificar a sus cohermanas más con el ejemplo que con la palabra y transformó el monasterio en un centro de eficaz apostolado, extendiendo su acción benéfica particularmente entre los pecadores, los afligidos y los necesitados.

Para testimoniar su total amor a Cristo prometió buscar en todo y siempre lo más perfecto. A esta promesa siguió un empeño de continua renovación, a lo cual se añadieron numerosas penas por incomprensiones, pero Petronila salió adelante con la continua oración, asistida por Dios con favores celestiales de contemplación y éxtasis.

El rey de Francia, Felipe el Hermoso, fundó en 1309 un monasterio de hermanas clarisas, dedicado a San Juan Bautista, en Oncel, cerca de Pont‑Ste‑Maxence (Puente Santa Majencia) en la diócesis de Beauvais. Pero la construcción del monasterio se retardó por la muerte del rey y solamente en 1336 se establecieron allí doce monjas clarisas venidas de los monasterios de Longchamp, de San Marcelo de París, y de Santa Catalina de Provins. Una de las hermanas venidas de Provins era Petronila de Troyes, quien fue escogida como abadesa y fue entronizada solemnemente en presencia del rey Felipe de Valois y de la reina Juana de Borgoña. Al año siguiente, el 27 de marzo de 1337 fue consagrada la iglesia del monasterio por el cardenal de Boulogne.

La nueva abadesa formó un selecto grupo de almas generosas, entregadas a la perfección seráfica. Sobresalió por la humildad y la delicadeza para con todas sus cohermanas, especialmente para con las enfermas, mientras se hacía cada vez más profunda su unión con el esposo celestial. Pero cuántas luchas debió soportar, sobre todo por parte del demonio, que intentó arrojarla en la desesperación. Muchas jóvenes siguieron su ejemplo y pronto el monasterio de Moncel se convirtió en un cenáculo de almas selectas. Después de ocho años de sabio gobierno, Petronila renunció a su mandato, para mejor prepararse al encuentro final con el esposo celestial. Vivió todavía once años de vida oculta y humilde. El 1 de mayo de 1355 abandonó la tierra para volar a la eterna fiesta del cielo.

(fuente: franciscanos.net)

otros santos 03 de mayo:

- Beata Marie Leonie Paradis

viernes, 2 de mayo de 2014

02 de mayo: Beato Guillermo Tirry

Presbítero y mártir

Guillermo Tirry (Cork, Irlanda, 1608 - Clonmel, 12 de mayo de 1654) nació en el seno de una apreciada familia de la ciudad y le tocó vivir en tiempos en que el gobierno inglés perseguía cruelmente a los católicos. Los aspirantes a la vida religiosa y al sacerdocio se veían obligados a expatriarse para cursar los estudios teológicos y sólo podían reingresar en su país de modo clandestino.

Guillermo profesó en la Orden a los 18 años y cursó la carrera eclesiástica en Valladolid (España), París y Bruselas, ordenándose de sacerdote en 1636. En 1638 regresó a Irlanda, donde desempeñó diversas actividades pastorales, como ayudante del obispo de Cork, capellán y preceptor de familias nobles. En 1650 el gobierno inglés prohibió el culto católico y, en consecuencia, Guillermo quedó convertido en un clandestino, buscado por la policía. Arrestado el Sábado Santo, 25 marzo de 1654, mientras celebraba la misa, fue conducido a la cárcel de Clonmel, juzgado y condenado a muerte. La sentencia fue ejecutada el 12 de mayo de 1654. Tenía entonces 46 años.

Murió por la libertad y la verdad católica. Fue beatificado por Juan Pablo II el 27 de noviembre de 1992.

(fuente: www.agustinosrecoletos.com)

otros santos 02 de mayo:

- San José María Rubio y Peralta

jueves, 1 de mayo de 2014

San José, modelo de los cristianos

“Recurrimos a ti en nuestras tribulaciones, bienaventurado José... a fin de que sostenidos por tu ejemplo y tu ayuda, podamos vivir santamente...» (Oración de León XIII a San José)

Nuestros antepasados, sabiendo quizá mejor que nosotros que Dios no es extraño a ningún detalle, por pequeño que sea, de nuestro destino, se entretuvieron en estudiar el nombre de José', observando que todas las letras que lo constituyen son iniciales de virtudes primordiales del Santo: J, de justicia, 0, de obediencia, S, de silencio, E, de experiencia, P, de prudencia y H, de humildad'. Tal vez nos sintamos tentados a sonreír ante este candor que busca signos providenciales hasta en las letras de un nombre, pero hay que reconocer que esas virtudes caracterizaron en efecto el alma de José, tal como la tradición cristiana las refiere y enumera.

Todas las perfecciones evangélicas coexisten en su alma en admirable equilibrio, bajo el signo de una serenidad que se nos muestra como emanación de la divina Sabiduría.

La primera de las virtudes que colocó en su vida en un lugar de honor fue la obediencia. Siempre que el Evangelio nos habla de él es para mostrárnoslo en el ejercicio de la misma: Así pues, levantándose, hizo todo lo que Dios le había significado. “Levantarse", en el vocabulario de la Biblia, expresa la prontitud, la docilidad y la energía con que uno se entrega a la tarea que acaba de serle asignada.

José se nos aparece, pues, como el servidor que Dios conduce fácilmente, como el centurión del Evangelio al que se le dice "Ve", y él va, "Ven", y él viene, "Haz esto", y lo hace. Los hombres aún no conocían el Padrenuestro y ya José había pronunciado su frase central: "Padre, hágase tu voluntad". Había comprendido que, para los seres creados, la verdadera sabiduría consiste en vivir de acuerdo con su Creador, a semejanza del Hijo de Dios, que al venir a este mundo se ofreció en oblación: Aquí estoy, Padre, para hacer tu voluntad. Así, a cada consigna del cielo, se entrega a su cumplimiento como un niño, es dócil a todas sus llamadas, rápido en responder a todos los trabajos, a todas las pruebas, a todos los sacrificios. Ha puesto toda su vida en manos de Dios: está siempre a la escucha, al acecho de sus mandatos. No sabe a dónde le conduce Dios, pero le basta con saberse conducido por él. jamás desfallece en su misión. No regatea, no tergiversa, no objeta nada, no pide explicaciones. No se irrita, no se queja cuando se le trata aparentemente sin miramientos y sólo se ve iluminado en el último momento. No retarda el momento de entregarse. Va hasta el fin en el cumplimiento de su deber sin dejarse intimidar por nada.

La obediencia es propia de almas fuertes y humildes. Solo Dios podría medir la profundidad de la humildad de José. Se sabía incomparablemente privilegiado por Dios, en razón de su misión, y, sin embargo, no se siente aplastado por la grandeza de su vocación, como tampoco piensa en envanecerse o en reservarse un puesto en el gran misterio de la Encarnación que domina la Historia; ni siquiera utiliza su título de padre adoptivo del Hijo de Dios para destacarse y subirse en un pedestal. Allí donde otros hubiesen caído en el orgullo, él, que tan a menudo ha meditado el Magnificat de su esposa, se abaja más y más. En todo lo bueno que descubre en él no ve más que un don gratuito de Dios y de su liberalidad. Sólo se distingue de los demás por su profunda modestia y su discreción total. Más todavía que Isabel, se dice: ¿De dónde me viene la dicha que supone el que mi Dios y su Madre se dignen habitar en mi casa? Y más también que Juan Bautista, añade: Es menester que Jesús crezca y yo disminuya.

Pone todo su empeño en servir a los designios de Dios y lo hace sin agitación, sin ruido, en un silencio tal que el Evangelio no nos transmite una sola palabra suya. En todas las situaciones singulares en que Dios le pone, permanece silencioso y tranquilo. Sabe que la tarea de un servidor no consiste en hablar, sino en escuchar la voz de quien le manda, y que el silencio es e¡ ambiente propio de una vida que busca estar unida a Dios, conservar el contacto con El.

No tenemos por qué lamentar no conocer ninguna palabra de José, pues su lección y su mensaje son precisamente su silencio. Se' sabe depositario del secreto del Padre eterno y, para mejor. guardarlo sin que nada se transparente, se envuelve él mismo en el secreto; no quiere que se vea en él más que un obrero que trabaja duro para ganarse el pan, temiendo que sus palabras obstaculicen la manifestación del Verbo. Su desaparecer silencioso no expresa tan sólo su aceptación de los designios divinos; es también un rendido homenaje a las magnificencias de Dios, la expresión de su asombro frente a lo que ha querido hacer de él, un pobre hombre que nada merece. Se reconoce tan repleto de dones que. sólo el silencio le parece digno de sus acciones de gracias. Las palabras le faltan para expresar su anonadamiento ante el misterio que se desarrolla en su casa. Necesita un recogimiento cada vez más profundo para meditar todas las gracias cuyo recuerdo guarda en su corazón.

Hay quien no ve en José, el silencioso, más que un pobre santo arcaico que vivió hace dos mil años en un oscuro pueblo y que no tiene nada que enseñar a los hombres de hoy. La realidad es, por el contrario, que muestra a nuestra época —la cual no brilla precisamente por su modestia y su sumisión— las enseñanzas más urgentes y necesarias. Ningún modelo con más verdadera grandeza. Actualmente no se estima más que la agitación, el ruido, el oropel, el resultado inmediato. Falta fe en las ventajas y la fecundidad del retiro, del silencio, de la meditación; esas virtudes primordiales no aparecen ya más que como prácticas periclitadas, esfuerzos perdidos para el progreso del mundo. Se rechaza todo lo que contraría un vulgar aburguesamiento. Todo contribuye, en nuestros días, a exaltar la independencia de la persona humana y a reivindicar unos pretendidos derechos. El gran sueño de muchos hombres es tener un nombre y cubrirse de oropeles, obtener distinciones, subirse a un estrado, tener una situación que obligue a los demás a inclinarse ante ellos.

José nos enseña que la única grandeza consiste en servir a Dios y al prójimo, que la única fecundidad procede de una vida que, desdeñando el brillo y las hazañas pendencieras, se aplica a realizar consciente y amorosamente su deber, por humilde que sea, sin buscar otra compensación que agradar a Dios y someterse a sus designios, no teniendo otro temor que no servir bastante bien. Servidor por excelencia es aquel que, olvidándose de sí mismo, no vive más que para .la gloria de su Señor y organiza toda su existencia en función de esa gloria; No ' busca una actividad incesante, porque es dentro de su alma donde no cesa de crecer su amor, siempre a la escucha de la voluntad divina, en espera de la menor indicación para actuar.

El mensaje de José es una llamada a la primacía de la vida interior, de la contemplación sobre la acción exterior y la agitación;, nos habla de la urgencia de la abnegación, fundamento indispensable' de toda fecundidad.

Nos enseña, finalmente, que lo esencial no es parecer, sino ser; no es estar adornado de títulos, sino servir, vivir la vida bajo el signo del querer divino y la busca de la gloria de Dios.

Sobre la santidad incomparable de José, fulgurante de esplendores ocultos, planean las palabras que pronunció Jesús: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado esas cosas a los sabios y prudentes y se las has revelado a los humildes (Mt 11, 25).

extracto de "Los Silencios de José"
escrito por Padre Michel Gasnier, O,F
(fuentes: www.encuentra.com; www.corazones.org)

01 de mayo: San Jeremías, Profeta

(566 A.C.)
Se llama "profeta" al que trae mensajes de Dios.

 En el Antiguo Testamento los profetas se dividen en dos clases: Profetas mayores, los que redactaron escritos más largos. Estos son Isaías y Jeremías, Ezequiel y Daniel. Y Profetas Menores, los que redactaron escritos más breves. Estos son 12. Por ej. Oseas y Miqueas. Sofonías, Zacarías, Abdías y Malaquías. Joel y Amos, etc. Jeremías pertenece al grupo de los Profetas Mayores.

El nombre Jeremías significa: "Dios me eleva".

Vivía en Anatot un pueblecito cercano de Jerusalén (a 5 kilómetros) en la finca de sus padres, cuando fue llamado por Dios a profetizar. Jeremías se resistía aduciendo como excusa que él era demasiado joven y débil para este oficio tan importante y Dios le respondió: "No digas que eres demasiado joven o demasiado débil, porque Yo iré contigo y te ayudaré".

Los primeros 17 años profetizó solo por medio de la palabra hablada. Después empezó a dictar sus profecías a su secretario Baruc, y lo que le dictó son los 52 capítulos del Libro de Jeremías en la Biblia.

Empezó a profetizar durante el reinado del piadoso rey Josías (año 627 antes de Cristo). Siguió profetizando durante los reinados de Joacaz, Joaquín, Jeconias y Sedecías. Presenció la destrucción de Jerusalén y su templo (año 585 antes de Cristo) y se quedó en la ciudad destruida consolando y corrigiendo a los israelitas que allí habían quedado. Estos lo obligaron luego a irse con ellos a Egipto y allá lo mataron a pedradas porque les corregía sus maldades. Quizás Jesús pensaba en Jeremías cuando decía: "Oh Israel que apedreas a los profetas que te son enviados" (Lc. 13,34).

El principal problema para Jeremías fue que la gente no lo comprendió ni le quiso hacer caso. De los cinco reyes en cuyo tiempo tuvo que vivir, sólo uno le hizo caso: fue el piadoso rey Josías, que se propuso restaurar la religiosidad en todo el país y se dejó ayudar de Jeremías para entusiasmar al pueblo por Dios. Pero los otros cuatro lo despreciaron y no quisieron atender a los avisos que él les deba en nombre de Dios (como hacen los gobernantes de ahora cuando los obispos les advierten acerca de las leyes dañosas que apoyan el aborto, el divorcio, la inmoralidad, y el quitar la religión de la enseñanza. Se hacen los sordos. Pero después, como les sucedió a los reyes malos del tiempo de Jeremías, verán los malos efectos de no haber querido obedecer a Dios que habla por medio de sus enviados).

El rey Joaquín quemó las profecías que había mandado escribir Jeremías, y este tuvo que hacerlas escribir otra vez. En tiempos del rey Sedecás encarcelaron al profeta y lo metieron en un pozo muy profundo lleno de lodo, y casi se muere allí, y probablemente ese estarse allí en tan grande humedad debió afectarle mucho la salud.

Muchísimas veces fue amenazado de muerte si seguía profetizando en contra de la ciudad y los gobernantes. Pero Dios le anunció: "Te haré fuerte como el diamante si no te acobardas. Pero si te dejas llevar por el miedo, me apartaré de ti". Y Jeremías no se acobardó y siguió predicando.

El oficio de este profeta era anunciar al pueblo y a sus gobernantes que si no se convertían de sus maldades tendrían espantosos castigos y la ciudad sería destruida y ellos muertos o llevados al destierro. Esto lo gritaba él continuamente en el templo y en las calles y plazas. Pero la gente se burlaba y seguían portándose tan mal como antes.

Muchas veces Jeremías clamaba a Dios diciendo: "Señor, estoy cansado de hablar sin que me escuchen. ¡Todos se burlan de mí! Cuando paso por las calles se ríen y dicen: ‘Allá va el de las malas noticias’. ¡Miren al que regaña y anuncia cosas tristes! Señor me propongo decirles cosas amables y Tu en cambio pones en mis labios anuncios terroríficos!".

Dicen que el profeta Jeremías fue en la antigüedad el que más se asemejó a Jesús en sus sufrimientos y en ser incomprendido y perseguido. Solamente después de su muerte reconoció el pueblo la gran santidad de este profeta. Y cuando todas sus profecías se hubieron cumplido a la letra, se dieron cuenta de que sí había hablado en nombre de Dios. Lástima que lo reconocieran cuando ya era demasiado tarde.

(fuente: www.ewtn.com)

otros santos 01 de mayo:

- San José
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