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sábado, 21 de febrero de 2015

21 de febrero: San León Karasuma


Mártir en el Japón, coreano, de la Tercera Orden († 1597).
Canonizado por Pío IX el 8 de junio de 1862.

León Karasuma fue el primer terciario franciscano en el Japón y bien pronto el más activo y dinámico cooperador de la misión. Nacido de noble familia en Corea, fue encomendado a los bonzos por sus padres para que lo educaran en la religión pagana, y llegó a ser bonzo. Como bonzo fue acérrimo enemigo del cristianismo, amenazaba a cuantos delante de él mencionaban a Cristo y su religión. Perseguía a los cristianos en todas las formas. Dios, que quería hacer de él un vaso de elección, como un día san Pablo Apóstol en el camino de Damasco, dispuso que de Corea León se trasladase al Japón. Allí tuvo la fortuna de encontrarse con un intrépido cristiano que le habló largamente de Cristo, del Evangelio y de la religión católica. Lentamente sus ojos se abrieron a la verdad, descubrió la divinidad de Cristo y la belleza de su religión. Decidió entonces bautizarse y hacerse terciario franciscano.

Poco después llegaron a Meaco los frailes provenientes de Filipinas. Fue conquistado por su estilo de vida, su pobreza y su simplicidad, y el ardor de su predicación evangélica. Pidió y obtuvo, después de larga preparación, el bautismo y los demás sacramentos. Se hizo compañero asiduo y colaborador de San Pedro Bautista. Dirigió como técnico la construcción de iglesias y conventos, hospitales y otras obras caritativas. A menudo era al mismo tiempo arquitecto y obrero manual en el trabajo de las construcciones. Conocía diversas lenguas y con frecuencia hizo el oficio de intérprete.

Este ejemplo de dinámica actividad influyó mucho en los paganos que se convertían y sobre los cristianos que lo ayudaban en las actividades.

Convirtió a muchos paganos, entre ellos a su hermano mayor, que luego fue compañero suyo en el martirio. Arrestado el 31 de diciembre de 1596 y martirizado en Nagasaki el 5 de febrero siguiente con veinticinco compañeros, canonizados por Pío IX el 8 de junio de 1862.

(fuente: franciscanos.net)

otros santos 21 de febrero:

- San Pedro Damián
- San Germán de Granfeld, abad

viernes, 20 de febrero de 2015

20 de febrero: San Tiranión de Tiro

Obispo y mártir
†: 311 - país: Turquía
canonización: pre-congregación

En Antioquía, en Siria, conmemoración de san Tiranión, obispo de Tiro y mártir, que educado en la fe cristiana desde su más tierna edad, alcanzó la corona de la gloria al ser desgarrado con garfios de hierro, junto con el presbítero Zenobio.Los hechos que leeremos en la narración de Eusebio de Cesarea ocurrieron en el año 304, en la ciudad de Tiro; de ellos el propio Eusebio fue testigo, y lo cuenta de primera mano. Sin embargo, esta persecución, en conjunto, duró varios años, y tenemos mártires vinculados a los mismos hechos desde el 304 hasta el 311.

-El primer grupo es el de los cinco mártires de Tiro, celebrados el 20 de febrero, martirio que ocurrió el 304.

-El mismo 20 de febrero, pero por entrada aparte, al corresponder a un martirio del año 311, celebramos a san Tiranión de Tiro. Tiranión había presenciado los martirios del 304 y alentado a los mártires, pero recién seis años después le tomaron preso y le condujeron, junto con san Zenobio de Tiro, a Antioquía de Siria, y tras hacerle sufrir crueles torturas, fue arrojado al río Orontes.

-A san Zenobio de Tiro, médico y sacerdote de la ciudad de Sidón, lo celebramos el 29 de octubre. Él padeció las torturas junto con Tiranión, pero murió en el potro.

-Durante el reinado de Maximino, san Silvano, obispo de Emesa de Fenicia fue devorado por las fieras en su propia ciudad, hacia el 310, y lo celebramos el 6 de febrero.

-En fecha desconocida, pero que celebramos el 4 de mayo, san Silvano, obispo de Gaza, fue condenado a trabajar en las minas de Fennes, cerca de Petra, en Arabia y más tarde fue decapitado allí, con otros treinta y nueve compañeros.

-Posiblemente pertenezcan al mismo conjunto (pero les hemos puesto noticia aparte) los sacerdotes egipcios Peleo, Nilo y sus compañeros, que muerieron en Palestina en el 310, y celebramos el 19 de septiembre.

Eusebio narra en los siguientes términos el martirio que presenció:

Varios cristianos egipcios que se habían establecido en Palestina y otros en Tiro, dieron pruebas de su paciencia y de su constancia en la fe. Después de haber sido golpeados innumerables veces, cosa que soportaron con gran paciencia, fueron arrojados a los leopardos, osos salvajes, jabalíes y toros. Yo estaba presente cuando esas bestias, sedientas de sangre humana, hicieron su aparición en la arena; pero, en vez de devorar o destrozar a los mártires, se mantuvieron a distancia de ellos, sin tocarles, y se volvieron en cambio contra los domadores y cuantos se hallaban cerca; sólo respetaron a los soldados de Cristo, a pesar de que éstos obedeciendo a las órdenes recibidas, agitaban los brazos para provocar a las fieras. Algunas veces, éstas se lanzaron sobre ellos con su habitual ferocidad, pero volvían siempre atrás, como movidas por una fuerza sobrenatural. El hecho se repitió varias veces, con gran admiración de los espectadores. Los verdugos reemplazaron dos veces a las fieras, pero fue en vano. Los mártires permanecían impasibles.

Entre ellos se hallaba un joven de menos de veinte años, que no se movía de su sitio y conservaba una serenidad absoluta; con los ojos elevados al cielo y los brazos en cruz, en tanto que los osos y los leopardos con las fauces abiertas amenazaban con devorarle de un momento a otro; sólo por un milagro de Dios se explica que no le tocasen. Otros mártires se hallaban expuestos a los ataques de un toro furioso, que ya había herido y golpeado a varios domadores, y dejándolos medio muertos; pero el toro no atacó a los mártires; aunque parecía que iba a lanzarse sobre ellos: sus pezuñas rascaban furiosamente el suelo y agitaba la cornamenta en todas direcciones, pero sin llegar a embestir a los mártires, a pesar de que los verdugos lo incitaban con capas rojas. Después de varios intentos inútiles con diferentes fieras, los santos fueron finalmente decapitados y sus cuerpos arrojados al mar. Otros que se negaron a ofrecer sacrificios a los dioses, murieron apaleados, quemados y también ejecutados en distintas formas.»

Eusebio, Hist. Eccles., vol. VIII, cap. 13, es la mejor de las autoridades a este respecto, pero el Acta Sanctorum y el Oriens Christianus de Le Quien, proporcionan otros datos, discusiones y detalles geográficos.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
www.eltestigofiel.org

otros santos 20 de febrero:

- Beata Jacinta Marto
- San León de Catania

jueves, 19 de febrero de 2015

19 de febrero: San Quodvultdeus

Obispo

Martirologio Romano: En Nápoles, Italia, sepultura de san Quodvultdeus, obispo de Cartago, que desterrado junto con su clero por el rey arriano Genserico, fueron abandonados en el mar en naves viejas, sin remos ni velas, y, contra toda esperanza, llegaron a Nápoles, dónde murió el mencionado obispo como confesor de la fe († c.444).

Fecha de canonización: Información no disponible, la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma: el Papa.

Etimologicamente: Quodvultdeus = Lo que Dios quiera, es de origen latino


Breve Biografía

Quodvultdeus , Obispo de Cartago, fue amigo y discípulo de san Agustín de Hipona. Gobernaba apaciblemente a su rebaño de fieles, pero Genserico, rey de los vándalos, se apoderó de la ciudad, en 438, y comenzó una persecución contra los cristianos. El conquistador, hereje arriano y enemigo de la fe católica, sometió al obispo a la tortura y, como no pudiera conseguir que apostatara, se apoderó de él y de otros miembros del clero, y los obligó a embarcarse en navios averiados para que naufragaran. Pero un milagro les preservó y pudieron arribar sanos y salvos a las costas de Campania.

A partir de este momento, ya no se tienen más detalles de los últimos años del obispo. Se cree que murió en Nápoles hacia el año 444.

No hay que confundirlo con el diácono Quodvultdeus que envió dos cartas a san Agustín.

Hasta hace unos años, el nombre de San Quodvultdeus estaba inscrito en el Martirologio Romano el día 26 de octubre. El redactor de la edición de 1922 creyó que debía trasladar su fiesta al día 19 de febrero, ya que en tal fecha estaba inscrito en un calendario de Nápoles.

VIDAS DE LOS SANTOS Edición 1965
Autor: Alban Butler (†)
Traductor: Wilfredo Guinea, S.J.
Editorial: COLLIER'S INTERNATIONAL - JOHN W. CLUTE, S. A. 
(fuente: catholic.net)

otros santos 19 de febrero:

- Beato Conrado Confalonieri de Piacenza
- San Beato de Liébana

miércoles, 18 de febrero de 2015

18 de febrero: San Angilberto

Abad de Saint Riquier (Francia durante la ocupación de Carlomagno).

Falleció el 18 febrero del 814.

Gilberto parece haber sido admitido en la corte de Carlomagno, donde él era alumno y amigo del gran Maestro inglés Alcuin. Le Formaron para la vida eclesiástica y debe de haber ingresado en órdenes menores a temprana edad, pero él acompañó al joven Rey Pepin a Italia en el año 782 en la conducción de palatii del primicerius, tarea que implicó mucha administración secular. La academia de hombres de letras formó a Gilberto como ilustre judicial de la corte de Carlomagno.

Era conocido como Homero, y partes de sus trabajos, todavía existen, mostrando que la habilidad invertida fue considerable.

En varias oportunidades fue como enviado al Papa, identificándose en su controversia con la visión heterodoxa de Carlomagno.

En el 790 fue nombrado Abad de Centula, después conocido como Saint Riquier, en Picardy, y por la ayuda de sus amigos poderosos no sólo reconstruyó sino que restauró el monasterio de manera suntuosa y lo dotó de una preciosa biblioteca de 200 volúmenes. En el 800 tuvo el honor de ser recibido por Carlomagno como su invitado. Por lo que parece probable que Gilberto en este periodo (si era ya sacerdote es dudoso) estaba llevando una vida muy mundana.

Las circunstancias no son claras para los historiadores de entonces, pero los modernos consideraron indudablemente que Gilberto tenía un amorío con Bertha, hija de Carlomagno, y fue con ella padre de dos niños, uno de ellos fue el muy conocido cronista Nithard. Esta intriga sobre Gilberto, a veces considerada como matrimonio, ha sido disputada por algunos estudiosos, pero ahora se admite generalmente.

Probablemente debamos recordar que las canonizaciones populares de esa época estaban sujetas a una investigación pequeña o muy informal y envuelta de conducta pasada o virtud. Sin embargo, el biógrafo de Gilberto en el siglo XII declara que el abad, antes de su muerte, hizo una ardua penitencia por este "matrimonio", y el historiador Nithard, en el mismo pasaje en el que afirma que Gilberto era su padre, también declara que el cuerpo de Gilberto se encontró incorrupto algunos años después de su entierro.

Se le considera autor de un fragmento de un poema épico de Carlomagno y León III, pero la paternidad literaria aún se disputa. Por otro lado, Monod cree que él es con toda seguridad responsable de las porciones del famoso "Annales Laurisenses “

escrito por HERBERT THURSTON 
Transcrito por Michael C. Tinkler 
Traducción Gustavo A. Flores 
(fuente: ec.aciprensa.com)

otros santos 18 de febrero:

martes, 17 de febrero de 2015

17 de febrero: Beato Lucas Belludi

«Este heraldo de san Antonio de Padua engarzó con su vida una hermosa sinfonía de fraternidad y comunión. Tal fue su vínculo con el santo capuchino que fue denominado Lucas de san Antonio. Escribió sus Sermones»

Madrid, 17 de febrero de 2014 (Zenit.org) Hoy se celebra a los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de la Virgen María, y también, entre otros, la de este beato.

La vida de un apóstol es una aventura apasionante. Una misteriosa dádiva otorgada al margen de flaquezas y cualidades le hace permeable a la gracia. Lleno de celo apostólico, instado por el Espíritu Santo a compartir su fe con todo aquel que pase por su lado, tiene en sus manos la imponente responsabilidad de influir en la vida de una persona, –porque esa es la voluntad de Dios que lo ha elegido libremente destinándole a dar abundantes frutos (Jn 15, 16-17)–, para que oriente sus pasos hacia Él. La gracia que siempre actúa poniendo en sus labios las palabras exactas que ha de pronunciar, y la disponibilidad de cada uno a recibir el don de la vocación, obran ese prodigio incomparable que han vivido en carne propia tantos hombres y mujeres de todos los tiempos. Lucas fue uno de los agraciados para seguir a Cristo y hacerlo, además, acompañando a uno de los más estimados santos de la Iglesia: Antonio de Padua. Por si fuera poco, el pistoletazo de salida para su entrega definitiva se lo dio personalmente san Francisco de Asís.

Nació en Padua, Italia, en el seno de la adinerada familia Belludi, a finales del siglo XII o al inicio del XIII. Fue un hombre profundo y sencillo, excelente predicador; poseía una vasta cultura. En 1220 fue cuando se produjo su decisivo encuentro con san Francisco. La presencia del Poverello en la ciudad tenía carácter apostólico. Era una escala de Francisco que se produjo tras el paso por Oriente y en la que aprovechó su estancia en Padua para fundar un convento cerca de Venecia, que se erigió al lado de la iglesia de Santa María de Arcella. Fue un lugar emblemático, lleno de historia. En el hospicio para los frailes que lo atendían, el santo de Asís –al igual que hizo con una integrante de las Damas Pobres de santa Clara, la beata Elena Enselmini– impuso a Lucas el hábito que le convertía en miembro de la Orden de los Frailes Menores. Todo parece indicar que su amor por el sacerdocio se lo debió a Francisco que apreció en él las virtudes y disposición requeridas para ello.

Lucas convivió durante siete años, caracterizados por una intensa labor apostólica, oración y penitencia, junto a esa primera comunidad que habitó el convento. Allí escribió los Sermones que eran fruto de su reflexión y profundas vivencias. La divina Providencia quiso que en esa época se encontrara con Antonio. Éste había regresado a Italia en 1227 después de haber predicado en el sur de Francia. Pentecostés de ese año había tenido un peso significativo en la vida de este gran santo capuchino, ya que fue designado ministro provincial del norte de Italia. Lucas estuvo presente en ese capítulo general realizado en La Porciúncula, y ya no se separaría de él. De modo que, ambos, Antonio y él, llevaron el mismo camino. Se convirtió en su brazo derecho, le acompañó a todas partes, y fue testigo de su predicación ante el pontífice Gregorio IX en la Cuaresma de 1227.

Tres años más tarde, siempre unidos en el mismo espíritu, llegaron a la ciudad de Asís en la que se celebró un nuevo capítulo general. Fueron instantes plagados de emociones y vivencias espirituales compartidos con numerosos frailes que se hallaban presentes en el traslado del cuerpo de san Francisco. Sus restos se encontraban en la iglesia de San Jorge y descansarían a partir de entonces en la basílica construida en la colina del Paraíso.

La salud de Antonio andaba entonces bastante maltrecha. Su fama de santidad le precedía y las noticias sobre los hechos prodigiosos que se obraban en su presencia habían traspasado fronteras. Nobles y plebeyos se lo disputaban. Al regreso de Asís, el conde Tiso lo acogió en Camposampiero. Lucas, que siempre estaba al lado de Antonio, previniendo su fin dispuso su traslado a Padua. Y fue en Arcella donde le acompañó y le asistió permaneciendo junto a él hasta que exhaló su último aliento el 13 de junio de 1231. El estrecho lazo que vinculó a ambos propiciaría su denominación de «Lucas de san Antonio». Después de la muerte de éste, Lucas fue elegido ministro provincial en distintas ocasiones. En esa época, el temido Ezzelino II, que ejercía un poder autoritario en la región y oprimía a la Iglesia, tuvo noticias de su valentía porque no dudó en enfrentarse a su lugarteniente Ansedisio denunciando los constantes abusos, crueldades y tropelías del gobernante. El resultado fue el destierro y el embargo de las posesiones de su familia.

Lucas prosiguió trabajando, redactando los Sermones de Antonio que publicó. Además, escribió sus propios Sermones Dominicales junto a diversas obras que en su mayoría aún permanecen inéditas. Testigo privilegiado de las virtudes del santo de Padua, fue promotor de su causa (Antonio fue canonizado a los once meses de su fallecimiento por Gregorio IX) y estuvo también al frente de la construcción de su basílica en esta ciudad. Entonces era provincial y en el transcurso de su misión fue artífice de nuevos conventos. Este hombre humilde y caritativo murió en el hospicio de la Arcella (Padua) el 17 de febrero de 1286. Se dio la circunstancia de que su cuerpo fue enterrado en el mismo sepulcro que inicialmente había acogido el de Antonio, sepultura que se halla en la basílica erigida en su honor. En 1971 sus restos se trasladaron a otra tumba ubicada en el mismo templo. Su culto fue aprobado el 18 de mayo de 1927 por Pío XI.

escrito por Isabel Orellana Vilches (17 de febrero de 2014) © Innovative Media Inc.

otros santos 17 de febrero:

- San Flaviano de Constantinopla

lunes, 16 de febrero de 2015

16 de febrero: Santa Juliana (o Ileana)

Virgen y Mártir

Martirologio Romano: En la Campania, santa Juliana, virgen y mártir (s. inc.).

Cuando llegó la paz de Constantino, la matrona Sofronia tomó las reliquias del cuerpo de la mártir Juliana con la intención de llevarlas consigo a Roma. Por una tempestad, tuvo que desembarcar en Puzoli donde le edificó un templo que luego destruyeron los lombardos. Las reliquias se vieron peligrar y prudentemente se trasladaron a Nápoles donde reposan y se veneran con gran devoción.

En Nicomedia tuvieron lugar los hechos, de mil maneras narrados y con toda clase de matices comentados, en torno a esta santa que hizo un proyecto de su vida contrapuesto al deseado por su padre. Los narraré escuetamente adelantando ya que fue por la persecución de Maximiano.

Juliana es hija de una conocida familia ilustre pero con un padre pagano metido en el ejercicio del Derecho - que cuando llega el momento llega a convertirse en perseguidor de los cristianos - y una madre agnóstica. Ella, por la situación del entorno familiar nada favorable para la vivencia cristiana, se ha hecho bautizar en secreto. Además se le ha ocurrido entregarse enteramente a Cristo y no entra el casamiento en sus planes de futuro. Este es el marco.

La dificultad del caso comienza cuando Eluzo, que es un senador joven, quiere casarse con Juliana. La cosa se pone aún más interesante porque, conociendo que Eluzo bebe los vientos por su hija, ya ha concertado el padre el matrimonio entre el senador y la joven, comprometiendo su honorabilidad.

La supuesta novia lo recibe amablemente y con cortesía haciendo gala de su esmerada educación. Pero, al llegar el momento culminante de los detalles matrimoniales, salta sobre el tapete una condición al aspirante con la intención de desligarse del compromiso. No lo aceptará -le dice- mientras no sea juez y prefecto de la ciudad. Claro que eso era como pedir la luna; pero se vio pillada en sus palabras ya que en poco tiempo, gracias a influencias, dinero y valía personal, Eluzo se ha convertido en juez y prefecto de Nicomedia; además, continúa insistiendo en sus pretensiones matrimoniales con Juliana. La doncella mantiene la dignidad dándole toda clase de felicitaciones y parabienes, al tiempo que le asegura no poder aceptar el matrimonio hasta que se dé otra condición imprescindible para cubrir la sima que los separa: debe hacerse cristiano.

Ante tamaño disparate es el propio Eluzo quien pondrá al padre al corriente de lo que está pasando y de la «novedad» que se presenta. «Si eso es verdad, seremos juez y fiscal para mi hija». Juliana sólo sabe contestar a su padre furioso que ansía ser la primera dama de la ciudad, pero que sin ser cristiano, todo lo demás lo estima en nada.

«Por Apolo y Diana! Más quiero verte muerta que cristiana».

Convertida al cristianismo, se destacó por su entusiasmo y ardor en la difusión de la fe, por lo que fue encarcelada, torturada y finalmente decapitada el año 305. Su cuerpo fue trasladado a Cumas, en Italia, y posteriormente su reliquias llegaron a España, donde en su honor los condes de Castilla levantaron el célebre monasterio de Santillana (Santa Ileana), uno de los mejores monumentos de la Edad Media española

En la conversación tratará a su padre con respeto y amor de hija, pero... «mi Salvador es Jesucristo en quien tengo puesta toda mi confianza». Vienen los tormentos esperados cuando las razones no son escuchadas. Estaño derretido y fuego; además, cárcel para darle tiempo a pensar y llevarla a un cambio de actitud. Finalmente, con 18 años, se le corta la cabeza el 16 de febrero del 308.

Alguna vez hay padres «se pasan» al forzar a sus hijos cuando tienen que elegir estado. Esto tiene más complicaciones si razones profundas, como la fe práctica, dificulta la comprensión de los motivos que distancian. ¿No pensaría el padre de Juliana que sin matrimonio y cristiana su hija sería desgraciada? Quizá con viva fe cristiana llegara a vislumbrar que Jesucristo llena más que el dinero, el poder, la dignidad y la fama.

Uno de los hechos más característicos de las «Actas», es la discusión que tuvo la santa con el demonio, el cual, disfrazado cono un ángel de luz, trataba de persuadirla para que accediese a los deseos de su padre y de su pretendiente. Por ello, el arte medieval representaba comúnmente a Santa Juliana con una cadena o una cuerda disponiéndose a atar a un demonio alado.

(fuentes: Archidiócesis de Madrid; catholic.net)

otros santos 16 de febrero:

- Beata Felipa Mareri

domingo, 15 de febrero de 2015

15 de febrero: Beato Miguel Sopocko

Presbítero y Fundador
Director espiritual de Santa Faustina Kowalska

Martirologio Romano: En Białystok, Polonia, beato Michal Sopocko, presbítero, fundador de las Hermanas de Jesús Misericordioso (1975).

Fecha de beatificación: Fue beatificado el 28 de septiembre de 2008 en el Santuario de la Divina Misericordia en Bialystok, bajo el pontificado de S. S. Benedicto XVI.

Miguel Sopocko nació el 1 de noviembre de 1888 en Nowosady (Juszewszczyzna), en aquel entonces parte de la Rusia Imperial. La autoridad zarista perseguía a la Iglesia Católica, y también a los polacos y lituanos dentro de sus territorios. En la familia Sopocko, que era de noble linaje, las tradiciones polacas y católicas se conservan y fortalecían.

El joven Miguel maduró en esa atmósfera religiosa y patriótica, sentía un fuerte deseo de servicio incondicional a Dios, a la Iglesia y a la humanidad, por ello ingresó al Seminario Mayor de Vilna. El 15 de junio de 1914, fue ordenado al sacerdocio por el Obispo Franciszek Karewicz.

Por cuatro años (1914-1918) laboró como vicario parroquial en Taboryszki, donde abrió dos misioneras en Miedniki y Onżadw, así como diversas escuelas.

Informado por alguien de que las autoridades alemanas de la zona lo buscaban para arrestarlo, el dejó la parroquia y se traslado a Varsovia. Allí asumió el cargo de capellán del ejército polaco. Mientras se dedicaba a su ministerio como capellán, ingresó a estudiar en la Facultad de Teología de la Universidad de Varsovia en la que obtuvo un doctorado. Al mismo tiempo, se graduó del Instituto Pedagógico Nacional. En 1924, se convirtió en uno de los coordinador regional de los capellanes militares, con sede en Vilna.

En 1927, el arzobispo Romuald Jalbrzykowski le encomendó la responsabilidad de ser el Director Espiritual del Seminario Mayor. Durante este mismo período fue profesor en la Facultad de Teología en la Universidad Stefan Batory, también en Vilna. Finalmente pidió al Arzobispo ponerlo en libertad de su pastoral castrense y del seminario. Su deseo era dedicarse totalmente a los estudios teológicos. En 1934, recibió el título de “docente” en teología pastoral. Mientras enseñaba, nunca ha olvidó la importancia del servicio pastoral.

Fue rector de la Iglesia de San Miguel y también sirvió como confesor de Hermanas de la Congregación de María Madre de la Misericordia..

Uno de los acontecimientos más importantes en la vida de Fr. Sopocko se produjo en 1933, cuando se convirtió en el director espiritual de Sor (ahora Santa) Faustina Kowalska. Él siguió prestando asistencia a la Santa después de que fuera trasladada a Łagiewniki, donde ella murió el 5 de octubre de 1938.

Como su confesor, él emprendió una evaluación completa de las experiencias místicas de Sor Faustina sobre la devoción a la Divina Misericordia. Siguiendo un consejo dado por él, ella escribió su "Diario”, material que hasta el momento sigue siendo de valiosa inspiración espiritual.

Sor Faustina, apoyándose en las revelaciones del Salvador que experimentaba aún de llegar a Vilna, le hablaba al padre Sopocko de las indicaciones que recibía durante esas revelaciones. Se trataba de pintar el cuadro del Salvador Misericordioso, establecer el la Fiesta de la Divina Misericordia para el primer domingo después de la Pascua y fundar una nueva Congregación Conventual. La Divina Providencia confió la realización de estas tareas al padre Sopocko.

Apoyado en la doctrina de la iglesia, buscaba los argumentos teológicos que explicaran la existencia de la cualidad de la misericordia en Dios y los fundamentos para fijar como fiesta el día mencionado en las revelaciones. Los resultados de sus investigaciones y los argumentos para introducir el día en el calendario festivo de la iglesia, los presentó en varios artículos en las revistas teológicas y en varios trabajos autónomos acerca del tema de la Divina Misericordia.

En junio de 1936 en Vilna, publicó el primer folleto titulado “Divina Misericordia” con la imagen de Jesucristo Misericordioso en la portada (creado por el artista Eugeniusz Kazimirowski). Envió esa publicación a todos los obispos reunidos en la conferencia del Episcopado en Czestochowa. Sin embargo, no recibió ni una respuesta de alguno de ellos. El segundo folleto titulado “Divina Misericordia en la liturgia” se publicó en 1937 en Poznan.

En 1938, él estableció un comité para construir la Iglesia de Divina Misericordia en Vilna. Sin embargo, este esfuerzo tuvo que ser detenido al iniciar la Segunda Guerra Mundial. Pero a pesar de la guerra y la ocupación alemana, Fr. Sopocko persistió en sus esfuerzos para promover la devoción a la Divina Misericordia. Lleno de celo, ayudó constantemente a aquéllos que fueron oprimidos y amenazados con el exterminio, por ejemplo, las numerosa población judía. Afortunadamente, él logró evitar ser arrestado.

En 1942, junto con los profesores y estudiantes del seminario, fue obligado a ocultarse cerca de Vilna. Permanecería oculto por dos años, fue en ese tiempo que Fr. Sopocko tuvo un rol importante en la creación de una nueva Congregación Religiosa. Según las revelaciones de Sor Faustina, esta Congregación tendría como fin promover la devoción a la Divina Misericordia. Después de la Guerra, él escribió la Constitución de la Congregación, y trabajó activamente en el crecimiento y desarrollo de lo que nosotros conocemos como la Congregación de las Hermanas de la Divina Misericordia.

En 1947, Arzobispo Jalbrzykowski, que desde dos años antes estaba en Bialystok con su Curia diocesana, buscó que Fr. Sopocko se trasladara a esa ciudad. Él aceptó una posición como profesor en el Seminario Mayor Arquidiocesano. Allí enseñó pedagogía, caterética, homilética, teología pastoral, y espiritualidad. Adicionalmente, continuó impulsando el apostolado de la Divina Misericordia. También hizo serios esfuerzos para obtener la aprobación oficial para la devoción a la Divina Misericordia de las autoridades de la Iglesia. Fr. Sopocko trabajó incansablemente en los fundamentos bíblicos, teológicos y pastorales para explicar la verdad doctrinal acerca de la devoción de Divina Misericordia. Sus publicaciones se tradujeron a numerosos idiomas, entre ellos: latín, inglés, francés, italiano, y portugués.

Fr. Miguel Sopocko murió el 15 de febrero de 1975, en su apartamento en Calle Poleska. Aclamado popularmente para su santidad fue enterrado en el cementerio de la parroquia en Bialystok. Luego de iniciado el proceso para su Beatificación, su cuerpo se trasladó a la Iglesia de la Divina Misericordia el 30 de noviembre de 1988.

(fuentes: vatican.va; catholic.net)

otros santos 15 de febrero:

- San Claudio La Colombière
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