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domingo, 27 de diciembre de 2015

27 de diciembre: Santa Fabiola

Distinguida matrona romana; murió el 27 de diciembre de 399 ó 400. Ella fue una del grupo de mujeres nobles romanas que, bajo la influencia de San Jerónimo, dejaron todos los placeres terrenales y se dedicaron a la práctica del ascetismo cristiano y a las obras de caridad.

En el tiempo de la estancia de San Jerónimo en Roma (382-84), Fabiola no era miembro del círculo ascético que se reunía en torno a él. No fue hasta una fecha posterior que, a raíz de la muerte de su segundo cónyuge, tomó el paso decisivo de entrar a una vida de renuncia y trabajo para los demás.

Fabiola pertenecía a la familia patricia romana de los Fabia. Estuvo casada con un hombre tan vicioso que resultaba imposible vivir con él. Obtuvo el divorcio de él de acuerdo al derecho romano, y, en contra de las ordenanzas de la Iglesia, entró a una segunda unión antes de la primera de su primer marido. El día antes de Pascua, luego de la muerte de su segundo marido, se apareció ante las puertas de la Basílica de Letrán, vestida con una túnica penitencial, e hizo penitencia pública por su pecado, un acto que causó gran impresión a la población cristiana de Roma. El Papa la recibió formalmente de nuevo a la completa comunión con la Iglesia.

Fabiola renunció a todo lo que el mundo tenía para ofrecerle, y dedicó sus inmensas riquezas a las necesidades de los pobres y enfermos. Construyó un gran hospital en Roma, y atendía a los pacientes ella misma, sin siquiera esquivar a aquellos afligidos con heridas y llagas repulsivas. Además de esto, daba grandes sumas a las iglesias y a las comunidades religiosas en Roma, y en otros lugares en Italia. Todos sus intereses se centraban en las necesidades de la Iglesia y el cuidado de los pobres y de los que sufren. En el 395, fue a Belén, donde vivió en el hospicio del convento dirigido por Paula y, bajo la dirección de San Jerónimo, se dedicó con el mayor celo al estudio y la contemplación de las Escrituras y a los ejercicios ascéticos.

Una incursión de los hunos en las provincias orientales del imperio, y una disputa que estalló entre San Jerónimo y el obispo Juan de Jerusalén, respecto a las enseñanzas de Orígenes, le hicieron desagradable su estancia en Belén y regresó a Roma. Sin embargo, se mantuvo en correspondencia con San Jerónimo, quien, a petición de ella, escribió un tratado sobre el sacerdocio de Aarón y las vestimentas sacerdotales. En Roma, Fabiola se unió con el ex senador Pammaquio para llevar a cabo grandes obras de caridad; juntos construyeron en Porto un gran hospicio para los peregrinos que venían a Roma. Fabiola también continuó con sus obras personales usuales en ayuda de los pobres y enfermos hasta su muerte. Su funeral fue una maravillosa manifestación de gratitud y veneración con la que fue recompensada por el pueblo romano. San Jerónimo escribió una memoria laudatoria de Fabiola en una carta a su pariente Océano.

Fuente: Kirsch, Johann Peter. "St. Fabiola."
The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. 11 Jul. 2012 .
Traducido por Alonso Teullet. rc 
(fuente: ec.aciprensa.com)

otros santos 27 de diciembre:

- San Juan Apóstol 
- Beata Sara Salkaházi

sábado, 26 de diciembre de 2015

26 de diciembre: Santa Vicenta María López y Vicuña

Nació en 1847 en Cascante (Navarra) y la llamaron Vicenta María. A los diez años su padre ambicionó para ella una exquisita educación, mientras que su madre anhelaba formarla para santa. De ambas tareas se ocuparon en Madrid sus tíos maternos, Manuel María y María Eulalia Vicuña.

Los tíos dirigían una obra benéfica puesta en pie por ellos mismos para dar acogida y formación al mayor número posible de las mujeres jóvenes que llegaban a Madrid en busca de un trabajo remunerado y se colocaban como sirvientas.

Diez años tenía Vicenta María cuando llegó a Madrid y se puso bajo la dirección espiritual de los jesuitas. Al abrigo de la espiritualidad ignaciana y de aquella obra benéfica que dirigía su tía con la ayuda de un grupo de señoras, pasaron los años de la educación y la adolescencia de Vicenta María.

Al llegar a la juventud sintió que en su corazón latía con fuerza el ansia de la mayor gloria de Dios, y que esta reclamaba de ella la consolidación y continuidad de la obra iniciada por sus tíos.

La oposición de sus padres, la situación político social adversa, el desprestigio generalizado del servicio doméstico, la falta de recursos económicos, el reducido número de personas dispuestas a colaborar en la empresa, la quiebra de sus salud y otras dificultades que fueron apareciendo no consiguieron distraer su atención de la entrega total de sí misma a Dios en el servicio a las jóvenes.

Con el oído en el Corazón de Jesús y la mano en el pulso del mundo, confirmó su vocación en unos Ejercicios Espirituales. El 11 de junio de 1876 se convirtió en fundadora de la Congregación de Religiosas de María Inmaculada, que consolidó en poco más de catorce años de vida religiosa con el fin de «procurar con todo empeño posible la santificación y perfección propia, y con el mismo la santificación y provecho de las jóvenes dedicadas al servicio doméstico».

En enero de 1879 se manifestaron los primeros síntomas de la tuberculosis. Con algunas visitas al balneario de Panticosa (Huesca) o a la fuente de aguas sulfurosas de El Molar (Madrid) intentaron en vano paliar la enfermedad. Vicenta María intentó burlar el mal en cuanto pudo y no se dio tregua para dejar consolidados los colegios de Madrid, Zaragoza, Sevilla, Barcelona y Burgos.

En Madrid, el 26 de diciembre de 1890, aceptó la muerte con la misma santidad sencilla y heroica que había vivido durante los 43 años que pasó sobre esta tierra.

El Papa Pablo VI la elevó al supremo honor de los altares el 25 de mayo de 1975, en la solemnidad de la Santísima Trinidad y fijó su fiesta litúrgica en esa misma fecha.

(fuente: www.espiritualidadignaciana.org)

otros santos 26 de diciembre:

- San Nicodemo, el Consagrado
-  San Esteban

viernes, 25 de diciembre de 2015

25 de diciembre: Beato Jacopone da Todi

Nació en Todi, Umbría, en el seno de la noble familia de los Benedetti. Estudiante de Derecho en Bolonia, abogado excelente y estimado. Tenía 40 años y era rico y respetado, cuando se casó (c. 1267), por amor, con la joven y bellísima Vanna di Guidone, con la que vivió solamente un año. Durante un baile, después de una fiesta nupcial, el palco se cayó, y Vanna murió por las heridas. Sobre el cuerpo de la mujer amada, descubrió un áspero cilicio, aquella muerte, aquel descubrimiento, lo cambiaron.

Donó todo lo que tenía a los pobres y vivió como una bestia. Quiso ser objeto de risa y de desprecio del mundo. Se comportó como un loco, y loco fue juzgado y creído; pero de aquella locura nació un nuevo amor por Cristo y los hombres. Durante diez años llevó esa existencia de penitente público.

En 1278, vencidos algunos naturales escrúpulos por parte de los frailes, Iacopone fue admitido entre los franciscanos de San Fortunato, en Todi, como hermano lego. Se afirma que eligió aquel estado por humildad. Tal vez haya sido así, pero no hay duda de que Iacopone se sentía inclinado a pertenecer al grupo más estricto de los franciscanos, el de los espirituales, quienes consideraban que san Francisco había deseado que sus frailes se ordenasen para el sacerdocio sólo por excepción. Durante doce años, permaneció el hermano Iacopone en el convento de Todi y, a medida que recuperaba el equilibrio de sus facultades mentales, producía más y más poemas líricos y cantos, cada vez de mejor calidad, en el dialecto de Umbría.

Sus composiciones alcanzaron popularidad. Eran alabanzas de profundo contenido religioso y místico que llegaron a ser adoptadas por los "flagelantes" y otras cofradías penitenciales para cantarlas en público. Las composiciones se prestaban para expresar jubilus franciscano, pero el hermano Iacopone era cándido y poco dado al exhibicionismo y a la hilaridad. Sin embargo, con frecuencia se veía envuelto en dificultades con sus hermanos en el convento de San Fortunato y, tal vez por eso, se convirtió en una figura cada vez más notable entre los espirituales. Los beatos Conrado de Offida y Pedro de Treia eran sus amigos personales. Iacopone se encontraba entre los frailes que, en 1294, solicitaron al Papa san Celestino V el permiso de vivir a parte de la comunidad, pero a las pocas semanas de recibida la petición, Celestino renunció y el cardenal Gaetani, opositor de los espirituales, fue el pontífice Bonifacio VIII.

En 1297, se produjo la ruptura entre el Papa y los cardenales Colonna, y Iacopone fue uno de los tres franciscanos que colaboraron en la redacción del manifiesto donde se afirmaba que Bonifacio VIII había sido electo en forma ilegítima. Desde entonces, el hermano Iacopone se convirtió en el propagandista literario de los cardenales Colonna y escribió un famoso y rudo ataque al Papa. Podemos decir que Iaccopone se opuso al Papa con toda buena fe. Sin contar a los partidaristas, había gran número de gentes que participaban de la idea de que la abdicación de san Celestino V había ido contra los cánones. Cuando las fuerzas del Papa se adueñaron de Palestrina, la fortaleza de los Colonna, el hermano Jacopone fue excomulgado, aprehendido y encarcelado en un horrible calabozo durante cinco años. Ni siquiera en el año jubilar de 1300 se le concedió la libertad. Durante sus años de cárcel, compuso algunos de sus más hermosos poemas, así como varias de sus obras más agresivas, satíricas y agudas, en curioso contraste con la unción conmovedora de las primeras.

A Iacopone se le conoce también mucho como el supuesto autor del famoso himno “Stabat Mater dolorosa”, pero no hay certidumbre de que él lo haya escrito. También se le acredita la composición de otro himno menos conocido, que algunos críticos califican de parodia, titulado “Stabat Mater speciosa”.

A la muerte de Bonifacio VIII, a fines de 1303, el hermano Iacopone quedó en libertad y se le levantó la excomunión y se fue a vivir primero, como ermitaño, cerca de Orvieto y, después, a un convento de Clarisas Pobres, en Collazzone, entre Todi y Perugia. Ahí murió. El beato Juan de Alvernia le administró los últimos sacramentos, y se han hecho relatos conmovedores pero contradictorios sobre sus últimos momentos. En 1433, se trasladaron sus reliquias a la iglesia de San Fortunato en Todi. Su festividad la celebran los franciscanos.

(fuente: hagiopedia.blogspot.com.ar)

otrossantos 25 de diciembre:

jueves, 24 de diciembre de 2015

24 de diciembre: San Gregorio de Spoleto

Presbítero que murió mártir en la persecución de Diocleciano a comienzos del siglo IV.

En su historia interviene un personaje llamado Flaco que es el encargado por el gobierno de Roma para poner orden en el Imperio en lo que concierne a la unidad de religión fundamento del orden social. Ha pensado en su estrategia contra los rebeldes e inconformistas de cuya existencia en su territorio está bien informado: multiplicará los dioses y obligará a prestarles adoración. Quienes no acaten la orden con fidelidad serán aniquilados.

En la península itálica, en la Umbria, concretamente en Spoleto, hay un hombre llamado Gregorio, se ocupa en hacer el bien a los demás, está interesado en poner remedio a las necesidades económicas de los más pobres y de hecho las remedia en la medida que puede, da consuelo a los tristes e incluso quema el tiempo animando cuando alguien está desalentado. Es pacífico y en su vida se advierte la rectitud. Todos lo tienen por hombre religioso. Incluso a los que quieren les descubre poco a poco los misterios de Dios y, lo que es más llamativo aún, algunos le siguen porque tanto su enseñanza como el estilo de su vida tienen un atractivo poco común. Sí, hay un no-sé-qué atrayente por su nobleza y altura de miras.

Pero por lo que se ve que no agrada a todos. No quiere sacrificar a los dioses. Tiene ideas distintas. Él no se acomoda a lo establecido. Es acusado de "ser rebelde a los dioses". Afirma que sólo un Dios merece adoración y tan testarudo se muestra en su convicción que, a pesar de las amenazas y vejaciones, está dispuesto incluso a morir. De hecho así terminó su vida en el año 303.

Desobediente. Inadaptado. Reaccionario. Indócil. Rebelde. Indisciplinado. Agitador. Inconformista. Independiente. Parece que todos estos calificativos tienen un contenido negativo. Pero, claro... hay que saber contra qué o contra quien. Porque —a la postre y para ser justos en el juicio— todo depende de a qué lado quede la verdad. Quizá resulte que hay que cambiar el esquema y se deban proponer para premios Nobel precisamente a los que no se acomoden a los croquis de la sociedad y vayan contra el "status".

No siempre "ser como los demás" es signo de "estar en la verdad".

A que la verdad no depende del poder, de la fuerza física, política o militar. ¡A que no!

(fuente: archimadrid.es)

otros santos 24 de diciembre:

- Santa Paula Isabel Cerioli
- Santa Irma

miércoles, 23 de diciembre de 2015

23 de diciembre: Santa Maria Margarita de Youville

«En su desdichada vida personal, con un matrimonio difícil y la pérdida de casi toda su prole, esta fundadora canadiense, primera canonizada, que sufrió también como religiosa, halló la paz y la fecundidad en brazos del Padre»

Tomando nuevo rumbo, en 1722 se casó con François d´Youville, que por todo equipaje aportaba al nuevo hogar un compendio de desdichas. Díscolo, traficante de pieles y de alcohol, droga que ponía al alcance de los indios, con su indiferencia por la familia que había formado y sus largas y frecuentes ausencias, aún hacía más difícil la convivencia con esa madre intransigente que también había llevado consigo. François había derrochado los bienes y las dificultades económicas perseguían a todos. La desolación fue acentuándose con la pérdida progresiva de los hijos nacidos en el matrimonio. De seis, solamente sobrevivieron dos, dándose la circunstancia de que a éstos Dios Padre les concedió la gracia del sacerdocio, y a su madre infinito consuelo. François murió en 1730, después de una súbita enfermedad, siendo asistido por Margarita en todo momento, que vertió en él su cariño. El sexto hijo, del que se hallaba encinta en esos momentos, nació después de quedarse viuda, pero Dios se lo llevó con Él. La santa, tras ocho difíciles años de matrimonio, quedaba al frente del hogar sosteniendo a los pequeños con admirable fortaleza convencida de que Dios Padre jamás abandona a sus hijos.

Cuando los dos varones que habían sobrevivido fueron ordenados sacerdotes en 1737, emprendió el que iba a ser su definitivo camino: la fundación de un nuevo movimiento eclesial. Su director espiritual, el P. Lescöat, se lo había anunciado al enviudar: «Consuélese, señora; Dios le destina para una gran obra, y llegará a levantar una casa en decadencia». Sin dilación el último día de ese año de 1737 lo selló con su consagración. A partir de entonces los desfavorecidos serían su único objetivo. Esta determinación, compartida con otras mujeres, no fue acogida por la sociedad y las murmuraciones y maledicencias se añadían al amargo cáliz que había marcado su acontecer. La lacra del vicioso marido, aunque ya había muerto, seguía salpicándola a ella y a la comunidad, sembrando las dudas en los vecinos que, sin atender a los gestos de virtud que desplegaban por doquier, aceradamente las hacían objeto de sus críticas. Es más, fueron apedreadas, acusadas de alcohólicas, y hasta se pidió exilio para Margarita. Dijeron que la lesión de una rodilla era un «justo castigo del cielo». El juicio, malsano y erróneo, se emitía con la simpleza de quien ignora que Dios Padre no actúa con tales parámetros con ninguno de sus hijos haga lo que haga, y no se podía atribuir a la santa un comportamiento negativo ya que obró con admirable y heroica caridad en todo momento.

En penosas condiciones físicas y económicas, constantemente probada, cuando murió una de sus colaboradoras y pilares de la obra que ponían en marcha, actuó con visible fortaleza. En 1747 le encomendaron la gestión del Hospital de los Hermanos Charon, labor difícil porque estaba en penosas condiciones. Pero lo levantó haciendo de él un cálido hogar para los desvalidos. El P. Normant, que había sustituido en la dirección espiritual de la santa al P. Lescöat, cuando éste falleció, corroboró que no se había equivocado al animarle a poner en marcha esta ardua empresa. Al tiempo, surgía la fundación de Margarita: las Hermanas de la Caridad de Montreal que dieron lo mejor de sí a los enfermos incurables y afectados por graves lesiones, así como ancianos, niños, indigentes, soldados, etc. En 1751 defendió con valentía este centro ante autoridades civiles y eclesiásticas cuando quisieron convertirlo en sede de las religiosas de Quebec. Entonces el pueblo, que antes la había maltratado a ella y a la comunidad, salió en defensa de las religiosas reconociendo su excepcional labor.

Libre de las deudas que había heredado al hacerse cargo del hospital, y en un momento en el que todo parecía ir por buen camino, un nuevo reto se presentó ante la comunidad cuando aquél fue pasto de las llamas en 1765. Margarita sabía que Dios Padre jamás la abandonaba, y se gozó espiritualmente en ese nuevo contratiempo recitando con las hermanas el «Te Deum». Luego vaticinó: «Tranquilizaos, la casa ya no arderá más». A los 64 años puso en pie nuevamente el hospital. En esta misión había involucrado a madres e hijas del lugar. Murió el 23 de diciembre de 1771. Fue beatificada por Juan XXIII el 3 de mayo de 1959, y Juan Pablo II la canonizó el 9 de diciembre de 1990.

(fuente: zenit.org)

otros santos 23 de diciembre:

- San Juan de Olmillos

martes, 22 de diciembre de 2015

22 de diciembre: Santos Queremón de Nilópolis y compañeros martires

†: c. 250 - país: Egipto
canonización: pre-congregación

Conmemoración de los santos Queremón, obispo de Nilópolis, y otros muchos mártires en Egipto, que durante la persecución bajo el emperador Decio, parte de ellos, dándose a la fuga, erraron por lugares solitarios y sucumbieron, algunos, ante las fieras, otros, consumidos por el hambre, el frío y la enfermedad, y el resto, finalmente, exterminados por los bárbaros y los ladrones, y así todos, con muerte distinta, fueron coronados con la gloria del martirio.

San Dionisio de Alejandría, casi contemporáneo de los hechos (aunque no murió mártir, padeció bajo la misma persecución de Decio), en una larga carta a Fabio, obispo de Antioquía, la llamada «Epístola III», le cuenta diversas historias martiriales, que dan sobrado ejemplo de esta difícil etapa de nuestra fe. En el número 9 de esta carta dice lo siguiente:

Por otra parte, otros en grandes cantidades fueron desgarrados por los paganos a través de ciudades y pueblos. De uno de estos voy a dar alguna mayor explicación, como ejemplo: Isquirión servía a un magistrado gentil en cuestiones de administración. Su patrón le ordenó ofrecer un sacrificio a los dioses, y tras su negativa a hacerlo, lo insultó gravemente. Y como persistió en su negativa, lo injurió aun más; y como aun se mantuviera firme, tomó un palo enorme y lo empujó atravesando sus vísceras y corazón, y lo mató.

¿Mencionaré la multitud de los que debieron vagar en los desiertos y por las montañas, y que fueron cercenados por el hambre y la sed, el frío y la enfermedad, los ladrones y las bestias salvajes? Los sobrevivientes de todo esto son testigos de su elección y su victoria. Una circunstancia, sin embargo, voy a añaddir como ilustración de estos hechos: hubo una persona de edad muy avanzada, de nombre Queremón, obispo del lugar llamado «Ciudad del Nilo» [hoy Dalas en Beni Suef, Egipto. NdT]. Huyó junto con un compañero a las montaña de Arabia, y nunca regresó. Los hermanos no pudieron descubrir nada de ellos, aunque hicieron búsquedas frecuentes; y no sólo no pudieron encontrar a estos hombres, sino tampoco sus cuerpos. Muchos también fueron llevados como esclavos por los bárbaros Sarracenos de las mismas montañas árabes. Algunos de ellos fueron rescatados con dificultad, y sólo mediante el pago de una gran suma de dinero, otros no han sido rescatados hasta hoy.

Y estos hechos los he contado, hermano, no por otro propósito, sino para que sepas cuántos y cuán terribles son los males que han caído sobre nosotros, que los problemas también se entienden mejor si se los ve en aquellos que han tenido más experiencia.

Ésta es la única mención antigua que tenemos a los santos mártires celebrados hoy, pero bien puede verse que la imposibilidad de conocer sus nombres y su número exacto no impide que deban ser legítimamente honrados por la Iglesia e invocados por todos nosotros, como aquellos que, en su anonimato, cumplieron hasta el fin el mandato de Cristo de morir para tener vida, y gozan ahora, en el cielo, de un nombre nuevo mucho más excelente que el que en este mundo se nos ha perdido.

El texto de la carta es traducción del inglés de la colección de «Epístolas y fragmentos de epístolas de san Dionisio», en New Advent. La referencia a san Dionisio como fuente inmediata de estos mártires la obtuve de Butler, aunque no seguí su texto, que no incluye la carta. La imagen utilizada es genérica. Aunque el Martirologio tiene entradas distintas para Isquirión y para Queremón, me pareció preferible una hagiografía de conjunto, ya que forman parte de la misma presentación en la carta de Dionisio.

escrito por Abel Della Costa
(fuente: www.eltestigofiel.org)

otros santos 22 de diciembre:

- Santa Francisca Javier Cabrini

lunes, 21 de diciembre de 2015

21 de diciembre: San Temístocles de Licia

mártir
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación

En Licia, san Temístocles, mártir, el cual, según se cuenta, en tiempo del emperador Decio se ofreció en lugar de san Dióscoro, que era buscado para ser ajusticiado, y tras haber sido torturado en el potro, arrastrado y apaleado, alcanzó la corona del martirio.

La «Passio» del santo se conserva en griego y hasta ahora está inédita, conocemos el martirio sólo a través de las noticias que le dedican los sinaxarios (santorales) bizantinos el 21 de diciembre.

Temístocles era un nativo de Mira, en Licia, en época del emperador Decio (249-251). Se había desatado la persecución contra los cristianos y el prefecto o gobernador de la provincia, en ejecución de los decretos imperiales, hizo buscar al notorio cristiano Dioscórides, que estaba escondido en una montaña, cerca del lugar donde Temístocles, que era pastor, llevaba sus ovejas. Los enviados del gobernador, encontrándolo, lo interrogaron sobre el prófugo, pero se negó a denunciarlo y él mismo inesperadamente se declaró cristiano. Detenido, fue llevado de inmediato a la presencia del gobernador Asclepio, que lo interrogó y que al confirmar su fe lo condenó a muerte, lo que ocurrió después de mucho tormento. El culto de Temístocles parece que no había pasado las fronteras de la iglesia bizantina, por lo que en la creación del Martirologio Romano por el Card. César Baronio, en 1588-1607, no fue incluido. Pero sí se agregó luego, y lo está en el actual.

Traducido para ETF de un artículo de Antonio Borrelli. 
(fuentes: Santi e Beati; eltestigofiel.org)

otros santos 21 de diciembre:

- San Pedro Canisio
- Beato Domingo Spadafora
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