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jueves, 14 de enero de 2016

14 de enero: Santa Macrina

Vida de Macrina: santidad, virginidad y ascetismo femenino cristiano en Asia Menor del siglo IV


El periodo en que Santa Macrina vivió (c. 325-380) fué marcado por la disputa entre diversas corrientes de pensamento en el cristianismo. De religión perseguida por vários emperadores romanos, especialmente por Diocleciano (284-305), el cristianismo vino a ser aceptado a partir del 313 (Edicto de Milán), durante el reinado de Constantino (306-337). Las grandes cuestiones que ocupaban a las almas de aquél entonces eran la Creación, la naturaleza de Cristo y su relación con el Padre y el Espírito Santo, es decir: el cimiento del cristianismo, la Santísima Trinidad.

En 325, en el Concílio de Nicea, convocado por Constantino, fueron rechazadas las ideas de Arrio (c. 260-336), obispo de Alejandría, que afirmaba que Dios y Cristo no poseían la misma substancia (ousia): el Hijo seria inferior al Padre. Para Arrio, apesar de haber sido creado antes del Tiempo y ser superior al resto de la Creación, el Hijo seria diferente del Padre en substancia. En Nicea, las enseñanzas de Arrio fueron condenadas y se adoptó el concepto de homousios (de substancia idéntica) para establecer la relación entre Padre e Hijo, asi como fué descrito en el Credo de Nicea:

Creemos en un Dios, Padre Todopoderoso Creador de todas las cosas, visibles e invisibles, Y en nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, El único concebido por el Padre, de la misma substancia Dios venido de Dios, luz de luz, Engendrado no creado de la misma substancia del Padre, A través del cual todas las cosas fueron hechas, Asi en el Cielo como en la Tierra, Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se hizo hombre, Sufrió, resucitó al tercer día, Subió a los cielos, de donde vendrá para juzgar los vivos y los muertos. Y creemos en el Espírito Santo... (ARMSTRONG, 1994: 119-120)

No entanto, no hubo unanimidad en Nicea y después del concilio, los obispos continuaron predicando como antes. El arrianismo continuó fuerte por más de sesenta años, prácticamente durante toda la vida de Macrina, que junto a las persecuciones imperiales a los cristianos de Oriente, van a ser el telón de fondo en la redacción de la obra Vida de Macrina.

Este artículo pretende abordar la cuestión de la santidad y del ascetismo femenino y la importancia de la virgindad para el cristianismo del siglo IV, tomando como estudio de caso la obra Vida de Macrina, escrita entre los años 380-383 por su hermano Gregorio, obispo de Nisa (c. 371-395), en Capadocia, uno de los principales opositores al arrianismo. Gregorio participó activamente en el Concilio de Constantinopla (381), convocado por el emperador Teodosio I (379-395), donde fué reafirmada la consusbstancialidad entre Padre e Hijo, confirmada en el Credo de Nicea.

*

Macrina era la hija mayor de entre diez hermanos. Nació en la ciudad de Cesarea, en Capadocia, que en otras épocas fué un reino independiente y provincia del Imperio Romano a partir del año 14 d.C. Situada a orillas del río Halys — frontera natural entre el Asia Menor romana y las regiones interiores —, el arzobispado de Cesarea formaba, al lado del obispado de Nisa, una área fuertemente cristianizada a partir del 325. Su familia pertenecía a un segmento de la aristocracia helenizada de Asia Menor que prontamente aceptó el cristianismo (TEJA, 1989: 92).

Los abuelos de Macrina habían perdido sus propriedades por profesar el cristianismo debido a la persecución del emperador Diocleciano — durante todo este periodo el Oriente fué marcado por persecuciones a los cristianos. Su abuela, Macrina, la Vieja también fué posteriormente considerada santa. Sus padres, San Basilio, el Viejo y Santa Emélia, también sufrieron persecuciones religiosas por parte del emperador Galério Máximo (293-311). Apesar de firmar un edicto poco antes de su muerte que garantizaba la tolerancia para con la Igresia cristiana, Galério fué considerado un oso por los escritores cristianos, como Eusebio y Lactancia, por su ferocidad contra la fé cristiana (BOWDER, s/d: 125-126).

La familia de Macrina se mudó para el Ponto (Pontus), provincia romana localizada al norte de Capadócia. Tal como era exigido a un miembro de la aristocracia, la niña fué novia a los doce años, más la precoz muerte del pretendiente la hizo recusar obstinadamente cualquier nuevo compromiso. Apesar de no haber consumado el matrimonio, Macrina consideraba que ya se había casado y decidió dedicar su vida a la virginidad y a la búsqueda de la perfección cristiana. Como señal de su nueva alianza, usaba um anillo colgado en el cuello que supuestamente contenía un fragmento de la cruz en la cual Cristo había sido crucificado.

Este pasaje es relevante por delimitar su elección ascética y hablar del anillo, que fué encontrado por Vestiana, viúda de alta reputación que vivía en retiro, en el momento en que se preparabam los funerales de Macrina. Ambos, Vestiana y Gregorio consideraron el gesto de Macrina como uma gran forma de devoción:

“Vea”, dice [Vestiana], “que tipo de ornamento está colgado en el cuello de la santa!” En cuanto hablaba, [Vestiana] aflojó el broche y después lo estiró con la mano y nos mostró una representación de una cruz de hierro y un anillo del mismo material. Ambos estaban cerrados por un fino hilo que permanecía continuamente en el corazón.”

“Dejenos dividir el tesoro”, yo dije. “Tú tienes un estilete de la cruz, yo quedaré contento en heredar el anillo”— pués la cruz estaba trazada en el sello del anillo también.

Mirando para eso, la señora me dice otra vez “— Tu no erraste al escoger este tesoro, pués el anillo es ancho en el aro y fué escondido en un pedazo de la Cruz de la Vida.
VM [990 D]

La aspiración a la pureza religiosa en el siglo IV era también perseguida por los ascetas, los “renunciantes cristianos” que se alejaban de las ciudades en dirección al desierto. Allá hacían celdas excavadas en las depresiones de las dunas hasta alcanzar agua salubre. Pretendían así que sus habitaciones fueran tumbas, donde él religioso estaría “muerto” para el mundo (BROWN, 1990: 186-187).

Uno de los principales objetivos de estos ascetas era alejarse de las mujeres y principalmente del deseo sexual. La vida del anacoreta era austera, centrándose en el trabajo manual, en las oraciones, los ayunos y en la meditación. La falta de comida era la mayor privación enfrentada por ellos, pués pensaban que el mayor error en el pecado original fuera la gula, que habría llevado a Adan y a Eva a transgredir las ordenes de Dios. Diminuyendo la ingestión de comida, estos hombres creian estar purificando sus cuerpos de las pasiones y de su contaminación, pués el cristiano perfecto era aquel que podía estar totalmente expuesto a toda la comunidad, no teniendo verguenza de sus pensamientos o sueños. De hay que fuera tan importante para ellos educar el cuerpo hasta que los deseos sexuales inconcientes — como la polución nocturna — fueran eliminados (BROWN, 1990: 196-197).

Algunas mujeres también experimentaron la religiosidad del desierto, como Alejandra, Maria, la Egípcia, Thaís, Sinclética y las hermanas Menodora y Metrodona. El principal rasgo de las “madres del desierto” era la adopción de trajes masculinos. En la mayor parte de los casos la motivación para la fuga del mundo ocurría debido a un impedimento en el matrimonio o por haber tenido uma vida que consideraban pecaminosa. Después de la muerte de estas mujeres su santidad fué muchas veces reconocida y testimoniada en vitae escritas por hombres (KING, s/d: Internet).

El camino de Macrina es distinto al de los ascetas femeninos y masculinos del desierto. Ella está ligada a la fundación del monacato en Oriente, apesar de haber quedado opacada por la figura de sus hermanos. Este es el periodo de los orígenes del monacato primitivo (TEJA, 1989: 82). Tres de ellos son considerados padres de la Iglesia, por haber actuado como defensores del cristianismo niceno contra el arrianismo: Basilio de Cesarea (c. 330-379), Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste. Todos fueron obispos, siendo también conocidos como los padres de Capadocia. Además de ellos, Naucratius, otro hermano de Macrina, se volvió ermitaño, dedicando su vida a auxiliar a los pobres. Acabo muriendo tragícamente en una expedición de cacería aún muy joven.

A ella, Gregório dedicó la obra Vida de Macrina, escrita en griego poco después de la muerte de la hermana, entre 380 e 383. En ella explicó el papel preponderante que la hermana tuvo en la vida de los hermanos y relató la trayectoria de Macrina rumbo a la santidad. Fué escrita en forma de carta y dedicada al monje Olímpio, que lo acompañó en el Concilio de Constantinopla en 381.

Después de la muerte del padre en 340, año en que también nació el menor de los hermanos Pedro, Macrina, con apenas quince años, decidió nunca alejarse de la madre. Mas tarde, en 352 ambas se retiraron para una propriedad de la familia en Anesi, próximo al rio Iris, en el Ponto, y allá formaron un convento con antiguas siervas, próximo del convento de su hermano Basilio. Las otras propiedades fueron vendidas para auxiliar a los pobres, y madre e hija pasaron a vivir sin lujos, realizando trabajos manuales y domésticos, siguiendo el ejemplo de desprecio de las riquezas tan característico de los valores ascéticos de entonces (BLAZQUEZ, 1989: 108):

Macrina persuadió a su madre a desistir de la vida común y todo el estilo de vida ostentoso y los servicios domésticos a los cuales ella estaba acostumbrada antes, (...) y compartió la vida de las siervas, tratando a todas sus esclavas y criados como si ellos fueran hermanos y pertenecieran a la misma condición social que ella. VM [966D]

Llevaron uma vida de estricto ascetismo, dedicandose a la meditación sobre las verdades del cristianismo y a las oraciones. Era una organización de tipo familiar que que acostumbraba prestar ayuda a los pobres. Este claustro femenino debía ser um espacio inviolable, lejos del espacio profano público, asociado al paganismo (BROWN, 1990: 232). El convento era considerado esencial para que las virgenes absorbieran la cultura sagrada: através de él las mujeres podian ser alfabetizadas.

No sólo los hermanos de Macrina, más tambiém amigos de la familia como Gregorio Nacianceno y Eustaquio de Sebaste estuvieron ligados a esta comunidad y fueron estimulados a hacer mayores avances en dirección a la perfección cristiana.

En el contexto de la espiritualidad cristiana del siglo IV, Macrina tuvo un papel preponderante. Las virgenes eran vistas como el “único ser humano que ha permanecido tal y como originalmente creado (...) como um desierto en si.” (BROWN, 1990: 226).

El hecho de realizar una vida entera sin contacto con el otro sexo y basar su conocimiento unicamente en las Escrituras hacian que Macrina y otras virgenes fueran consideradas verdaderos pilares del cristianismo. Al contrário de los hombres, que como los próprios hermanos de Macrina estaban ligados aún a la cultura pagana y a las disputas por el poder en las ciudades (contra los arrianos, por ejemplo), las virgenes, para los obispos, mantenian la pureza original del pensamiento cristiano.

Se utilizaban entonces literariamente la metáfora del espejo para tratar esta contemplación interior, del “mirar para dentro”, del acto de mirar su reflejo íntimo, vislumbrar contemplativamente la materialización del alma, siempre por intermédio de las Escrituras. Según los obispos, las virgenes tendrian entonces un papel fundamental en esta actitud (COSTA, 2000: 79). Esta era una preocupación de los escritores de la época: Juan Crisóstomo (398-404), obispo de Constantinopla, hizo una série de predicaciones que dieron origen al tratado Sobre la Virginidad (382), donde demostraba la alegría de pertenecer a una raza humana que se encontraba en el umbral de una nueva era (BROWN, 1990: 278).

Por su parte, en la obra De la Virginidad, Gregorio de Nisa afirmaba que

...como un espejo, cuando es bien hecho recibe en su superficie pulida los rasgos de aquel que le es presentado, así también el alma, purificada de todas las manchas terrestres, recibe en su pureza la imagen de la belleza incorruptible. (CHEVALIER, 1995: 393).

Platónico seguidor de la escuela que Orígenes (c. 185-254) fundara en Cesarea, Gregorio creía que para que cualquier método fuera eficaz debería ser como un espejo, como una virgen, especie decuerpo-espejo donde las personas podrían vislumbrar la pureza de la imagen de Dios. Según él, una virgen era un espejo del alma y una imagen física del Jardín del Edén, también tierra virgen (BROWN, 1990: p. 249).

Por el hecho de no casarse y no ser madres, las virgenes ascetas eran consideradas próximas de Dios y de Adán, semejantes a la humanidad antes del pecado original y vistas como novias de Cristo, teniendo así acceso irrestricto al conocimiento — de hay la posibilidad de, através del ascetismo, tener acceso a la alfabetización. Por ejemplo, Macrina poseía un excelente bagaje intelectual: su madre la enseñó a leer usando las Escrituras y ella conocía autores cristianos, como Orígenes, además de leer las obras de los hermanos (CORRIGAN, s/d: Internet). Su sobrenombre era Tecla, la compañera imaginária de San Pablo y ligada a Sócrates, lo que asociaba a Macrina con la figura de la mujer sábia (ALEXANDRE, s/d: 535), porque asceta, porque virgen.

De acuerdo con Gregorio, el sobrenombre secreto de la hermana vino durante un sueño de la madre, Emélia, antes del parto:

Y alguién con forma y brillo más espléndido que un ser humano apareció (a Emélia) y se dirigío a la niña que ella estaba cargando por el nombre de Tecla, aquella Tecla que es tan famosa entre las virgenes. Después de hacer esto y testimoniarlo tres veces, él partió de su presencia y le dió a ella un parto fácil, de manera que, en aquél momento, se levantó y vió su sueño realizado. Ahora, ese nombre era usado apenas en secreto. Mas me parece que la aparición no hablaba tanto para guiar a la madre para la elección correcta del nombre, más para preveer la vida de la joven niña y para indicar por el nombre que ella debería seguir el modo de vida de este nombre. VM [962 C]

El sueño de Emélia es bastante revelador, ya que era la forma como los hombres de la época imaginaban el contacto con Dios — no nos olvidemos que todas las informaciones al respecto de Macrina son siempre mediadas por su hermano Gregorio, que justifica el hecho de escribir sobre la vida de una mujer:

En este caso, fué una mujer la que nos suministró nuestro asunto; si, de hecho, ella debía ser una mujer de estilo, yo no sé si es conveniente designarla por su sexo, a quien ultrapasó tanto su sexo. VM [960 B]

Podemos observar las mujeres de este periodo, más siempre filtradas por las miradas masculinas. En el caso de Gregorio, la decisión de escribir la vida de la hermana santa viene acompañada de la aprobación de otro hombre, el monje Olímpio, a quien él le dedica la obra y a quien atribuye también haberle dado la incumbencia de escribir el relato:

Entonces, tú decidiste que la historia de su noble carrera vale la pena ser contada para evitar que tal vida sea desconocida en nuestro tiempo, y que el registro de una mujer que creció por la filosofia para la mayor elevación de la virtud humana no debe pasar por las sombras del olvido inútil; yo creo por bien obedecerte. VM [960 C]

Este es un tipo de problema de análisis de fuentes muy comum para la documentación de la época. Ellos dicen lo que ellas son y principalmente lo que debem ser (DUBY, s/d: 9). El mismo tipo de problema ocurre en el caso de Santa Mónica (c. 331-387), “viva” para la Historia por su hijo San Agustín (COSTA, 1995).

De cualquier modo, es importante que se entienda el sueño cristiano del siglo IV como un objeto onírico de transmisión del logos divino, pués este fué el periodo de formación — en la teoría y en la práctica — de un tipo especial de imaginário, la onirologia cristiana (LE GOFF, 1994: 283). Yá vimos que en el siglo IV el cristianismo todavía estaba en una fase de formación de sus dogmas, y el sueño ejerció un papel preponderante en la construcción del imaginário cristiano (LE GOFF, 1994: 329). La hagiografia del período tiene al sueño como punto convergente de la vida de la mayor parte de los santos, y el sueño de la madre de Macrina es de un tipo muy especial, así mismo excepcional, pués viene directamente de Dios.

Macrina puede realizar las aspiraciones que su madre tuvo cuando joven. Emélia había preferido quedarse soltera. Ambas tuvieron un relacionamento de mucha afectuosidad. De acuerdo con Gregorio, la sensación de la madre fué como si siempre hubiera cargado la hija en su vientre: el tiempo estaría inmóvil, señal indicadora de la santidad venidera, donde el pasado, presente y futuro estabam juntos y parecian coexistir (GUREVITCH, 1990: p. 122) en el útero de la madre.

Uno de los deseos de Macrina era que después de su muerte ella fuera colocada en la tumba al lado de la madre para que “sus cuerpos quedaran mezclados uno con el otro (...) y que su compañerismo en vida no fuera quebrado en la muerte” (VM [996 B]).

Es importante resaltar el papel de Macrina y de otras virgenes en la elaboración de retiros para donde afluían jovenes pobres y también viudas ricas que decidian ingresar en la vida religiosa. Es por ejemplo el caso de Vestiana:

una señora de nacimiento noble, que había sido famosa en la juventud por la riqueza, la buena familia, la belleza física y todas las otras distinciones. Ella se había casado con un hombre de alta posición y vivido con él un corto periodo. VM [988C]

De acuerdo con Peter Brown las organizaciones femeninas como las de Macrina se basaban en lazos de amistad y contaban con grandes grupos de virgenes, de cincuenta a cien, el alto contingente se debía a que el convento mantenía a señoras ricas que entregaban sus recursos a la iglesia y también vivian allí (BROWN: 1990, p. 222).

Para Macrina ser considerada santa, dos motivos pueden ser destacados. Su papel de virgen, conforme ya demostramos, y su vida ascética. Mas también debido a sus milagros, dos de ellos relatados con detalles por su hermano: la cura producida por Dios en la própria santa y la cura de una niña por Macrina.

En la historia del primer milagro, Macrina sufría de un tumor en el pecho, cosa que preocupaba mucho a su madre, principalmente por la hija recusarse a ser atendida por um médico. Entonces Macrina se dirigió a Dios y le pidió la cura, lo que le fué concedido:

Entonces, cuando la noche llegó, después de cuidar de su madre como siempre, ella fué para el santuario y suplicó por toda la noche a Dios por la cura. Un torrente de lágrimas cayó de sus ojos al suelo, y ella utilizó el lodo hecho de sus lágrimas como um remédio para su enfermedad. Cuando su madre se sintió desanimada y otra vez le insistió para que ella permitiera que el médico la viera, ella dijo que seria suficiente para la cura de su mal, que su madre le hiciera la señal sagrada en el local con su própria mano. Cuando su madre colocó la mano en el seno para hacer la señal de la cruz, la señal actuó y el tumor desapareció. VM [992B]

En lugar del tumor quedó apenas una pequeña marca, símbolo del milagro divino que Vestiana, la viuda a quien yá nos referimos antes, mostró a Gregorio momentos antes del entierro de Macrina:

“Ves”, ella dice, “esta pequeña marca borrada abajo del cuello? Era como una cicatriz hecha por una pequeña aguja. En cuanto hablaba, ella trajó una lámpara próxima al local que me estaba mostrando. “Lo que sorprende”, yo hable, “es como si el cuerpo hubiera sido marcado con alguna señal débil en este lugar”. “eso”, ella replicó, “fué dejado en el cuerpo como una prueba de la poderosa ayuda de Dios. (...)

“Mas eso”, ella dice, “es un minúsculo trazo de la marca; que apareció en el local de la terríble llaga y permaneció hasta el final de lo que podría ser, como imaginó, una memória de la visita divina, una ocasión y recuerdo de la perpétua acción de la gracia de Dios.” VM [992 A] e [992C]

El otro milagro fué la cura de una niña, que tenía una enfermedad en uno de los ojos, hecho que su padre contó a Gregorio. De acuerdo con el padre, “su apariencia [de la niña] era repulsiva y causaba pena, la membrana alrededor de su ojo era más ancha y emblanquecida por la enfermedad” (VM [996 D]).

Al visitar el retiro, él se había quedado en el ala masculina, junto com Pedro de Sebaste, hermano de Macrina, y su mujer e hija, en la compañia de Macrina y sus compañeras:

Cuando entramos en aquel domicílio divino, mi mujer y yo nos separamos, visitamos aquellos buscadores de filosofia de acuerdo con nuestro sexo. Fué para el ala de los hombres, presidida por Pedro, su hermano, en cuanto mi esposa fué para el ala femenina y conversó con la santa. VM [996 D]

A pesar de todo, en el momento en que se preparaban para partir, tanto Macrina como su hermano protestaron y ella hizo una promesa a la madre de la criança, si por acaso permaneciera mas un poco:

Su hermano [Pedro] estaba insistiendo para que yo me quedará y compartiera la mesa de los filósofos, y la santa señora no queria dejar que mi mujer se fuera antes que preparara una comida para ellos y las entretuviera con las riquezas de la filosofia. Y besando a la niña, como era natural, y colocando sus lábios en sus ojos, ella vió la enfermedad de la pequeña y dice — “si me concedes el favor de dividir nuestra comida, te daré a ti a cambio una recompensa no inmerecida por tal honor.”

“Cúal es?”, dice la madre de la niña.

“Yo tengo un remedio”, dice la gran señora, “que es poderoso para curar enfermedades en los ojos.” VM [998 A]

Los padres de la niña, entonces, permanecieron en el retiro por más tiempo y después de la comida partieron. En medio del viaje, afligida, la señora recordo haber olvidado pedir el medicamento a Macrina, y el marido ya pensaba en mandar a alguién , cuando la madre percibió que el milagro yá había sido efectuado:

Yo estaba avergonzado por el descuido [de olvidar el medicamento] y pedí que alguién volviera deprisa para ir a buscarlo. Así fué lo que ocurrió, la niña, que estaba en los brazos de la ama, miró para la madre y la madre miró en los ojos de la niña.

“Paren”, dice, avergonzada por la desatención, gritando con alegría y miedo. “Vean!”

“Nada de lo que fué prometido está faltando! Ella realmente le dió a la niña el verdadero remédio que cura la enfermedad; es la cura que viene de la oración. Yá dió ambos y él yá provó su eficácia; nada de la enfermedad quedó en los ojos. Todo fué purificado por el remédio divino.” VM [998 C e D]

Y, de acuerdo con sus palabras a Gregorio, el padre de la niña había entendido los designios de Dios:

“Qué puede sorprender en la recuperación de la visión de los ciegos por las manos de Dios, cuando Sus criaturas, ejecutando esas curas por la fé en Él, realizaron algo que no es inferior a aquellos milagros?”

Tal fué la história de él; que fué interrumpida por sollozos, y lágrimas y atragantaron lo que profirió. Tanto por el militar [el padre] como para su historia.” VM [998 D]

Estos son los milagros más importantes realizados por Macrina descritos por Gregório, mas él cita otros en su conclusión del relato, que según afirma, no explicará con mayores detalles, pués según su opinión podrian exceder la comprensión de muchos:

Muchos hombres juzgan lo que es creible en una historia por la medida de su própia experiencia. Mas lo que excede la capacidad del oyente, los hombres reciben con insulto y sospecha de falsedad, [como algo] muy remoto de la realidad. Consecuentemente, omito aquella extraordinária acción agrícola en la época de hambre, [de modo] como el maíz alivió las necesidades,a pesar de distribuído costantemente, no sufrió ninguna diminución perceptible, permaneciendo siempre en cantidad lo mismo que era antes de ser distribuído a las necesidades de los suplicantes. Y después de eso, hubo acontecimentos aún más sorprendentes, los cuales yo podría contar. Curas de enfermedades, expulsiones de demónios y previsiones verdaderas sobre el futuro. Se cree que todos sean reales, así mismo que aparentemente inacreditábles, por aquellos que los investigaron con cuidado. Mas por la mente carnal son juzgados fuera de lo posíble. (los grifos son nuestros) VM [1000 A]

*

Qué importancia tuvo esta santa en la vida de los hermanos, Basilio de Cesarea, Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste?

En la Vida de Macrina, Gregorio elógia la sabiduria de la hermana y su papel de conductora de la familia. De Pedro, el menor, menciona que ella ejerció un papel fundamental en su formación, después de la muerte del padre:

Así, habiendo sido todas las cosas para el joven — padre, profesora, tutora, madre, donadora de todos los buenos consejos — ella produjó tales resultados que, antes que la edad de la infancia hubiera pasado, cuando él aún estaba desvistiendo el primer florecimento de la tierna juventud, aspiró a la alta marca de la filosofia. [972C]

Al alcanzar la edad adulta, Pedro de Sebaste pasó a dividir el retiro de Anesi con Macrina. En cada una de las margenes del río Iris se localizaba una comunidad. La de las mujeres era regida por Macrina desde la muerte de la madre, y la de los hombres dirigida inicialmente por Basilio y después de su muerte, por su hermano Pedro.

Con relación a Gregorio de Nisa, el escritor de su biografia, Macrina le dió aliento para preservar sus creencias. Debido a las disputas contra el arrianismo, Gregorio fué depuesto del cargo de obispo y expulsado de Nisa en 376, habiendo reasumido sus funciones con la muerte del emperador Valenciano. Al quejarse con la hermana de sus penas, fué estimulado por ella a ser fuerte y dar gracias a Dios por lo que ya había recibido:

Tú no cesarás de ser insensíble a las bendiciones divinas? No remediarás la ingratitud de tu alma? No compararás tu posición con aquella de nuestros padres? Y aún, con relación a las cosas del mundo, nosotros podamos orgullarnos de ser bien nacidos y pensar que vinimos de una familia noble. Nuestro padre era muy estimado desde joven por su conocimiento; de hecho su fama se estableció por todas las cortes de ley de la provincia. Subsecuentemente, a pesar de él sobrepasar a todos en retórica, su reputación no se extendió más allá del Pontus. Mas él estaba satisfecho en tener fama en su própia tierra.

No entanto tú, [ella dice], eres renombrado en ciudades, pueblos y países. Iglesias te citan como un aliado y dirigente, y no ves la gracia de Dios en todo eso? VM [982 B]

Sobre Basilio, que había estudiado retórica en Atenas, Gregorio dice que la hermana lo llevó a despreciar el orgullo por sus conocimientos y lo condujo al camino de la humildad:

El hermano de Macrina, el gran Basilio, retornó después de su largo periodo de educación, ya un hábil retórico. Él estaba envanecido más de la cuenta con el orgullo de la oratória y despreciaba a los dignatarios locales, superando según su própia opinión a todos los hombres de liderazgo y alta posición.

No entanto, Macrina lo tomó por la mano, y con tal rapidez lo llevó también en dirección a la marca de la filosofia, que renunció a las glórias de este mundo y despreció la fama ganada por el discurso (...) Su renúncia a la propriedad fué completa, para que nada debiera impedir una vida de virtud. VM [966C]

Basilio, el Grande, o San Basilio, el más viejo de los hermanos, fué mas tarde considerado doctor de la Igresia. Visitó a los ascetas de Siria, Egipto y Palestina (GILSON, 1998: 63). Es considerado el padre del monacato oriental y su regla fué inspirada en la que Macrina escribió para su retiro en Anesi. Fundó hospitales y se dedicó a cuidar de los pobres, teniendo como principal proyecto la formación de fraternidades basadas en el auxílio mútuo y en el voto de pobreza (BROWN, 1990: 243).

Produjó vários escritos contra el arrianismo, también se le dá el crédito por la fórmula de Dios como única esencia [hypostasis] con tres personas [hypostases]. Murió nueve meses antes que Macrina, en 379.

Además de incitar la fe en sus hermanos, la importancia de Macrina no es nada despreciable en la historia del cristianismo primitivo del siglo IV. Su influencia junto a la de su hermano Basilio fué notable. Gracias a ella, Basilio se tornó eremita, fundó monastérios y trazó las reglas que regirian la vida monástica de la Igresia Ortodoxa — Basilio representa el hombre nuevo de las elites dirigentes del Bajo Imperio: aristocrático y latifundista apegado a la vida urbana, amante de la cultura griega y convicto de su cristianismo, monje y obispo (TEJA, 1989: 94).

Si llevamos en consideración el peso de las palabras y gestos sobre sus hermanos, podemos tener una idea de la influencia de Macrina en la construcción del monacato cristiano: San Benito se inspiró en Basilio de Cesarea para elaborar su regla. De Macrina a San Benito, la historia del monacato en el mundo cristiano fué así modelado, con base en el ascetismo rigoroso, en la lectura de las Escrituras y en el papel de las vírgenes como metáforas vivas del Paraíso Perdido.

Através del relato sobre su vida, también podemos observar la actuación de una mujer como conductora intelectual de su familia. Como guia y protectora espiritual ella era la “maestra”, mi “señora”. Un cambio significativo de la mirada masculina en relación a ellas. Nacida en el seno de los hogares cristianos, pués se creía que el dueño de casa era el principal beneficiado con la devoción de su virgen, la asceta era, por eso mismo, un ejemplo de comportamiento, de pureza. Según Gregorio, en su obra De la Virginidad, las virgenes mantenían una relación de tiempo completo con el Creador, y por eso Macrina se encontraba en la “frontera del mundo invisíble”, que era interrumpido por los humanos que se dedicaban al sexo.

El modelo de Macrina ayudó a fortalecer uma idea vigente de entonces, el que las mujeres consagradas eran un depósito de valores para las comunidades cristianas. Eran las kanonikai — mujeres comprometidas com um canon, una vida regular y ascética cotidiana en un pequeño grupo espiritual y orgánico que las destacaba de las otras fieles. Nacia así el ideal ascético cristiano femenino. A corto prazo, el modelo de Macrina influenciaría, por ejemplo, la actitud ambivalente de la sociedad patriarcal de Bizancio en relación a la mujer: entre Eva y Maria, entre el ideal ascético cristiano de la virgindad y el del celibato, y la “promoción” del matrimonio (TALBOT, 1998: 118). Además de modelo de mujer santa, la vida de Macrina es también modelo original para las abadesas medievales.

A largo plazo, el modelo ascético de Macrina fortaleció el discurso del polo positivo femenino cristiano (ALEXANDRE, s/d: 511): la exaltación de la virgen, con su poder de donación, intrínseco a su sexo, su influencia cristiana en el seno de la familia (2 Tim), y su papel auxiliador en la conversión de las poblaciones al cristianismo.

Es con este último punto, este atributo femenino — la conversión — que terminamos este artículo. Un pasaje de una carta de Basilio de Cesarea a los habitantes de Neocesarea, que muestra la fuerza de la imagen de Macrina, la fuerza cristiana femenina, en la difusión del cristianismo del siglo IV:

Que prueba más clara podría haber en favor de nuestra fe que el hecho de haber sido educados por una anciana que era una bienaventurada mujer salída de en medio de vosotros? Os hablo de la ilustre Macrina, que nos enseñó las palabras del bienaventurado Gregorio (el Taumaturgo), todas las que la tradición oral le había conservado, que ella misma guardaba y de las que se servia para educar y para formar en los dogmas de la piedad al niñito que aún éramos? (ALEXANDRE, s/d: 554)

Además del ascetismo y de la función mágica de la virgen como un vislumbramiento de la pureza de Dios, este era el principal papel femenino que los hombres de aquel entonces veían en las mujeres: cimiento transmisor de la fé en los linajes. Propagar la fé por medio de su amor infinito resguardado en su virginidad eterna.

*

Fonte
Vida de Macrina. (Trad. de Adriana Zierer, com base no texto estabelecido por W. K. Lowther Clarke na Internet Medieval Sourcebook).

Bibliografia citada

ALEXANDRE, Monique. “Do anúncio do Reino à Igreja. Papéis, ministérios, poderes femininos”. In: DUBY, Georges e PERROT; Michelle (dir.). História das Mulheres no Ocidente, Volume 1 – A Antiguidade (dir. De Pauline Schmitt Pantel). Lisboa: Edições Afrontamento/EBRADIL, s/d, p. 510-563.

ARMSTRONG. Karen. Uma História de Deus. Quatro milênios de busca do Judaísmo, Cristianismo e Islamismo. São Paulo: Companhia das Letras, 1994.

BLAZQUEZ, J. M. “El monacato de los siglos IV, V y VI como contracultura civil y religiosa”. In: HIDALGO DE LA VEGA, Maria José (ed.). La Historia en el contexto de las ciencias humanas y sociales. Homenaje a Marcelo Vigil Pascual. Salamanca: Universidad de Salamanca, 1989, p. 97-121.

BOWDER, Diana. Quem foi quem na Roma Antiga. São Paulo: Art Editora/Círculo do Livro, s/d.

BROWN, Peter. “Antiguidade tardia”. In: ARIÈS, Philippe e DUBY, Georges (dir.). História da vida privada I. Do Império Romano ao ano mil. São Paulo: Companhia das Letras, 1990, p. 224-299.

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CHEVALIER, Jean e GHEERBRANT, Alain. Dicionário de Símbolos — mitos, sonhos, costumes, gestos, formas, figuras, cores, números. Rio de Janeiro: José Olympio Editora, 1995.

CORRIGAN, Kevin. Syncletica and Macrina: Two Early Livres of Womem Saints (link is external).

COSTA, Ricardo da. A Árvore Imperial — um Espelho de Príncipes na obra de Ramon Llull (1232?-1316?). Tese de doutorado, UFF, Niterói, 2000.

COSTA, Ricardo da. “Santa Mônica: a criação do ideal da mãe cristã”. In: Representações da Antigüidade — III Congresso Nacional de Estudos Clássicos — IX Reunião da Sociedade Brasileira de Estudos Clássicos. Rio de Janeiro: SBEC/Instituto de Filosofia e Ciências Sociais da Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ), 1995, p. 21-35.

DUBY, Georges e PERROT, Michele. “Escrever a história das mulheres”. In: DUBY, Georges e PERROT; Michelle (dir.). História das Mulheres no Ocidente, Volume 1 – A Antiguidade (dir. De Pauline Schmitt Pantel). Lisboa: Edições Afrontamento/EBRADIL, s/d, p. 7-18.

GILSON, Etienne. A Filosofia na Idade Média. São Paulo: Martins Fontes, 1998.

GUREVITCH, Aron. As categorias da cultural medieval. Lisboa: Caminho, 1990.

KING, Margot. The Desert Mothers: A Survey of the Feminine Anchoretic Tradition in Western Europe (link is external).

TALBOT, Alice-Mary. “A mulher”, In: CAVALLO, Guglielmo (dir.). O Homem Bizantino. Lisboa: Editorial Presença, 1998, p. 115-139.

TEJA, Ramon. “Monacato y historia social: Los orígenes del monacato y la sociedad del Bajo Imperio Romano”. In: HIDALGO DE LA VEGA, Maria José (ed.). La Historia en el contexto de las ciencias humanas y sociales. Homenaje a Marcelo Vigil Pascual. Salamanca: Universidad de Salamanca, 1989, p. 81-96.

The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton Company, Vol. IX, 1999.

(fuente: www.ricardocosta.com)

otros santos 14 de enero:

- San Félix de Nola
- Beato Pedro Donders

miércoles, 13 de enero de 2016

13 d enero: San Remigio de Reims

(+ ca.530)

San Remigio, célebre obispo de Reims, conocido en la historia principalmente por el hecho de haber bautizado al rey Clodoveo y un buen número de su pueblo, fué hombre, según el testimonio de San Gregorio de Tours, insigne por su erudición y santidad y por sus obras maravillosas, por todo lo cual es considerado como el apóstol de los francos. Las fuentes que nos informan sobre él, principalmente San Gregorio. de Tours y San Avito de Vienne, aunque fieles en la relación de los hechos fundamentales, no son absolutamente seguras, en lo que se refiere a los detalles de los mismos. Sin embargo, tomando el conjunto de éstos, podemos decir que estamos suficientemente informados.

Nacido en Laon, hacia el año 437, de padres galos, hizo tan considerables progresos en su formación, y particularmente en la elocuencia, que, según el testimonio de San Sidonio Apolinar, compañero suyo en los primeros años, llegó a superar a todos sus iguales. Contando sólo veintidós años de edad, al quedar vacante en 459 la sede de Reims, fue él destinado para la misma, y los hechos probaron bien pronto que con su celo y fervor de espíritu suplía lo que le faltaba de experiencia.

No poseemos muchas noticias sobre la actividad de San Remigio durante la primera etapa de su vida, desde su elevación a la sede de Reims, en 459, hasta el gran acontecimiento de la conversión de Clodoveo, hacia el 496, en que tan directamente intervino San Remigio. Pero lo poco que conocemos nos lo presenta como un prelado eminente, consciente de sus deberes y entregado de lleno a la instrucción y gobierno de su pueblo. Sabemos por Sidonio Apolinar que desarrolló gran actividad en convertir a muchos entre los invasores francos y someterlos al yugo de Cristo. El mismo atestigua que poseyó un volumen de los sermones de Remigio, cuya suavidad, belleza de expresión y plenitud de doctrina pondera extraordinariamente. Con esta elocuencia, a la que se juntaba su eminente santidad, contribuyó eficazmente a poner el fundamento de la conversión del pueblo de los francos.

Entre los pocos documentos que de este tiempo se nos han conservado es digna de memoria una carta, dirigida por San Remigio, hacia el año 482 a Clodoveo, en la que lo felicitaba por su feliz principio como rey de los francos en la región de Tournai y le daba excelentes orientaciones y consejos para el gobierno de su pueblo. Así le dice: "Debéis mostrar deferencia con los sacerdotes y recurrir siempre a su consejo. Si reina armonía entre vos y ellos, vuestro reino sacará de ello mucho provecho... Que todos os amen y os respeten... Que vuestro tribunal sea asequible a todos y que nadie salga triste de él. Emplearéis todas las riquezas de vuestros padres en librar cautivos y desatar las cadenas de los esclavos..."

De hecho, tal era ya su prestigio por este tiempo que, cuando Clodoveo conquistó la Galia del Norte, en torno al año 490, Remigio fue, seguramente, el intermediario entre la población indígena, cristiana en su mayoría, y los dirigentes conquistadores. Todo su empeño lo dirigió desde entonces a atraer al mismo Clodoveo a la religión cristiana.

Precisamente la intervención de San Remigio en la conversión definitiva de Clodoveo y del pueblo franco constituye el punto más interesante y glorioso de su vida. Por esto es conveniente notarla con alguna detención. Ante todo, consta que en este tiempo Clodoveo, aunque continuaba afecto al paganismo, trataba amistosamente con los cristianos, que constituían la mayoría de la población indígena. El mismo había tomado por esposa a la católica Clotilde, hija del rey cristiano de Borgoña, Chilperico. Más aún: sabemos que ella realizó repetidos intentos de convertir a su esposo al cristianismo, y que éste consintió en que su primogénito fuera bautizado. Es verdad que según se refiere, habiendo muerto el niño poco después dei bautismo, echó en cara a la reina esta muerte, afirmando que no hubiera muerto si hubiera sido puesto bajo la protección de los dioses francos; sin embargo, volvió a permitir que su segundo hijo fuera bautizado.

Estando, pues, Clodoveo en esta disposición tuvo lugar su conversión, según todos los indicios, durante la guerra que mantuvo contra los alemanes el año 496 o tal vez 497. ¿Cómo sucedió este importante acontecimiento y qué intervención tuvo en él San Remigio, el apóstol de los francos? No es fácil responder con absoluta objetividad a esta pregunta. Sin embargo, teniendo presente el relato de San Gregorio de Tours, que es quien más detalles nos ofrece, y otras noticias contemporáneas, podemos responder substancialmente lo siguiente:

Habiendo irrumpido los alemanes en el territorio de los francos encontrábase Clodoveo en el momento decisivo de la batalla. Más aún: cuando advirtió que los francos comenzaban a ceder y que era inminente la victoria de sus enemigos, invocó al Dios de su esposa, Santa Clotilde, prometiéndole abrazar la fe si le concedía la victoria. De hecho, inesperadamente, volvieron la espalda los enemigos y emprendieron la huida. Ante un hecho tan sorprendente, Clodoveo, ya victorioso, se decidió a realizar lo prometido.

A este hecho fundamental añade San Gregorio de Tours diversos detalles, de cuya objetividad no ofrece plenas garantías Tales son: que su esposa, Clotilde, antes de emprender Clodoveo la batalla, le dijo: "Señor, si quieres alcanzar victoria, invoca al Dios de los cristianos: si tú lo invocas con toda confianza, nada se te puede resistir". A lo cual respondió Clodoveo que así lo haría, y, si salía victorioso, se haría cristiano. Por esto el mismo historiador, en el momento crítico de la batalla, pone en boca del rey franco estas palabras invocando al Señor: "¡Oh Cristo, a quien Clotilde invoca como Dios vivo!, yo imploro tu ayuda. He invocado a mis dioses, y ellos no tienen ningún poder. Acudo, pues, a ti. Yo creo en ti. Líbrame de mis enemigos y yo me bautizaré en tu nombre".

El mismo Gregorio de Tours añade multitud de detalles sobre los acontecimientos que luego siguieron: cómo, lleno de júbilo por la victoria, exclamó al encontrarse con su esposa, Clotilde: "Clodoveo ha vencido a los alemanes pero tú has vencido a Clodoveo". Y a continuación realizó con toda solemnidad el acto trascendental de su propio bautismo y de gran número de magnates de su pueblo. Reduciendo, pues, a lo substancial todo este relato, podemos sintetizarlo de la manera siguiente:

Con el consejo de su esposa, Santa Clotilde, Clodoveo se puso en contacto con San Remigio de Reims, y, efectivamente, bajo su dirección, tanto el rey como un buen número de magnates y del pueblo recibieron la instrucción necesaria para poder recibir el bautismo. Clodoveo manifestó, por una parte, su preocupación de que muchos de ellos, particularmente los hombres de su guardia personal, no renunciarían fácilmente a sus dioses, y, por otra, su voluntad de que no se forzara a nadie a abrazar la fe cristiana. Pero la mayoría de los magnates y demás cortesanos se manifestó decidida a seguir el ejemplo de su rey. Así, pues, dedicóse de lleno San Remigio a la obra de su instrucción, en lo que consta que le ayudó otro santo insigne, San Vedasto.

La escena misma del bautismo, aun exponiéndonos a mezclar los hechos estrictamente históricos con detalles subjetivos del cronista, vale la pena reproducirla como nos la refiere San Gregorio. En efecto, con el objeto de impresionar los sentidos de aquel pueblo bárbaro con las solemnes ceremonias del bautismo, San Remigio y la reina Clotilde procuraron que la ciudad de Reims, donde se realizó probablemente este gran acto, se engalanara con toda magnificencia y que la catedral y el baptisterio aparecieran con los esplendores de las grandes fiestas. Luego añade el historiador: "El nuevo Constantino avanza hacia el baptisterio. Cuando hubo entrado en él, en presencia de todo el pueblo y de la corte entera que lo contemplaba, el obispo Remigio le dice: "Inclina humildemente tu cabeza; adora lo que hasta ahora has quemado: quema lo que hasta aquí has adorado". Así, pues, habiendo hecho Clodoveo la profesión de fe en Dios omnipotente y en la Trinidad, fue bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".

A continuación San Remigio bautizó a dos hermanas del rey y, con la ayuda de otros sacerdotes, a unos tres mil hombres de la corte y del ejército, así como también a gran multitud de mujeres y niños. Muchos suponen que estos acontecimientos tuvieron lugar el 25 de diciembre de 496, el mismo año de la victoria de Clodoveo sobre los alemanes.

Fácilmente se comprende el entusiasmo con que recibió estos acontecimientos el episcopado de las Galias. San Avito de Vienne escribía al príncipe: "Vuestra fe es nuestra victoria... ¿Osaré yo predicaros la misericordia de Dios, cuando un pueblo, hasta ahora cautivo, celebra la vuestra con transportes de júbilo ante el mundo entero y con lágrimas delante de Dios? Yo no formulo más que un voto; puesto que Dios va a hacer, por vuestro medio, un pueblo enteramente suyo, esparcid del tesoro de vuestro corazón semillas de fe entre los pueblos vecinos que, viviendo en su ignorancia, no han sido corrompidos por los gérmenes de las doctrinas perversas".

Una vez realizada la conversión oficial del pueblo franco, en la que tan activa parte tuvo San Remigio, continuó éste trabajando con la mayor intensidad en su ulterior instrucción. Bajo la protección de Clodoveo continuó esparciendo entre los francos la semilla del Evangelio, con lo cual realizó una obra admirable. La leyenda le atribuye un número extraordinario de milagros en esta labor de evangelización. A este propósito es célebre, sobre todo, la de la vasija o ampolla sancta, que se conservaba en la abadía de San Remigio, que se supone ser la misma que sirvió para ungir con el óleo santo del bautismo al rey Clodoveo y que vino milagrosamente del cielo. Esta vasija se empleaba en la consagración de los reyes de Francia, pero fue rota en la Revolución francesa, si bien se conserva una parte de ella en la catedral de Reims.

Los obispos, reunidos en una asamblea convocada en Reims, declararon que se sentían impulsados a la defensa de la fe por el ejemplo viviente de San Remigio, el cual, según ellos afirman, "en todas partes destruyó los altares de los ídolos, realizando multitud de milagros". De él conservamos una carta, escrita poco después de la muerte de Clodoveo, ocurrida en 511 y dirigida al obispo de Tongres-Maestricht. En tono enérgico reprocha a este último obispo algunos excesos cometidos contra algunos pueblos. De este modo aparece la entereza de carácter con que continuó trabajando hasta el fin de su vida.

De todo ello se deduce que San Remigio, en la última etapa de su vida, hizo lo que pudo para promover el Evan gelio entre el pueblo de los francos, recién convertido al cristianismo, por lo cual, con justo título, es venerado como su apóstol. En un sínodo celebrado en 517 convirtió a un obispo arriano, que se había presentado para argluir contra el santo obispo. Sin embargo, su acción apostólica no siempre encontró la aprobación y buena acogida entre sus hermanos de episcopado.

Poco después de la muerte de Clodoveo, probablemente en 512, los obispos de París, Sens y Auxerre le escribieron acerca de un sacerdote, llamado Claudio, ordenado por él a petición del rey. En la carta le reprochan el haber ordenado a un hombre mercader, según ellos, de degradación, y dan a entender que piensan fue sobornado para ello, acusándole de haber perdonado todos los desaciertos financieros de Claudio. Se conserva la carta con la que San Remigio respondió a este cúmulo de inculpaciones y acusaciones infundadas. Claramente convencido de que aquellos obispos estaban llenos de despecho y apasionamiento, se lo manifiesta así con toda claridad, pero su respuesta es un modelo de paciencia y caridad.

San Gregorio de Tours atestigua que gobernó la Iglesia de Reims setenta años, y que murió en paz hacia el año 530. Se ha conservado el texto de un testamento, que se le atribuye. Probablemente es auténtica la versión breve del mismo. Su fiesta se celebró en distintas fechas, y la Iglesia de Reims le dedicaba cinco durante el año: el 12 de enero, la vigilia; el 13, su fiesta, el 29 de mayo, la traslación, el 1 de octubre, otra traslación; el 30 de diciembre, su relación. Pero, al fin, prevaleció el 1 de octubre como única fiesta.

escrito por Bernardino Llorca, S. I.
(fuente: www.mercaba.org)

otros santos 13 de enero:

- Beata Francisca de la Encarnación
- Beata Verónica de Binasco
-

martes, 12 de enero de 2016

12 de enero: San Arcadio de Cesarea

mártir

Etim: de Arcadia, en griego.

Hombre rico y prominente de Mauritania (hoy Argelia). El año de su martirio no consta en las actas. Algunos lo sitúan durante el imperio de Valeriano, otros bajo Dioclesiano.

Para escapar la persecución huyó al bosque donde vivió como ermitaño. Las autoridades quisieron hacer de el una advertencia para otros por lo que arrestaron a un miembro de su familia, amenazándolo de muerte si Arcadio no se entregaba. Arcadio fue directamente a la corte y se entregó. El juez dijo que lo pondría en libertad si sacrifica públicamente a los dioses paganos. Arcadio rehusó y le cortaron manos y pies para aumentar su suplicio. Se mantuvo firme en la fe por lo que fue martirizado, probablemente en Cesarea, la capital de Mauritania. Al morir grito: "vuestros dioses no son dioses. Aquel por quien muero es el verdadero Dios. El me conforta y sostiene"

(fuentes: Lives of the Fathers, Martyrs and other Principal Saints, Butler, Vol 1, pg. 43. Otras; corazones.org)

otros santos 12 de enero:

- San Antonio María Pucci
- Santa Margarita Bourgeoys

lunes, 11 de enero de 2016

11 de enero: SAn Vital de Gaza

Ermitaño

Etimológicamente: Vital = Aquel que está lleno de via, viene de la lengua latina.


Breve Biografía

Vital tenía nada menos que sesenta años cuando descubrió la riqueza del Evangelio de Jesús de Nazaret.

Se dio cuenta de que Dios invita a las "mujeres de mala vida" a que entren en su reino.

El vivía tranquilo como ermitaño en su ermita de Gaza en Palestina, tan actual en nuestros días por motivos políticos y bélicos, no por cuestiones religiosas.

Dejó su vida apacible y se marchó a Alejandría, célebre por su barrio chino al lado del puerto.

Allí se construyó su ermita. Se dedicó a hacer dos cosas importantes: una, pedir limosna de puerta en puerta; otra fue la dedicación completa al mundo de la prostitución.

Estas mujeres le tomaron en seguida un gran afecto, y entablaron con él una seria amistad porque estimaban en mucho sus palabras y sus sanos juicios acerca de sus vidas.

A pesar de ser un trabajo difícil, tenía las puertas de su ermita abierta para que fueran a hablar con él cuando quisieran. Les hablaba de la felicidad que da la honestidad de costumbres.

Gracias a sus palabras y al amor sincero y puro que les tenía, además de ser su paño de lágrimas, muchas se convertían y dejaban su mala vida.

Pero como suele ocurrir, había “beatos y beatas” que veían con malos ojos que se dedicara a este trabajo. Lo denunciaron al obispo y lo encerraron.

Las chicas prostitutas pasaban cada noche frente al palacio episcopal gritando y reclamando la libertad de su amigo Vital. El obispo lo comprendió.

Pero días más tarde lo mataron los “beatos o santones cumplidores farisaicos”.

Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com 
(fuente: catholic.net)

otros santos 11 de enero:

- San Paulino de Aquileya
- Santo Tomás de Cori

domingo, 10 de enero de 2016

10 enero: Beato Gonzalo de Amarante

Presbítero

Martirologio Romano: En Amarante, lugar de Portugal, beato Gonzalo (Gundisalvus, Gonsalvo), presbítero de Braga, que después de una larga peregrinación por Tierra Santa ingresó en la Orden de Predicadores y más tarde se retiró a una ermita, ayudando a construir un puente y trabajando en bien de los habitantes del lugar con su oración y predicación (c. 1259).

Tagilde, del obispado de Braga, es el pueblo portugués que le vió nacer. Por la discreción que desde pequeño demostró el Arzobispo de Braga lo toma bajo su techo preparándolo para el sacerdocio. Luego le encomienda la Abadía de San Pelayo por sus cualidades. Es muy responsable y celoso de sus ovejas a las que acerca a Jesucristo más con las obras que con los sermones, por ello adopta unas ropas de mendigo y, arreciando en la penitencia, da en limosna a los pobres cuanto le llega.

Como tiene un deseo vivo de visitar los Santos Lugares, deja a un sobrino el cuidado de la Abadía y comienza su soñada peregrinación. Lleno de agradecimiento y con muchas lágrimas de pesar, Gonzalo contempla con admiración, mira piadoso, besa con cariño y venera con respeto lo que para la fe son monumentos. De hecho, el tiempo pasa insensible en su embeleso.

A los catorce años regresa para cuidar a sus ovejas. Ha sido muy larga la ausencia. La Abadía ha cambiado. El pastor se ha hecho lobo. Ha abandonado el cuidado y se ha dedicado al despojo. Entre comilonas, cacerías, vicios y vanidades se ha convertido de servidor en dueño. Como tantos. No obedece los requerimientos del tío y hasta lo echa con amenazas violentas, maltratándolo físicamente. Ya intentó antes demostrar su muerte para asegurarse el puesto.

El legítimo abad, aprendió mucho en Palestina. Se retira humillado y vencido. Recorre los alrededores y predica feliz el Evangelio; construye una pequeña ermita y se convierte en ermitaño orante solitario, predicador y consejero por los alrededores de Tamaca.

La Virgen le lleva a pasar una noche en el monasterio de Vimaro, de los dominicos. Allí es aceptado como religioso, recibe los hábitos, hace sus votos y edifica a todos con su piedad, mortificación y santidad.

Con la autorización del prelado, vuelve al oratorio de Amarante donde se entrega sin límites a la oración, penitencia y apostolado hasta el fin de su vida quemada en amor a Dios y en bien de los hermanos. Contrajo un gravísima enfermedad y se dispuso a morir como los mejores discípulos del Señor. Muere en manos de la Virgen el 10 de enero de 1260.

Aparte quedan los adornos. A la escueta y noble figura del santo la piedad, el cariño o la fantasía añadió notas poco probables, nada necesarias e imposibles de comprobar por la ciencia histórica, pero que embellecían de modo maravilloso y sobrenatural, como aureola, la grandeza de un hombre fiel. Fue el tiempo quien añadió los guiños que hacía a Jesús crucificado mientras mamaba los pechos de su ama de leche cuando era bebé; como las repetidas, frecuentes y casi continuas apariciones de la Virgen; y como el que los peces del río saltaban a la orilla ofreciéndose como vianda para quien predicaba a Jesucristo.

Fue beatificado por el Papa Pío IV en el año 1560.

(fuente: catholic.net)

otros santos 10 de enero:

- San Pablo de Tebas
- Beata María Dolores Rodriguez Sopeña

sábado, 9 de enero de 2016

09 de enero: Beata Julia de la Rena

n.: c. 1320 - †: 1367 - país: Italia
otras formas del nombre: Julia de Certaldo
canonización: Conf. Culto: Pío VII 1819

En Certaldo, lugar de la Toscana, beata Julia de la Rena, de la Tercera Orden de San Agustín, que permaneció encerrada en una pequeña celda junto a la iglesia, en la que vivió sólo para Dios.

Nació en la Toscana, en Certaldo, alrededor del 1320, de una familia de noble origen, pero en decadencia. Quedó huérfana siendo joven, y entró al servicio de los Tinolfi en la vecina Florencia donde, en contacto con los agustinianos y su espiritualidad, vistió -sin tener aun veinte años, el hábito de las agustinas seculares. Sintiéndose llamada a a la búsqueda de una vida más radical y austera, en pleno florecimiento de su existencia, se decide a abandonar la ciudad y refugiarse en un lugar solitario. Volvió luego a Certaldo alojándose en una pequeña habitación junto a la iglesia agustiniana de San Miguel y Santiago. Primero fueron abiertas dos pequeñas ventanas: una hacia la iglesia, para asistir al servicio sagrado, y la otra hacia afuera, para recibir el alimento que la piedad popular le acercase. Hizo colocar sobre una pared un crucifijo y después, con solemnidad, desde el exterior un albañil tapió con un muro el acceso.

No dejará más el pequeño «romitorio». Como las reclusas, vivirá segregada del mundo por un período de cerca de treinta años, recorriendo hasta el fondo la larga vía de la ascésis y de la mística. Penitencia y oración serán sus ocupaciones cotidianas. Mantenerla con vida era ocupación de los ciudadanos de Certaldo y alrededores. Cuenta la tradición popular que incluso los niños corrían muchas veces en su ayuda, llevándole algunos alimentos, y que Julia, agradecida y sonriente, les respondía con flores frescas en cualquier estación del año. Nada más se sabe de ella sino que era muy venerada por sus conciudadanos por la vida de piedad que manifestaban sus ojos.

Murió en torno al 1370. Su culto se inició inmediatamente a su tránsito, porque ya en 1372 está atestiguada la dedicación de un altar en la misma iglesia junto a la cual había vivido, y donde estaba enterrado su cuerpo. Desde el 1506 el municipio certaldés contribuia para la fiesta en honor de la beata, a cuya protección fue atribuida varias veces la liberación de contagios y de la peste. Sus restos mortales se veneran en Certaldo, en la iglesia de San Miguel y Santiago (aunque la iglesia ya no es agustina). Su culto inmemorial fue confirmado por SS Pío VII en 1819.

Traducido para ETF de un artículo del P. Bruno Silvestrini, O.S.A. El cuadro que ilustra la noticia es "Beata Giulia da Certaldo», óleo sobre tela de 2009, de la artista plástica certaldesa Sabrina Taddei

(fuentes: Santi e Beati; eltestigofiel.org)

otros santos 09 de enero:

- Beata María Teresa de Jesús Le Clerc
- San Eulogio de Córdoba

viernes, 8 de enero de 2016

08 de enero: San Severino

Murió el 9 de enero del año 482, pronunciado la última frase del último salmo de la S. Biblia (el 150): "Todo ser que tiene vida, alabe al Señor".

Había nacido probablemente en Roma el año 410. Es patrono de Viena (Austria) y de Baviera (Alemania).

Su biografía la escribió su discípulo Eugipio.

A nadie decía que era de Roma (la capital del mundo en ese entonces) ni que provenía de una familia noble y rica, pero su perfecto modo de hablar el latín y sus exquisitos modales y su trato finísmo lo decían.

San Severino tenía el don de profecía (anunciar el futuro) y el don de consejo, dos preciosos dones que el Espíritu Santo regala a quienes le rezan con mucha fe.

Se fue a misionar en las orillas del río Danubio en Austria y anunció a las gentes de la ciudad de Astura que si no dejaban sus vicios y no se dedicaban a rezar más y a hacer sacrificios, iban a sufrir un gran castigo. Nadie le hizo caso, y entonces él, declarando que no se hacía responsable de la mala voluntad de esas cabezas tan duras, se fue a la ciudad de Cumana. Pocos días después llegaron los terribles "Hunos", bárbaros de Hungría, y destruyeron totalmente la ciudad de Astura, y mataron a casi todos sus habitantes.

En Cumana, el santo anunció que esa ciudad también iba a recibir castigos si la gente no se convertía. Al principio nadie le hacía caso, pero luego llegó un prófugo que había logrado huir de Astura y les dijo: "Nada de lo terrible que nos sucedió en mi ciudad habría sucedido si le hubiéramos hecho caso a los consejos de este santo. El quiso liberarnos, pero nosotros no quisimos dejarnos ayudar". Entonces las gentes se fueron a los templos a orar y se cerraron las cantinas, y empezaron a portarse mejor y a hacer pequeños sacrificios, y cuando ya los bárbaros estaban llegando, un tremendo terremoto los hizo salir huyendo. Y no entraron a destruir la ciudad.

En Faviana, una ciudad que quedaba junto al Danubio, había mucha carestía porque la nieve no dejaba llegar barcos con comestibles. San Severino amenazó con castigos del cielo a los que habían guardado alimentos en gran cantidad, si no los repartían. Ellos le hicieron caso y los repartieron. Entonces el santo, acompañado de mucho pueblo, se puso a orar y el hielo del río Danubio se derritió y llegaron barcos con provisiones.

Su discípulo preferido, Bonoso, sufría mucho de un mal de ojos. San Severino curaba milagrosamente a muchos enfermos, pero a su discípulo no lo quiso curar, porque le decía: "Enfermo puedes llegar a ser santo. Pero si estás muy sano te vas a perder." Y por 40 años sufrió Bonoso su enfermedad, pero llegó a buen grado de santidad.

El santo iba repitiendo por todas partes aquella frase de la S. Biblia: "Para los que hacen el bien, habrá gloria, honor y paz. Pero para los que hacen el mal, la tristeza y castigos vendrán" (Romanos 2). Y anunciaba que no es cierto lo que se imaginan muchos pecadores: "He pecado y nada malo me ha pasado". Pues todo pecado trae castigos del cielo. Y esto detenía a muchos y les impedía seguir por el camino del vicio y del mal.

San Severino era muy inclinado por temperamento a vivir retirado rezando y por eso durante 30 años fue fundando monasterios, pero las inspiraciones del cielo le mandaban irse a las multitudes a predicar penitencia y conversión. Buscando pecadores para convertir recorría aquellas inmensas llanuras de Austria y Alemania, siempre descalzo, aunque estuviera andando sobre las más heladas nieves, sin comer nada jamás antes de que se ocultara el sol cada día; reuniendo multitudes para predicarles la penitencia y la necesidad de ayudar al pobre y sanando enfermos, despertando en sus oyentes una gran confianza en Dios y un serio temor a ofenderle; vistiendo siempre una túnica desgastada y vieja, pero venerado y respetado por cristianos y bárbaros, y por pobres y ricos, pues todos lo consideraban un verdadero santo.

Se encontró con Odoacro, un pequeño reyezuelo, y le dijo proféticamente: "Hoy te vistes simplemente con una piel sobre el hombro. Pronto repartirás entre los tuyos los lujos de la capital del mundo". Y así sucedió. Odoacro con sus Hérulos conquistó Roma, y por cariño a San Severino respetó el cristianismo y lo apoyó.

Cuando Odoacro desde Roma le mandó ofrecer toda clase de regalos y de honores, el santo lo único que le pidió fue que respetara la religión y que a un pobre hombre que habían desterrado injustamente, le concediera la gracia de poder volver a su patria y a su familia. Así se hizo.

Giboldo, rey de los bárbaros alamanos, pensaba destruir la ciudad de Batavia, San Severino le rogó por la ciudad y el rey bárbaro le perdonó por el extraordinario aprecio que le tenía a la santidad de este hombre.

En otra ciudad predicó la necesidad de hacer penitencia. La gente dijo que en vez de enseñarles a hacer penitencia les ayudara a comerciar con otras ciudades. El les respondió: "¿Para qué comerciar, si esta ciudad se va a convertir en un desierto a causa de la maldad de sus habitantes?". Y se alejó de la ciudad. Poco después llegaron los bárbaros y destruyeron la ciudad y mataron a mucha gente.

En Tulnman llegó una terrible plaga que destruía todos los cultivos. La gente acudió a San Severino, el cual les dijo: "El remedio es rezar, dar limosnas a los pobres y hacer penitencia". Toda la gente se fue al templo a rezar con él. Menos un hacendado que se quedó en su campo por pereza de ir a rezar. A los tres días la plaga se había ido de todas las demás fincas, menos de la inca del haciendo perezoso, el cual vio devorada por plagas toda su cosecha de ese año.

En Kuntzing, ciudad a las orillas del Danubio, este río hacía grandes destrozos en sus inundaciones, y le hacía mucho daño al templo católico que estaba construido a la orilla de las aguas. San Severino llegó, colocó una gran cruz en la puerta de la Iglesia y dijo al Danubio: "No te dejará mi Señor Jesucristo que pases del sitio donde está su santa cruz". El río obedeció siempre y ya nunca pasaron sus crecientes del lugar donde estaba la cruz puesta por el santo.

El 6 de enero del año 482, fiesta de la Epifanía, sintió que se iba a morir, llamó entonces a las autoridades civiles de la ciudad y les dijo: "Si quieren tener la bendición de Dios respeten mucho los derechos de los demás. Ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar todo lo más posible a los monasterios y a los templos". Y entonando el salmo 150 se murió, el 8 de enero.

A los seis años fueron a sacar sus restos y lo encontraron incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Al levantarle los párpados vieron que sus bellos ojos azules brillaban como si apenas estuviera dormido.

Sus restos han sido venerados por muchos siglos, en Nápoles.

En Austria todavía se conserva en uno de los conventos fundados por él, la celda donde el santo pasaba horas y horas rezando por la conversión de los pecadores y la paz del mundo.

Señor Jesús: que no nos suceda nunca ser castigados por la justicia Divina como aquellos pueblos que no quisieron escuchar la invitación de San Severino a convertirse. Recuérdanos la frase del libro santo: "Hoy si escucháis la voz de Dios no endurezcáis vuestro corazón" (Salmo 94). Que escuchemos siempre a los profetas que nos llaman a la conversión, y que dejando nuestra mala vida pasada, salvemos nuestra alma. Amén.

(fuente: ewtn.com)

otros santos 08 enero:

- Beata Eurosia Fabris
- San Lorenzo Giustiniani
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