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jueves, 7 de abril de 2016

07 de abril: San Germán José de Colonia

Presbítero; Su vida es colmada de experiencias místicas, éxtasis y acechanzas de Satanás

SAN GERMÁN JOSÉ DE COLONIA, del latín, quizá derivado del germánico, "el hombre de la lanza" y del hebreo, "Dios acrecentará" (1150?-1241?). Presbítero. Nace en Colonia Alemania. A los doce años ingresa en el monasterio alemán de Canónigos Regulares de Premontre (premostratenses o norbertinos) de Stenfield. Se dice que siempre que se "pierde" es encontrado en la iglesia de Santa María del Capitolio, orando ante la Santísima Virgen quien le "presta" al Niño Jesús para jugar.

Otra antigua crónica narra que una fría mañana llega ante la divina Señora descalzo, María le indica que vaya a cierto lugar del templo donde debajo de unas piedras encontraría un regalo; Germán cumple el mandato y encuentra el dinero suficiente para comprar un par de zapatos.

Realiza estudios eclesiásticos en el citado lugar y en Frisia, Holanda. Al regresar a Stenfield recibe la ordenación sacerdotal. Siempre le caracterizan su extrema humildad y afabilidad; pero sobre todo su amor por María. Su vida es colmada de experiencias místicas, éxtasis y acechanzas de Satanás.

Durante su ministerio es director espiritual de varios claustros de religiosas. Se le atribuye haber escrito tratados para los mismos y un Comentario al Cantar de los Cantares, otros de sus manuscritos se extraviaron. Su principal biógrafo y contemporáneo Razo Bonvisinus, señala que en señal de gratitud María le llama su capellán y se desposa místicamente con él, de lo cual deriva -según la tradición medieval- el nombre de José. Su gran fe y sabiduría propician que se le considere como "santo", en su comunidad y entre el pueblo. Parte al encuentro del Amado desde el convento alemán de Hoven. Su cuerpo -encontrado incorrupto- es trasladado a Stenfield. Su culto es aprobado en 1960, durante el pontificado del beato Juan XXIII (1958-1963; 11 de octubre).

Iconografía: con atavío de ceremonia, en el coro, en sus manos porta un cáliz adornado con tres rosas, por haber invocado a María Santísima con el nombre de Rosa. Algunas traducciones lo nombran como Hermano, Hermán o Ermanno José.

(fuente: www.oem.com.mx)

otros santos 07 de abril:

- San Juan Bautista de La Salle
- San Enrique Walpole
- Beata María Assunta Pallota

miércoles, 6 de abril de 2016

06 de abril: Beata Petrina Morosini

Virgen y Mártir

n.: 1931 - †: 1957 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 4 oct 1987

En la localidad de Fiobbio di Albino, cerca de Bérgamo, nuevamente en Italia, beata Petrina Morosini, virgen y mártir, que a los veintiséis años, cuando regresaba a casa desde su trabajo, por defender frente a un joven la virginidad que había prometido a Dios, fue herida de muerte en la cabeza.

Narrar la muerte de la beata Pierina Morosini, es parecido a leer y escribir una noticia de la crónica negra muy frecuente en nuestro mundo: un estupro, violento y bestial, que aun no terminado, desencadena la ira del bruto, que mata a golpe de piedra a la víctima predestinada y rebelde. Es el fin que le tocó a la beata, y que no pasaría, como ya se dijo, de un hecho d ela crónica negra, si no fuera la coronación d euna vida por entero dedicada al apostolado, en las filas de la Acción Católica, tan extendida y profundamente sentida en aquel momento.

Nació en Fiobbio, perteneciente a Albino (Bergamo), el 7 de enero de 1931, primera de los nueve hijos de Rocco Morosini y Sara Noris, humildes campesinos. Recibe la primera comunión y la confirmación en su pueblo. Terminada la escuela elemental se inscribió en la escuela de corte y confección, pero ingresó luego como operaria textil en la fábrica Honegger, de Albino, y con su salario mantenía a la familia, dado que su padre era inválido laboralmente. Inscripta en la juventud femenina de la Acción Católica, participó en la ceremonia de beatificación de María Goretti en Roma, el 27 de abril de 1947. Fue éste el único viaje efectuado fuera de la provincia en su vida.

Fue celadora de las obras misionales y del seminario. Cada mañana antes de ir al trabajo recibía la Comunión, y recitaba a la vuelta el Santo Rosario. Y fue recitando el rosario, mientras volvía del trabajo el 4 de abril de 1957 a lo largo de los solitarios caminos del Monte Misma, que se enfrentó con su verdugo. Murió dos días después sin haber recuperado la conciencia, trasladada al hospital por unos familiares que la encontraron en un baño de sangre. Fue reconocida por los propios enfermeros como una nueva María Goretti, y su tumba devino meta de peregrinación, especialmente de gente de la Acción Católica.

El obispo de Bérgamo, Clemente Gaddi, el 6 de enero de 1976, daba comienzo a la causa de beatificación; y el 10 de abril de 1983 las reliquias fueron trasladadas del cementerio de Fiobbio a la iglesia parroquial, y puestas en un sarcófago de mármol blanco. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 4 de octubre de 1987.

Traducido para ETF de un artículo de Antonio Borrelli.
(fuentes: Santi e Beati; eltestigofiel.org)

otros santos 06 de abril:

- Beato Ceferino Agostini
- San Eutiquio de Constantinopla
- San Pedro de Verona

martes, 5 de abril de 2016

05 de abril: San Alberto de Montecorvino

Obispo

Martirologio Romano: En Montecorvino, en la Apulia, en Italia, san Alberto, obispo, que dedicó su vida a la oración continua y a buscar el bien de los pobres. († 1127)


Breve Biografía

El padre de San Alberto se estableció con su hijito en Montecorvino de Apulia, cuando el pueblo empezaba a transformarse en ciudad. La gran estima que la población profesaba a Alberto le mereció ser elegido obispo de Montecorvino. Poco después, el santo perdió la vista; pero el cielo le concedió una gran penetración interior y el don de profecía. La fama de San Alberto creció mucho a raíz de los milagros.

En un ardiente día de verano, el santo pidió a uno de sus criados fuese a traerle agua de la fuente. "Hijo mío", le dijo el obispo después de beber un sorbo, "yo te pedí agua y me has traído vino". El criado declaró que le había llevado agua de la fuente y fue de nuevo a llenar el vaso; pero el agua se convirtió otra vez en vino. Poco después, un habitante de Montecorvino, que había sido hecho prisionero, invocó el nombre del obispo; al punto un ángel le sacó de su prisión en los Abruzos y le trasladó a los alrededores de Montecorvino. El hombre fue a ver a San Alberto al día siguiente, y éste le dijo: "No me gradezcas a mí, sino a Dios, hijo mío; es Él quien, con su gran poder, consuela a los afligidos y liberta a los cautivos."

Cuando el santo era ya muy anciano, se le dio como ayudante a un sacerdote llamado Crescencio. Era éste un hombre poco escrupuloso, que deseaba que San Alberto muriese cuanto antes para sucederle en el cargo. En vez de ayudar al obispo, Crescencio y sus amigos le dificultaban la tarea y se burlaban de él cruelmente. El siervo de Dios lo soportó todo con gran paciencia, pero predijo a Crescencio que no disfrutaría mucho tiempo de la sede que codiciaba.

El pueblo de Montecorvino amó a su obispo hasta el fin. Cuando corrió la noticia de que había entrado en agonía, los hombres, las mujeres y los niños se reunieron llorando a las puertas de su casa. El santo les dio la bendición y los exhortó a vivir piadosa y rectamente. Después se quedó dormido y murió apaciblemente.

(fuentes: misa_tridentina.t35.com; catholic.net)

otros santos 05 de abril:

- Santa Juliana de Monte Cornillon
- San Geraldo de Corbie
- San Vicente Ferrer

lunes, 4 de abril de 2016

04 de abril: Beato Francisco Marto

Como Nuestra Señora lo predijo en Fátima, tanto Francisco como Jacinta Marto murieron varios años después de que tuvieron lugar las apariciones y son ahora candidatos a la santidad.

FRANCISCO MARTO nació el 11 de junio de 1908, hijo de Manuel y Olimpia de Jesús Marto, hermano mayor de Jacinta y el primer primo de Lucía dos Santos. Tenía 9 años de edad cuando tuvieron lugar las aparaciones. Durante las apariciones del Angel y de la Santísima Virgen, lo presenció todo pero, a diferencia de sus otros dos compañeros, no le fue permitido escuchar las palabras que fueron pronunciadas.

Cuando, en el transcurso de la primera aparición, Lucía preguntó si Francisco iría al Cielo, Nuestra Señora replicó: "Sí, va a ir al Cielo, pero tendrá que recitar muchas veces el Rosario." Sabiendo que pronto sería llamado al paraíso, Francisco mostraba poco interés en asistir a clases. Con frecuencia, Francisco les decía a Lucía y a Jacinta al momento de aproximarse a la escuela: "Sigan ustedes. Yo voy a ir a la iglesia a hacerle compañía al Jesús escondido" (expresión que se refiere al Santo Sacramento).Varios testigos contemporáneos afirman haber recibido regalos de gracia después de haberle pedido a Francisco que rezara por ellos.

"La Virgen María y Dios Mismo están infinitamente tristes. ¡De nosotros depende consolarlos!"

En octubre de 1918 Francisco cayó gravemente enfermo. A aquellos de sus familiares que le aseguraron que sobreviviría su enfermedad, él les respondió con firmeza: "Es inútil. ¡Nuestra Señora me quiere a Su lado en el Cielo!"

En el transcurso de su enfermedad, Francisco continuó ofreciendo sacrificios constantes para consolar a Jesús ofendido por tantos pecados. "Me queda solamente poco tiempo antes de ir al Cielo", le dijo un día a Lucía. "Allá arriba, voy a consolar enormemente a Nuestro Señor y a Nuestra Señora; Jacinta va a rezar mucho por los pecadores, por el Santo Padre y por ti. Tú permanecerás aquí porque así lo desea Nuestra Señora. Escucha, haz todo lo que Ella te pida."

Al empeorar su enfermedad y debilitarse su antes robusta salud, Francisco no tuvo ya energía suficiente para rezar el Rosario. "Mamá, ya no puedo decir el Rosario", dijo un día en voz alta, "es como si mi cabeza estuviera entre las nubes ..." Incluso a pesar de que su fuerza física disminuía, su mente permaneció fija en lo Eterno. Llamando a su padre, le rogó que quería recibir a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento (Francisco aún no había hecho su Primera Comunión en ese entonces). Preparándose él mismo para la confesión, instó a Lucía y a Jacinta a que le contaran los pecados que había cometido. Al escuchar ciertas travesuras menores que él había hecho, Francisco comenzó a llorar y dijo: "He confesado estos pecados, pero los confesaré de nuevo. Quizá sea por estos pecados que Jesús está tan triste. Pidan ustedes dos también que Jesús perdone todos mis pecados."

A continuación siguió su primera (y última) Santa Comunión, la cual se llevó a cabo en la pequeña habitación en la que yacía moribundo. Ya sin fuerza para rezar, Francisco le pidió a Lucía y a Jacinta que recitaran el Rosario en voz alta para que así él lo pudiera seguir con su corazón. Dos días después, ya cerca del final, Francisco exclamó: "Mira mamá, mira, esa luz tan hermosa, allí cerca de la puerta". Cerca de las 10 de la noche, el 4 de abril de 1919, después de haber pedido que le fueran perdonadas todas sus ofensas, Francisco murió en calma, sin ninguna señal de sufrimiento, sin agonía, con su cara brillando como una luz angelical. Al describir en sus Memorias la muerte de su joven primo, la Hermana Lucía escribió: "Voló al Cielo en los brazos de Nuestra Madre Celestial."

(fuente: www.fatima.org)

otros santos 04 de abril:

- San Cayetano Catanoso
- San Isidoro de Sevilla
- San Benito de Palermo

domingo, 3 de abril de 2016

03 de abril: Beato Ezequiel Huerta Gutiérrez

Laico. Mártir.

Nació en Magdalena, Jalisco, el 7 de enero de 1876. Fue el segundo hijo de Isaac Huerta Tomé y de Florencia Gutiérrez Oliva. Fue bautizado dos días después de su nacimiento, en la iglesia parroquial, por el presbítero José María Rojas, quien le puso el nombre de José Luciano Ezequiel. El 21 de diciembre de 1877 fue confirmado por el arzobispo de Guadalajara, don Pedro Loza, en la misma población.

Su madre, originaria de Tequila, Jalisco, era de carácter enérgico, decidido y emprendedor; poseía las cualidades de muchas mujeres de su tiempo; generosidad en sus deberes como esposa y madre, y una intensa vida de fe, que supo inculcar a sus cinco hijos: José del Refugio (1874), Ezequiel (1876), Eduardo (1878), Salvador (1880) y Carmen.

Don Isaac Huerta, de ascendencia hispana e india, fue un emprendedor comerciante de la región Etzatlán-Ameca-Magdalena, dedicado a transportar mercancías, curtir pieles y administrar una ferretería en Tequila. Después de muchos años de trabajo, reunidos los medios suficientes para sostener a su familia, accedió a cumplir una constante súplica de su esposa: instalarse con toda la familia en la capital del Estado.

Los Huerta llegaron a Guadalajara hacia 1884; se avecinaron en el barrio del Santuario. José del Refugio, el hijo mayor, y Eduardo, ingresaron al Seminario Conciliar.

Ordenado presbítero José del Refugio, la familia se dividió; doña Florencia y su hija Carmen acompañaron al neosacerdote a su primer destino, Atotonilco el Alto, permaneciendo en Guadalajara don Isaac, como responsable de sus hijos Ezequiel y Salvador.

Ezequiel fue un buen hijo, piadoso y centrado, gustaba de la ópera, y alguna vez esta afición le costó una severa reprimenda de su madre, para quien todo lo relacionado con el teatro le resultaba poco decente.

Además de estudiar la secundaria y el bachillerato en el Liceo de Varones del Estado, se adiestró en canto con un maestro italiano de apellido Polanco; recibió también formación musical y dirección coral. Pronto fue reconocida su notable habilidad como intérprete del armonio y del órgano tubular, pero lo que le valió la admiración y el respeto de sus contemporáneos fue su hermosa voz de tenor dramático, escuchada en todos los templos de la ciudad. Lo particular de este joven cantor era el sentimiento y el fervor en sus intervenciones. Se llegó a decir que “No había función religiosa en que Ezequiel no fuera la parte más importante de la música y del canto”. Llegó a formar y dirigir coros de voces blancas hasta de cuarenta elementos.

Un intenso trabajo y su calidad profesional lo llevaron a contar con sus propios recur­sos y a pensar en fundar un nuevo hogar. Sus relaciones sentimentales con una jovencita originaria de Tepic, avecinada en Guadalajara desde 1902, María Eugenia García, hija de los señores Plutarco García y Mª Trinidad Ochoa, concluyeron con la recepción del sacramento del matrimonio, sellado en el templecito de las madres Capuchinas, el 17 de septiembre de 1904. Celebró la Eucaristía y fue testigo del consentimiento su hermano sacerdote, José del Refugio.

La esposa tendrá que equilibrar los desbordes de su idealista marido, acostum­brado a trabajar tan sólo por amor al arte; al efecto, María Eugenia promoverá la firma de contratos por tiempo y servicios prestados, lo que garantizará la cómoda manutención de la familia.

Su matrimonio no fue empañado por nada. Los familiares de ella, admirados de las atenciones y muestras de cariño del esposo, le decían: “María, otro como Ezequiel no lo encuentras ni con el cirio pascual”.

La alegría de los hijos pronto iluminó este hogar. En el lapso de veintitrés años nacieron diez hijos, recibidos con amor y educados con esmero: José Ezequiel Manuel (1905); María Guadalupe (1907), que murió un año después; José de Jesús (1909); María del Carmen (1911); José (1913); José Ignacio (1915); María Teresa de Jesús (1918), que murió en 1900; Ezequiel de Jesús (1920), hermano jesuita; María Trinidad (1922) y María Rosalía (1925).

El buen esposo era también óptimo padre de familia. Cuidaba personalmente de sus hijos, compartía con ellos su tiempo libre, les acercaba todo lo necesario para su manutención. Ellos recuerdan que nunca llegó su padre al domicilio familiar sin algún obsequio para cada uno de sus vástagos; pero, sobre todo, edificándolos con la riqueza de su vida interior.

En efecto, los Huerta García vivían con intensidad la fe católica. Oraban unidos y juntos asistían a los servicios religiosos. Un día importante para esta familia fue el 27 de mayo de 1914, fecha en que el padre Eduardo Huerta entronizó en el cristiano hogar, la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

Nunca olvidó el cariño y respeto debido a sus padres, visitándolos con frecuencia, sobre todo desde que su hermano José del Refugio, siendo párroco de la comunidad del Dulce Nombre de Jesús, próximo a su domicilio, los llevó consigo.

El 2 de diciembre de 1923, decidió incrementar su vida interior tomando el hábito de la Tercera Orden de Penitencia de san Francisco de Asís. Tiempo después, el 4 de febrero de 1925, fue admitido como profeso en esta venerable hermandad.

Con todo, no pocas veces surgían pruebas. Cierto día, encontrán­dose en el interior del templo de santa Teresa, escuchó los gritos y blasfemias de un furibundo. Sin pensarlo se dirigió al sujeto y le pidió compostu­ra; la respuesta que recibió fue una cuchillada en el abdomen. El agresor huyó pero se supo que el atentado fue urdido por un músico, agraviado por el éxito de Ezequiel. Éste, en cuanto recuperó la salud, se desentendió por completo del asunto.

En más de una ocasión, tuvo que contener la ambición. Varias ofertas lo tentaron a buscar horizontes artísticos mucho más amplios, pero él siempre declinó estas propuestas, pues si bien amaba su oficio, aún más lo retenía el amor a los suyos y las posibilidades de servir únicamente al culto divino.

Organizaba su vida en torno a la Eucaristía. Muy temprano, después de bañarse con agua fría, participaba en la Misa primera, haciéndose siempre acompañar por uno o más de sus hijos; recibía con particular devoción el cuerpo de Cristo.

Mucho le afectó el acoso y la intolerancia de las autoridades civiles en contra de la Iglesia católica. Apoyó, según sus posibilidades, las decisio­nes de los obispos y de las organizaciones católicas. Con esta intención, los Huerta García, para proteger la integridad de las Carmelitas Descalzas del monasterio de La Hoguera, por el barrio de Mezquitán, permutaron con las monjas su casa habita­ción de la calle de Independencia. Asimismo, aceptó convertirse en custodio del templo de San Felipe Neri en tanto el culto público permaneciera suspendido.

En la primera mitad de 1926, después de una larga y penosa enfermedad, murió doña Florencia Gutiérrez, su madre, cuya separación le afectó bastante. Pero sería ésta la primera de muchas pruebas. La siguiente vino el 31 de julio: el culto público fue suspendido. Sus dos hermanos sacerdotes debieron ejercer su ministerio en la clandestinidad y Ezequiel mismo perder su trabajo.

El estado de las cosas parecía prolongarse indefinidamente. Entre tanto, debía asegurar la manutención de su numerosa prole. Además, sus hijos mayores, Manuel y José de Jesús, activos miembros de la Unión Popular, se incorporaron a la resistencia activa que promovía desde la capital, de la República, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.

El 1º de abril de 1927, la ciudad de Guadalajara amaneció con la triste nueva de la aprehensión, tormento y muerte de Anacleto González Flores, Luis Padilla y Jorge y Ramón Vargas González.

Ezequiel, apoyado por su hermano Salvador, decidió enviar al extranjero a su hijo Manuel, entonces en Guadalajara, disponiendo la salida del joven la madrugada del día siguiente.

Los hermanos Huerta Gutiérrez acudieron la noche del 1º de abril a las capillas ardientes donde eran velados los mártires. Poco antes, estando aún Ezequiel en la casa de su hermano Salvador, expresó su preocupación por el estado de cosas.

En la mañana del día siguiente, como a las 8:00 horas, llegó a su hogar. Le pidió a su esposa, María Eugenia, que visitara el lugar donde era velado Anacleto; entre tanto, él cuidaría de los niños. Una hora después se introdujeron en la casa cinco hombres pistola en mano, apostándose en el ingreso; el que los dirigía cerró con llave el cancel del zaguán. Sorprendido por el arbitrario quebranto a la intimidad de su hogar, exigió una razón suficiente para justificar tamaño proceder; la respuesta de los invasores fue amagarle y proceder al cateo de la vivienda, destruyendo y robando a discreción, en medio del azoro de los niños.

A su regreso, su esposa abordó la situación con cautela, pero fue inútil; las órdenes eran terminantes y debían ejecutarse sin compasión. Ezequiel ni siquiera pudo despedirse de su esposa, a quien amaba entrañablemen­te; en su lugar le dirigió una mirada de tristeza. Junto con él fue igualmente hecho prisionero un joven seminarista, Juan Bernal, quien accidentalmente había llegado al domicilio poco antes.

Las horas siguientes transcurrieron con rapidez. En las estrechísimas celdas de la Inspección de Policía, llamadas con propiedad lobas, tabique de por medio, se encuentran Ezequiel y su hermano Salvador; se les acusa sin materia para ello, de fabricar municiones para los cristeros. Al mediodía encierran al niño Gabriel Huerta, hijo de su hermano Salvador, de catorce años, enviado a la prisión portando una canasta con viandas para los presos.

Las horas de esta injusta reclusión suponen el drama, el dolor y la impoten­cia de dos inocentes que deben morir para servir de escarmiento a los católicos de la resistencia. El sargento Felipe Vázquez ordena la aplicación del tormento común: suspender a los prisioneros de los dedos pulgares y azotarles las espaldas. Se quiere arrancar de sus labios, entre otras cosas, el sitio donde se ocultan los presbíteros José Refugio y Eduardo Huerta Gutiérrez. En realidad, al primer verdugo, general Jesús M. Ferreira, no le interesa tanto el dato, sino cebarse en la vida de los chivos expiatorios que ha elegido.

Los labios de Ezequiel entonan como respuesta a las preguntas de sus victimarios, el himno eucarístico: Que viva mi Cristo/ que viva mi Rey/ que impere doquiera/ triunfante su Ley. A golpes, hasta dejarlo inconsciente, lo callan. La inerme víctima, es devuelta a la “loba”, donde lo recibe el azorado Juan Bernal. Al recuperar el conocimiento, reza: “Señor, ten piedad de nosotros, Cristo ten piedad de nosotros…”. Sabe que su muerte es inminente y se prepara a ella. Su última providencia es en favor de su familia: “dígale a mi esposa -dice a Bernal- que en la bolsa secreta de mi pantalón, tapada con el fajo, traigo una moneda de oro que es lo único que no me quitaron”.

A la medianoche dejan en libertad al niño Gabriel y suben a Ezequiel y Salvador al vehículo donde se traslada a los delincuentes comunes, una como jaula, la julia, en labios del pueblo. Con la sirena encendida recorren la distancia que separa la Inspección de Policía del cementerio de Mezquitán. En un extremo de ese lugar aguarda un piquete de soldados, frente a los cuales son colocados Ezequiel y Salvador; éste dice a su hermano: Los perdonamos ¿verdad? Los perdonamos, responde Ezequiel. El primero en morir fue Ezequiel, acto continuo lo siguió su hermano. Después de la ejecución, sus cadáveres fueron arrojados en una misma fosa, cavada con antelación.

Tiempo después, sus restos fueron exhumados y colocados en la cripta de la familia, en el mismo panteón. En 1952 se les colocó en nichos, en la parroquia del Dulce Nombre de Jesús; finalmente, el 20 de noviem­bre de 1980, se les trasladó a la capilla del Seminario de los Misioneros Xaverianos, en la colonia del Carmen, en Arandas, Jalisco.

(fuente: www.santuariodelosmartiresdecristo.org)

otros santos 03 de abril:

- Beato Salvador Huerta Gutiérrez
- San Luis Scrosoppi
- San Ricardo de Chichester

sábado, 2 de abril de 2016

02 de abril: Beata Isabel Vendramini

La beata Isabel, fundadora de las Religiosas Terciarias Franciscanas Isabelinas de Padua, familia religiosa consagrada a servir a los pobres, centró su vida en la contemplación de Cristo pobre y crucificado, al que reconocía y servía después en los pobres sus hermanos.

Isabel (Elisabetta) Vendramini nació en Bassano del Grappa (Italia) el 9 de abril de 1790. Era de índole dócil y muy caritativa. En las religiosas agustinas recibió la educación propia de aquel tiempo, con una intensa vida espiritual. Joven brillante, le gustaba vestir bien y era centro de interés. Era amante de la soledad y se retiraba a menudo al campo para orar. Después de seis años de noviazgo, en vísperas de la boda, el Señor le dio a conocer con claridad su llamada, y para Isabel constituyó una verdadera conversión. En el año 1821 vistió el hábito de Terciaria Franciscana con el nombre de Margarita, en Fassano. Luego fue a Padua y allí fundó, el 4 de octubre de 1830, una familia religiosa consagrada a Dios en la observancia de la Tercera Orden Franciscana para servir a los pobres. Al año siguiente hicieron la profesión las primeras religiosas. Se dedicaron a la educación de la juventud y a atender a las señoras ancianas, sanas y enfermas. Falleció en Padua el 2 de abril de 1860. La beatificó Juan Pablo II el 4 de noviembre de 1990.

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De la homilía de Juan Pablo II en la misa de beatificación (4-XI-1990)

6. La figura de la beata Isabel Vendramini se inserta en la dinámica espiritual, cuyo punto de apoyo central es la «unión» profunda con Jesús y el amor hacia los pobres, que son los protagonistas de tantas páginas del evangelio. Las palabras del Señor: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer» (Mc 8,2), marcaron profundamente el corazón de la beata Isabel ya desde su juventud, cuando advirtió que era fuerte la inspiración de consagrarse totalmente a Cristo y al servicio de los pobres. Dejó, sin titubear, las comodidades de la vida familiar y social para dedicarse a las jóvenes abandonadas y a los necesitados de los barrios más marginados.

La obra de Elisabetta sacaba su inspiración y su fuerza de lo Alto y de su fuerte espíritu de oración. Religiosa de refinada sensibilidad contemplativa, la beata se perdía en la meditación del misterio de la Santísima Trinidad, captando el dinamismo de la encarnación del Verbo, para llegar finalmente a la alabanza y la admiración de Cristo pobre y crucificado, al que reconocía y servía después en los pobres tan amados.

Desde el cielo hoy Isabel exhorta a todos aquellos que quieren ayudar eficazmente a los hermanos en el alma y en el cuerpo a sacar fuerzas de la fe en Dios y de la imitación de Cristo. En esto fue como un vástago fecundo de la espiritualidad franciscana. De san Francisco imitó sobre todo la vida pobre, la fe segura y sencilla y el amor a Cristo crucificado.

La beata Vendramini nos enseña además que, donde es más fuerte y segura la fe, allí será más audaz el impulso de la caridad hacia el prójimo. Donde más se percibe el sentido de Cristo, allí será más preciso y concreto el sentido de las necesidades de los hermanos.

[Cf. L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 2 y del 9 de noviembre de 1990]

Textos de L'Osservatore Romano 
(fuente: www.franciscanos.org)

otros santos 02 de abril:

- San Francisco de Paula
- San Juan Payne
- Beata María de San José (Laura Alvarado Cardozo)

viernes, 1 de abril de 2016

01 de abril: San Celso

Arzobispo de Armagh

Significa “alto, elevado, excelso”. Viene de la lengua latina.

Este joven lleva en su sangre el amor por lo auténtico. Así lo confirma la historia en Irlanda. Una vez que lo eligieron obispo en el siglo XII, empezó la reforma de la Iglesia en esta bella isla.

De su rica vida apostólica no hay mucho escrito, a no ser que se acuda a los Anales irlandeses o a la “Vida de san Malaquías Ua Mohgair”, escrita por san Bernardo.

Este joven fue elevado al cargo de arzobispo de Armagh cuando era un simple seglar. Y estuvo muy bien hecho porque esta sede episcopal se había convertido en hereditaria de unas cuantas familias principescas de la región.

San Bernardo condenó esta postura y les describió el estado de abandono en que se encontraba la iglesia de Irlanda.

Celso era para san Bernardo de Claraval un hombre honesto y con ganas de que la disciplina volviese a esta sede y a toda la isla.

Para darse cuenta de la realidad, visitó todas las ciudades entre 1106 y 1110. En el 1111 convocó un gran concilio general en Fiadh-Mic-Aengus. Asistieron unos cincuenta obispos, 300 sacerdotes,3000 eclesiásticos, el rey de Irlanda, los nobles y el legado papal.

Se promulgaron sabias y prudentes disposiciones concernientes a la reforma del clero y del pueblo. Había que lograr el florecimiento de la disciplina eclesiástica.

Malaquías ayudó a Celso en esta labor que emprendió con tanta ilusión, como los lindos atardeceres por las montañas de la isla.

Ejerció un papel muy digno en sus relaciones con las autoridades evitando disputas y rencillas entre algunas familias burguesas.


Restauró las catedrales e iglesias, fundó escuelas, introdujo a los Canónigos Regulares de san Agustín.

Agotado por el trabajo, murió el primero de abril del año 1129.

(fuente: www.churchforum.org)

otros santos 01 de abril:

- San Hugo
- Beato Ludovico Pavoni
- Santa María Egipciaca 
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