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domingo, 18 de mayo de 2014

18 de mayo: Santa Rafaela María del Sagrado Corazón

“Dentro de Dios hemos de estar y de Él recibirlo todo”.

Palabras de Rafaela María que bien pueden sintetizar lo que fue toda su vida.

Rafaela María Porras Ayllón nace el día 1 de marzo de 1850 en un pequeño pueblo de Córdoba (España), en el seno de una familia acomodada de aquella época. Crece en un hogar donde -como en tantos otros- la fiesta, el bullicio, la alegría, las sonrisas conviven con la entereza, la serenidad, el dolor, la aceptación de las situaciones difíciles; allí el trabajo, el esfuerzo, la exigencia se entrelazan con el descanso, el sosiego y la ternura…

Cuando muere su madre, ella y su hermana Dolores deciden que el mundo ya no va a girar alrededor de ellas… Ese mundo de pobreza -que las rodea y las necesita- entra de lleno en sus vidas. Corre el año 1874 cuando comienzan su andadura en la vida religiosa llegando a fundar la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón.

Rafaela María va a vivir mucho en cantidad y calidad. Después de echar raíces profundas, cimientos sólidos… su obra se extenderá en tiempo y espacio con alas fuertes, en suelo firme. Ella se sabe miembro de una familia muy grande, la de todos los hijos de Dios y, durante toda su vida, nada de lo de sus hermanos los hombres le va a parecer ajeno, busca con todas sus fuerzas que todos “lo conozcan y lo amen”.

Muere en Roma en 6 de enero de 1925. Después de recorrer muchos caminos nos deja un paisaje muy variopinto… en momentos lleno de chispas, de color, de viveza… en otros hay dolor, sufrimiento; aparece una monotonía que hay que contemplar para sacarle todo su jugo… De ahí salen estos retazos que nos permiten desear adentrarnos más en lo que fue su vida:

Rafaela María se dejó “atrapar” por el amor de Dios y no pudo hacer otra cosa que responder con todo su amor en cada momento.“Soy toda de Dios. Yo sé por experiencia cuánto me ama y mira por mí. Dejarme en las manos de mi Dios con entera confianza, como una hija en los brazos de su madre. Viéndome pequeña estoy en mi centro porque veo todo lo hace Dios en mí y en mis cosas, que es lo que yo quiero”.

Creyó que la comunión es el verdadero camino hacia el Reino y se hizo, como Jesús, pan y vino hasta dar la vida.

“Mi Señor Jesucristo es quien vive en mí, y así todo mi ser y obrar debe respirar la vida de Cristo que vive en mí… debo trabajar por atraer a todos a que conozcan a Cristo y le sirvan”. Rafaela María mantuvo su mirada en el corazón de Jesús, y Él la hizo mansa y humilde. “Sólo en Jesús, por Jesús y para Jesús, toda mi vida y todo mi corazón y para siempre”.Contempló el mundo y sintió que todos los hombres y mujeres son hijos de Dios. Y quiso que todos experimentaran en sus vidas el amor de Dios.

(fuente: www.congregacion-aci.org)

otros santos 18 de mayo:

- San Félix de Cantalicio
- San Leonardo Murialdo

sábado, 17 de mayo de 2014

17 de mayo: Santa Julia Salzano

(1846-1929)

Hija de Diego, capitán de los lanceros de Fernando II, Bey de Nápoles, y de Adelaida Valentino, Julia Salzano nació en Santa María Capua Vetere, provincia de Caserta, el 13 de octubre de 1846.

Huérfana de padre a los cuatro años, la llevaron para su educación a las Hermanas de la Caridad en el Orfanato regio de S. Nicolás La Strada, donde permaneció hasta los quince años. Una vez obtenido el diploma de magisterio, tuvo el encargo de enseñar en la escuela municipal de Casoria, provincia de Nápoles, donde se trasladó con la familia en octubre de 1865.

A la enseñanza se unía un notable interés por el catecismo y la educación de la fe de los niños, de los jóvenes y de los adultos, cultivando la devoción a la Virgen María

Junto con la Beata Catalina Volpicelli, propagó el amor y el culto al Sagrado Corazón, viviendo el lema: “ad maiorem Cordis lesu gloriam”.

Su constante preocupación por llevar la doctrina y la vida de Cristo a través de la enseñanza y el testimonio, la impulsó a fundar en 1905 la congregación de Hermanas Catequistas del Sagrado Corazón.

Gastó toda su vida en el carisma de la catequesis, y decía: “Yo impartiré siempre el catecismo, mientras me quede un hilo de vida. Y os aseguro que me encantaría morir enseñando el catecismo”.

Del mismo modo exhortaba a sus hijas: “La hermana catequista ha de sentirse siempre dispuesta a instruir a cualquier hora a los pequeños e ignorantes, no debe tener en cuenta los sacrificios que exige este ministerio, sino que, más bien, debería desear morir en la brecha, si Dios así lo quisiera”.

Otro Beato, Ludovico de Casoria, como en tono profético, le predijo: “Ten cuidado que no te venga la tentación de abandonar a los pequeños de nuestra querida Casoria, porque la voluntad de Dios es que vivas y mueras entre ellos”. Y así fue.

Murió el 17 de mayo de 1929.

“Doña Julieta”, como la llamaban los ciudadanos de Casoria, dejó una viva fama de santidad, hasta el punto que el 29 de enero de 1937 se inició el Proceso de Canonización. El 2 de enero de 1994 se entregó la Positio, un voluminoso dossier sobre la vida, virtudes y fama de santidad, en la Congregación para las Causas de los Santos y, el 23 de abril de 2002, Juan Pablo II dispuso la publicación del Decreto con el que se reconocía la heroicidad de sus virtudes, atribuyéndole el titulo de Venerable Sierva de Dios.

El 20 de diciembre del mismo año, Juan Pablo II ha firmado también el Decreto con el cual se reconoce el milagro atribuido a la intercesión de Julia Salzano.

Por su carisma, puede ser calificada como Mujer profeta de la Nueva Evangelización.

(fuente: www.vatican.va)

otros santos 17 de mayo:

- San Pascual Bailón

viernes, 16 de mayo de 2014

16 de mayo: Beato Vladimir Ghika

Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: En Bucarest, Rumania, Beato Vladimir Ghika, nacido como ortodoxo libremente optó por la plena comunión con la Iglesia, fidelidad que mantuvo con firmeza durante la represión comunista, por lo que, tras un largo período de torturas recibió la palma del martirio. († 1954)

Fecha de beatificación: 31 de agosto de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Nació el día de Navidad de 1873 en Constantinopla (ahora Estambul - Turquía), era el nieto del último rey de Moldavia, el príncipe Gregory V. Ghika (1849 - 1856), hijo de Juan Ghika (general de división, ministro plenipotenciario) y Alexandrina Ghika. Tenía cuatro hermanos y una hermana.

Fue bautizado y ungido en la fe Ortodoxa, su madre es fiel devota de esta Iglesia, su padre en ese momento era ministro plenipotenciario en Turquía. En el año 1878 es enviado a la escuela en Francia, en Toulouse, y dejado al cuidado de una familia protestante -en cuanto a la educación y la práctica religiosa- porque en la zona no existe un templo ortodoxo.

Terminará los estudios básicos en 1895, pasando a la Facultad de Ciencias Políticas de Paris. Paralelamente realiza cursos de botánica, arte, literatura, filosofía, historia y derecho. Ghika, por una angina de pecho, regresa a Rumania, donde continuará sus estudios hasta 1898 cuando ingresa en la Facultad de Filosofía y Teología de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, instituto superior de los dominicos conocido con el nombre de "Angelicum".

Es durante este período, luego de un intenso discernimiento para ser "más ortodoxo", cuando en 1902 decide profesar la fe católica, lo cual provoca una mortal indignación en su madre, a quien desagrada la decisión de su hijo.

Él quería ser sacerdote o monje, pero Pío XI le aconsejó renunciar a esa idea, al menos por un tiempo, y que se dedicara al apostolado seglar.

Realiza una tarea excepcional a nivel mundial: Bucarest, Roma, París, Congo, Tokio, Sydney, Buenos Aires... el Papa Pío XI en broma lo llamará "gran vagabundo apostólico". Él es uno de los pioneros del apostolado laico.

De regresó a su país, se dedica a obras de caridad y abrió el primer dismensario gratuito en Bucarest, la llamó "María de Belén"; creo el gran hospital y sanatorio "San Vicente de Paúl"; funda el primer hospital gratuito en Rumania y la primera ambulancia, por todo ello es el fundador de la primera obra de caridad católica en Rumanía.

Colabora en los servicios de salud durante la guerra de los Balcanes en 1913, y en Zimnicea se dedica -sin miedo- a la atención de los pacientes de cólera. Durante la Primera Guerra Mundial estaba a cargo de las misiones diplomáticas, de los damnificados por el terremoto de Avezzano, de los tuberculosos del Hospital de Rome, de los heridos de guerra, moviéndose en los ambientes diplomáticos más populares con una naturalidad sorprendente. El 7 de octubre de 1923, Ghika fue ordenado sacerdote -en París- por el cardenal Dubois, Arzobispo de la ciudad, y llevará a cabo el ministerio sacerdotal en Francia hasta 1939. Debido a que su corazón estaba en Rumanía, pidió al Papa el privilegio de poder celebrar en los dos ritos: latino y bizantino, permiso que le es concedido poco después de su ordenación, convirtiéndose así en el primer sacerdote rumano bi-ritual.

Se le designa una parroquia pobre y peligrosa en París, Villejuif, donde poco a poco va cambiando el espíritu del vecindario. En 1930, por enfermedad, se retira de allí y es designado Rector de la iglesia de los extranjeros en París.

El 13 de mayo de 1931 el Papa lo nombró protonotario apostólico. Ghika se muestra renuente a aceptar este nombramiento ya que a su ingreso al clero había hecho voto de no aceptar dignidades eclesiásticas, finalmente lo acepta comentando que "nada cambiará mi estilo de vida, tan sólo será una cinta estrecha añadida a la vestidura".

El 3 de agosto 1939 regresó a Rumania, eran los tiempos del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Se niega a salir de Rumania para estar con los pobres y los enfermos, para ser capaz de ayudar y animar, incluso se queda -por el mismo motivo- en Bucarest cuando comienzan los bombardeos aliados. Después de que los comunistas llegaron al poder (1947) nuevamene se niega a abandonar a quienes servía como confesor, director espiritual o maestro. Fue detenido el 18 de noviembre de 1952 bajo los cargos de "alta traición" y es encarcelado en Jilavam es amenazado y golpeado hasta hacerle sangrar, fueron 18 meses de un trato brutal, hasta que finalmente muere el 16 de mayo de 1954. El 28 de marzo de 2013 S.S. Francisco firmó el decreto reconociemdo el martirio de este Siervo de Dios.

responsable de la traducción: Xavier Villalta 
(fuentes: vladimirghika.ro ; catholic.net)

otros santos 16 de mayo:

jueves, 15 de mayo de 2014

15 de mayo: San Ruperto de Bingen

Ruperto de Bingen (en alemán: Rupert von Bingen) (n. 712; m. 732 en Bingen) santo legendario alemán del siglo VIII. Santo patrón de la ciudad de Bingerbrück en Bingen am Rhein y de los peregrinos. Su fiesta fiesta litúrgica se celebra el 15 de mayo.

Según la leyenda Rupertó fue hijo de un pagano de nombre Robolaus y de una princesa cristiana de nombre Berta. Tras la muerte de su padre se educó conforme al sentir cristiano de su madre.1 A los 15 años peregrina hacia Roma. Al regresar a su hogar, construye una iglesia y algunas casas en las tierras de su familia. El vivió con su madre en una colina a la orilla del río Nahe en la desembocadura del Rin junto a Bingen dedicándose a obras caritativas.2 Murió cuando tenía 20 años debido a una fiebre siendo, enterrado en la iglesia que él y su madre habían mandado construir.

Santa Hildegarda de Bingen veneraba a este santo y probablemente se basó en la tradición sobre él para escribir su biografío «Vita Sancti Ruperti», mandó renovar su iglesia y construyó un convento dedicado a él: el monasterio de Rupertsberg.

En la Guerra de los treinta años sus restos fueron trasladados a Eibingen y en 1814 al monte Rochusberg en Bingen. Uno de sus brazos se conserva en un relicario de cristal en la parroquia de "Santa Hildegarda y san Juan Bautista" en Eibingen.

(fuente: wikipedia.org)

otros santos 15 de mayo:

- San Isidro Labrador

miércoles, 14 de mayo de 2014

14 de mayo: San Matías, apóstol

Si el Evangelio no es una biografía de Jesús, los Hechos de los Apóstoles no son una colección de biografías de aquellos primeros héroes del cristianismo naciente. De algunos apóstoles apenas sabemos más que el nombre. De Matías sabemos solamente su nombre y su elección. De aquel colegio apostólico que actuó desde Pentecostés, de aquellos doce definitivos, Matías fue el único no elegido por Jesús. Fue el apóstol póstumo de Jesús, incorporado al colegio apostólico cuando Jesús estaba ya en el cielo.

Y es un apóstol al que se cita siempre en segundo lugar, puesto humilde que se puede comprobar sin más que abrir el misal romano por el canon. Al principio del mismo, en la oración de comunión con los santos, se nombra uno por uno a los apóstoles, pero en esa lista falta precisamente Matías, aunque se nombra a otros doce santos no apóstoles, y se cita a Pablo juntamente con Pedro, siendo también Pablo apóstol posterior, que no perteneció al grupo de los doce. Si queremos hallar una mención de Matías en el canon, tenemos que buscarlo, como escondido y de incógnito, después de Juan Bautista y Esteban Protomártir, entre una lista de santos y santas. Un título más para que nos acordemos de este trabajador evangélico que, al contrario que otros santos, se vio exaltado en vida y se ve humillado después de su muerte.

Cuando se intenta trazar la semblanza histórica de este apóstol singular, hay que limitarse a lo poco que de él nos dicen los Hechos de los Apóstoles. Y lo poco que nos dicen es contarnos su elección. Ni siquiera lo vuelven a nombrar más. Lo que de él nos dicen escritos posteriores, aunque sean de autores calificados, no ofrece garantías de historicidad. Y las biografías apócrifas se han encargado de rellenar con aventuras de viajes y de milagros ese silencio de los Hechos de los Apóstoles.

Contentémonos, pues, con abrir por su primera página ese libro de los Hechos. Los discípulos de Jesús, inmediatamente después de la ascensión, regresaron del monte de los Olivos a Jerusalén. Jesús se había despedido de ellos, pero ellos creían que hasta pronto. Tenía que volver para instaurar el reino de Israel. Hacía unos momentos nada más que ellos le habían preguntado si era entonces cuando iba a inaugurar su reinado, y Él se había limitado a aconsejarles que no intentasen averiguar la hora señalada por Dios. Jesús no les había dicho que fuese a tardar mucho en volver, y dos mensajeros celestiales les habían asegurado que, así como lo habían visto subir al cielo, así lo verían bajar otra vez.

Con esta mentalidad, encendida de esperanza, regresaron los discípulos a la ciudad. Pronto llegaron, pues el monte de los Olivos no está lejos. Y cuando entraron en la capital del judaísmo se dirigieron a una casa frecuentada por ellos y se concentraron en su cámara alta. Jesús les había dicho que no se alejasen de Jerusalén, sino que esperasen allí una prodigiosa manifestación del cielo, una efusión maravillosa del Espíritu Santo, que quizá confundieron ellos entonces con el mismo regreso de Jesús, triunfador y glorioso, como príncipe de Israel. Y allí quedaron todos, esperando en viva tensión el acontecimiento. Los apóstoles, once después de la apostasía de Judas Iscariote, y las mujeres galileas que heroicamente habían seguido a Jesús en sus correrías evangélicas. Y los parientes de Jesús, que, por fin y gracias a la resurrección, creían ya en él; y su misma madre, María. Y numerosos discípulos, hasta completar el número de ciento veinte, el número que se exigía a una comunidad para que pudiese tener sinagoga propia.

Qué se hacía en aquella primera concentración de los primeros cristianos, nos lo dice claramente el texto sagrado: Orar. Todos perseveraban unánimes en la oración. Iban a ser los protagonistas de un episodio decisivo para Israel. Dios iba a realizar por fin lo tantas veces anunciado por los profetas. Pero entonces surgió una dificultad en el mismo seno del colegio apostólico. Y a la mente de todos vino un nombre: Judas Iscariote.

Porque Jesús había escogido doce hombres para que fuesen sus enviados especiales, ya lo habían sido por las aldeas galileas, y ahora no eran doce sino once. Judas se había pasado al enemigo. Y los apóstoles tenían que ser doce cuando volviese Jesús. Él les había dicho que, a su regreso glorioso, los doce se sentarían sobre doce tronos para regir las doce tribus de Israel, y ahora faltaba un hombre para un trono. El primer problema con que se enfrentó la Iglesia, apenas desaparecido Jesús, fue buscar un sustituto del apóstata. Dentro de unos cuantos años, cuando muera mártir el apóstol Jacobo, hijo de Zebedeo, no se planteará este problema. Jacobo habrá cumplido hasta el fin su misión de apóstol, y Jesús se encargará de resucitarlo cuando regrese. Pero Judas no ha cumplido su misión, y hace falta un hombre que ocupe su puesto y la cumpla fielmente.

Los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen la primera alocución pontificia del primer Papa. Pedro, que siempre fue el portavoz del pensamiento de los demás apóstoles, se levantó en medio de la comunidad y dijo:

—Hermanos, era necesario se cumpliese la Escritura, lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho de Judas, que habiéndose contado entre nosotros y habiendo tenido parte en nuestra misión, se hizo guía de los que prendieron a Jesús.

Pedro, al hablar de Judas con tanta delicadeza, parece tener presente la advertencia de Jesús: "No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados". Pedro no llama a Judas ladrón ni traidor, no lo llama deicida ni suicida, no dice que Satanás se había apoderado de él. Y, sin embargo, Judas era el hombre a quien Pedro podía odiar más, y Pedro era impetuoso como pocos. Pero Jesús había enseñado la caridad fraterna que se extiende a todos, como la misericordia divina, lo mismo a los amigos que a los enemigos, y Pedro, viviendo esa doctrina del Evangelio, dijo solamente que "Judas se hizo guía de los que prendieron a Jesús".

Pero no necesitaba contar a su auditorio el desgraciado final de Judas y se abstuvo de hacer el menor comentario, ni a título de ejemplaridad y escarmiento. Pero el autor de esta página de los Hechos, que escribe años después para quienes quizá no recuerden lo que sucedió, añade, como intercalando un paréntesis en las palabras de Pedro, que Judas había adquirido un campo con el precio de su crimen, y, habiendo caído de cabeza, reventó por medio y todas sus entrañas se esparcieron. Y añade el escritor que el hecho fue conocido de todos los habitantes de Jerusalén, de manera que el campo se llamó en su lengua Jakal-Dema, es decir, Campo de Sangre, haciendo esta traducción para los lectores de lengua griega.

El primero de los apóstoles continuó su breve discurso diciendo:

—En el libro de los Salmos está escrito: "Que su campamento quede desierto y no haya nadie que lo habite". Y también: "Que otro ocupe su cargo".

Estas palabras de Pedro citando el Salterio son versículos de dos salmos, el 69 y el 109 según la numeración hebrea. Aunque Pedro debió hablar entonces en arameo, el escritor no pone estas palabras en labios de Pedro según el texto hebreo, sino según la versión griega, y con ligeras modificaciones para acomodarlas mejor al episodio, según la costumbre que había entonces de citar la Biblia. Los dos salmos pertenecen a la serie de los imprecatorios, maldiciones dirigidas, cuando aún no existía la caridad cristiana, contra los enemigos del rey David. Interpretando esos versículos como profecías, la primera se ha cumplido ya con la muerte de Judas. Es necesario que la segunda se cumpla también, y para ello hay que proceder al nombramiento del que le haya de sustituir en el colegio apostólico. Y Pedro enuncia las condiciones previas para poder aspirar a ese cargo de apóstol de Jesús. El discurso prosigue así:

—Es menester que de todos estos hombres que se han asociado a nosotros durante todo el tiempo que con nosotros vivió el Señor Jesús —a partir del bautismo por Juan hasta el día en que fue separado de nosotros—, haya uno que llegue a ser, juntamente con nosotros, testigo de su resurrección.

Para ser apóstol, dice Pedro, hace falta haber acompañado a Jesús durante toda su vida pública, desde el bautismo hasta la ascensión. No basta haberlo seguido en una larga serie de jornadas evangélicas, ni haber vivido algún tiempo en intimidad con Él, ni haber sido enviado por Él a predicar, ni siquiera haberlo visto resucitado. Un apóstol es un testigo de Jesús, y hace falta haberle acompañado durante toda su predicación para poder atestiguar sobre toda su doctrina, como hace falta haberlo visto resucitado después de la crucifixión para poder ser testigo de la legación divina de Jesús.

Puestas las condiciones, en aquel centenar de personas se encontraron dos hombres que parecían con iguales méritos para aspirar al apostolado. Uno era José Bar-Schabba, llamado Justos —sobrenombre que se suele traducir equivocadamente por "el justo"—, y el otro era Matatías, o, abreviadamente, Matías. Como el llamamiento al apostolado no es cosa de hombres sino de Dios, Dios tendría que elegir entre aquellos dos discípulos que parecían iguales en méritos. Y aquella incipiente comunidad cristiana oró confiadamente: "Tú, Señor, que conoces el corazón de todos los hombres, muéstranos a cuál de estos dos has elegido para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto que ha dejado Judas al ir a su lagar". En esta primera súplica de la Iglesia hay una nueva muestra de la delicadeza y caridad que hemos visto ya en Pedro. La expresión "ir a su lugar" no significa la condenación del criminal: es una expresión acostumbrada, eufemismo arameo, para decir simplemente que un hombre murió.

Para conocer la voluntad divina, sin exigir de Dios una aparición ni una revelación —aun tratándose de algo tan importante para toda la naciente Iglesia de Jesús—, decidieron echar suertes. Es algo que hoy nos puede extrañar, pero que entonces se acostumbraba. Se apelaba a las suertes para decidirse entre dos soluciones aparentemente equivalentes, y en la providencia ordinaria de Dios, que decidía la suerte, se veía la voluntad de Dios. Aquello no era fiarse de una casualidad física, sino confiarse a la causalidad divina. Cada semana, en el templo de Jerusalén, los sacerdotes echaban suertes para repartirse los oficios. Y el último caso que registra la Biblia de una elección religiosa señalada por la suerte, es esta designación de Matías como apóstol de Jesús, con idéntica categoría que los otros once. "Y la suerte señaló a Matías, y fue uno de los doce apóstoles."

Así termina, en el libro de los Hechos, la historia de San Matías. Nada más se vuelve a saber de él en particular. Con esta sencillez aparece y desaparece en la documentación histórica este apóstol póstumo, puesto siempre en segundo lugar, que ni el canon cita entre los apóstoles ni tiene en el martirologio un día fijo para su fiesta.

De la literatura apócrifa que pretende narrarnos su vida, citemos solamente una frase, puesta en sus labios, que merece salvarse por su positivo sabor evangélico. Dice así: "Si peca el vecino de un elegido, pecó también el elegido, porque si éste se hubiera portado según aconseja el Verbo, el vecino se hubiera avergonzado también de su propia vida, y así no hubiera pecado".

escrito por Carlos María Staehlin, S. I. 
(fuente: mercaba.org)

otros santos 14 de mayo:

martes, 13 de mayo de 2014

13 de mayo: Santa María Dominga Mazzarello

Maria Dominga Mazzarello, primogénita de siete hijos, nace en Mornese (Alessandria), Italia, el 9 de mayo de 1837. En familia, junto a su padre José y su madre Maria Magdalena, aprende muy pronto la paciente espera de los milagros de la naturaleza, la sencillez y el compartir en el dolor y la prueba, la dulzura y la serenidad de un núcleo familiar unido en torno a las enseñanzas del catecismo y a la visión de una fe fuerte. Su familia la formó en una piedad sólida, en una laboriosidad incansable y en aquel idéntico sentido práctico y profundidad de juicio que manifestó después como Superiora.

Con 15 años se inscribió en la Asociación de las Hijas de Mª Inmaculada y se abrió al apostolado de las chicas del pueblo.

La grave enfermedad del tifus contraída a los 23 años tuvo en ella una fuerte resonancia espiritual: la experiencia de la fragilidad física, si por una parte la llevó a un abandono más profundo en Dios, por otra la impulsó a abrir un taller de corte y confección para enseñar a las muchachas el trabajo, la oración y el amor a Dios.

Gracias a la intensa participación en los sacramentos y bajo la sabia e iluminadora guía de Don Pestarino hizo grandes progresos en la vida espiritual. Con ocasión de la visita de Don Bosco a Mornese (8-10-1864) dijo: "Don Bosco es un santo y yo lo siento".

En el 1872 Don Bosco la escogió para iniciar el Instituto de las Hijas de Mª Auxiliadora.

Como Superiora se mostró hábil formadora y maestra de vida espiritual. Tenía el carisma de la alegría serena, irradiando gozo e implicando a otras jóvenes en el empeño de dedicarse a la educación de la mujer.

El Instituto se desarrolló rápidamente. A su muerte dejó a sus Hijas una tradición educativa permeada de valores evangélicos: la búsqueda de Dios conocido a través de una catequesis iluminada y un amor ardiente, la responsabilidad en el trabajo, la lealtad y la humildad, la austeridad de vida y la gozosa entrega de sí.

Murió a los 44 años, en Nizza Monferrato el 14 de mayo de 1881, después de cantar un himno a la virgen Santísima, expiró santamente. Sus tres grandes amores fueron la Eucaristía, María Auxiliadora y la juventud pobre para educarla y salvarla.

Sus restos se veneran en la Basílica de Mª Auxiliadora en Turín. Su fiesta se celebra el 13 de mayo.


ORACIÓN

Santa María Mazzarello, tú, que viviendo desprendida del mundo y unida a Dios, practicaste las más preclaras virtudes, obtén a tus hijas la gracia de imitarte fielmente en la humildad y sencillez; en la caridad, pureza y espíritu de sacrificio; en la devoción a María Auxiliadora y en el amor a Jesús Sacramentado. Asístenos también en nuestra última hora, a fin de que todas podamos reunirnos contigo en el cielo, para amar y bendecir eternamente a Dios y a nuestra celestial Madre Auxiliadora.

Amén.

(fuente: www.boletinsalesiano.info)


otros santos 13 de mayo:

- San Servacio de Tongres
- San Andrés Huberto Fournet

lunes, 12 de mayo de 2014

12 de mayo: San Modoaldo de Tréveris

San Modoaldo de Tréveris. Obispo, que fundó y enriqueció varias iglesias y monasterios, y constituyó también diversas agrupaciones de vírgenes, siendo sepultado junto a su hermana Severa (c. 647).


Niñez y adolescencia 

El santo obispo Modoaldo nació en Aquitania. Según parece, pertenecía a una noble familia en la que abundaban los santos, pues una de sus hermanas era la abadesa santa Severa y otra fue la beata Iduberga, esposa de Pipino de Landen y madre de Santa Gertrudis de Nivelles. Modoaldo iba con frecuencia a la corte del rey Dagoberto, donde conoció a San Arnulfo de Metz y a San Cuniberto de Colonia, de los que fue muy amigo.

Dagoberto estimaba tanto al joven clérigo, que le nombró obispo de Tréveris; pero el santo no dejó por ello de reprender constantemente al rey por su vida licenciosa y la frivolidad de su corte. Finalmente, las reprensiones del santo obtuvieron el fruto deseado, ya que Dagoberto se arrepintió sinceramente y trató de reparar sus pasadas faltas.


Labor espiritual

San Modoaldo se convirtió en consejero y director espiritual del rey y éste, a su vez, le regalaba tierras y dinero para la fundación de nuevos monasterios. En realidad, sabemos muy poco sobre la vida del santo, ni siquiera podemos determinar con certeza las fechas de su consagración y de su muerte.

Sí es seguro que asistió al Concilio de Reims, el año 625. San Modoaldo ordenó al mártir San Germán de Grandval, a quien había educado, y ofreció hospedaje a San Desiderio de Cahot, según se desprende de la carta que éste último le escribió para darle las gracias. Los bolandistas calculan que San Modoaldo fue obispo de Tréveris del año 622 al año 640.


Milagros

Fue consagrado obispo de Tréveris, Alemania, el año 628. Atendió al Concilio de Reims. Habló tan fuertemente contra la inmoralidad de la corte real franca, que el rey Dagoberto en persona experimentó una profunda conversión.


Muerte

Murió hacia el año 640 en Tréveris (Trier, Alemania). Sus reliquias se trasladaron a Paderborn, en Alemania, el 1107.

(fuente: www.ecured.cu)

otros santos 12 de mayo:

- Santo Domingo de la Calzada
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