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miércoles, 13 de enero de 2016

13 d enero: San Remigio de Reims

(+ ca.530)

San Remigio, célebre obispo de Reims, conocido en la historia principalmente por el hecho de haber bautizado al rey Clodoveo y un buen número de su pueblo, fué hombre, según el testimonio de San Gregorio de Tours, insigne por su erudición y santidad y por sus obras maravillosas, por todo lo cual es considerado como el apóstol de los francos. Las fuentes que nos informan sobre él, principalmente San Gregorio. de Tours y San Avito de Vienne, aunque fieles en la relación de los hechos fundamentales, no son absolutamente seguras, en lo que se refiere a los detalles de los mismos. Sin embargo, tomando el conjunto de éstos, podemos decir que estamos suficientemente informados.

Nacido en Laon, hacia el año 437, de padres galos, hizo tan considerables progresos en su formación, y particularmente en la elocuencia, que, según el testimonio de San Sidonio Apolinar, compañero suyo en los primeros años, llegó a superar a todos sus iguales. Contando sólo veintidós años de edad, al quedar vacante en 459 la sede de Reims, fue él destinado para la misma, y los hechos probaron bien pronto que con su celo y fervor de espíritu suplía lo que le faltaba de experiencia.

No poseemos muchas noticias sobre la actividad de San Remigio durante la primera etapa de su vida, desde su elevación a la sede de Reims, en 459, hasta el gran acontecimiento de la conversión de Clodoveo, hacia el 496, en que tan directamente intervino San Remigio. Pero lo poco que conocemos nos lo presenta como un prelado eminente, consciente de sus deberes y entregado de lleno a la instrucción y gobierno de su pueblo. Sabemos por Sidonio Apolinar que desarrolló gran actividad en convertir a muchos entre los invasores francos y someterlos al yugo de Cristo. El mismo atestigua que poseyó un volumen de los sermones de Remigio, cuya suavidad, belleza de expresión y plenitud de doctrina pondera extraordinariamente. Con esta elocuencia, a la que se juntaba su eminente santidad, contribuyó eficazmente a poner el fundamento de la conversión del pueblo de los francos.

Entre los pocos documentos que de este tiempo se nos han conservado es digna de memoria una carta, dirigida por San Remigio, hacia el año 482 a Clodoveo, en la que lo felicitaba por su feliz principio como rey de los francos en la región de Tournai y le daba excelentes orientaciones y consejos para el gobierno de su pueblo. Así le dice: "Debéis mostrar deferencia con los sacerdotes y recurrir siempre a su consejo. Si reina armonía entre vos y ellos, vuestro reino sacará de ello mucho provecho... Que todos os amen y os respeten... Que vuestro tribunal sea asequible a todos y que nadie salga triste de él. Emplearéis todas las riquezas de vuestros padres en librar cautivos y desatar las cadenas de los esclavos..."

De hecho, tal era ya su prestigio por este tiempo que, cuando Clodoveo conquistó la Galia del Norte, en torno al año 490, Remigio fue, seguramente, el intermediario entre la población indígena, cristiana en su mayoría, y los dirigentes conquistadores. Todo su empeño lo dirigió desde entonces a atraer al mismo Clodoveo a la religión cristiana.

Precisamente la intervención de San Remigio en la conversión definitiva de Clodoveo y del pueblo franco constituye el punto más interesante y glorioso de su vida. Por esto es conveniente notarla con alguna detención. Ante todo, consta que en este tiempo Clodoveo, aunque continuaba afecto al paganismo, trataba amistosamente con los cristianos, que constituían la mayoría de la población indígena. El mismo había tomado por esposa a la católica Clotilde, hija del rey cristiano de Borgoña, Chilperico. Más aún: sabemos que ella realizó repetidos intentos de convertir a su esposo al cristianismo, y que éste consintió en que su primogénito fuera bautizado. Es verdad que según se refiere, habiendo muerto el niño poco después dei bautismo, echó en cara a la reina esta muerte, afirmando que no hubiera muerto si hubiera sido puesto bajo la protección de los dioses francos; sin embargo, volvió a permitir que su segundo hijo fuera bautizado.

Estando, pues, Clodoveo en esta disposición tuvo lugar su conversión, según todos los indicios, durante la guerra que mantuvo contra los alemanes el año 496 o tal vez 497. ¿Cómo sucedió este importante acontecimiento y qué intervención tuvo en él San Remigio, el apóstol de los francos? No es fácil responder con absoluta objetividad a esta pregunta. Sin embargo, teniendo presente el relato de San Gregorio de Tours, que es quien más detalles nos ofrece, y otras noticias contemporáneas, podemos responder substancialmente lo siguiente:

Habiendo irrumpido los alemanes en el territorio de los francos encontrábase Clodoveo en el momento decisivo de la batalla. Más aún: cuando advirtió que los francos comenzaban a ceder y que era inminente la victoria de sus enemigos, invocó al Dios de su esposa, Santa Clotilde, prometiéndole abrazar la fe si le concedía la victoria. De hecho, inesperadamente, volvieron la espalda los enemigos y emprendieron la huida. Ante un hecho tan sorprendente, Clodoveo, ya victorioso, se decidió a realizar lo prometido.

A este hecho fundamental añade San Gregorio de Tours diversos detalles, de cuya objetividad no ofrece plenas garantías Tales son: que su esposa, Clotilde, antes de emprender Clodoveo la batalla, le dijo: "Señor, si quieres alcanzar victoria, invoca al Dios de los cristianos: si tú lo invocas con toda confianza, nada se te puede resistir". A lo cual respondió Clodoveo que así lo haría, y, si salía victorioso, se haría cristiano. Por esto el mismo historiador, en el momento crítico de la batalla, pone en boca del rey franco estas palabras invocando al Señor: "¡Oh Cristo, a quien Clotilde invoca como Dios vivo!, yo imploro tu ayuda. He invocado a mis dioses, y ellos no tienen ningún poder. Acudo, pues, a ti. Yo creo en ti. Líbrame de mis enemigos y yo me bautizaré en tu nombre".

El mismo Gregorio de Tours añade multitud de detalles sobre los acontecimientos que luego siguieron: cómo, lleno de júbilo por la victoria, exclamó al encontrarse con su esposa, Clotilde: "Clodoveo ha vencido a los alemanes pero tú has vencido a Clodoveo". Y a continuación realizó con toda solemnidad el acto trascendental de su propio bautismo y de gran número de magnates de su pueblo. Reduciendo, pues, a lo substancial todo este relato, podemos sintetizarlo de la manera siguiente:

Con el consejo de su esposa, Santa Clotilde, Clodoveo se puso en contacto con San Remigio de Reims, y, efectivamente, bajo su dirección, tanto el rey como un buen número de magnates y del pueblo recibieron la instrucción necesaria para poder recibir el bautismo. Clodoveo manifestó, por una parte, su preocupación de que muchos de ellos, particularmente los hombres de su guardia personal, no renunciarían fácilmente a sus dioses, y, por otra, su voluntad de que no se forzara a nadie a abrazar la fe cristiana. Pero la mayoría de los magnates y demás cortesanos se manifestó decidida a seguir el ejemplo de su rey. Así, pues, dedicóse de lleno San Remigio a la obra de su instrucción, en lo que consta que le ayudó otro santo insigne, San Vedasto.

La escena misma del bautismo, aun exponiéndonos a mezclar los hechos estrictamente históricos con detalles subjetivos del cronista, vale la pena reproducirla como nos la refiere San Gregorio. En efecto, con el objeto de impresionar los sentidos de aquel pueblo bárbaro con las solemnes ceremonias del bautismo, San Remigio y la reina Clotilde procuraron que la ciudad de Reims, donde se realizó probablemente este gran acto, se engalanara con toda magnificencia y que la catedral y el baptisterio aparecieran con los esplendores de las grandes fiestas. Luego añade el historiador: "El nuevo Constantino avanza hacia el baptisterio. Cuando hubo entrado en él, en presencia de todo el pueblo y de la corte entera que lo contemplaba, el obispo Remigio le dice: "Inclina humildemente tu cabeza; adora lo que hasta ahora has quemado: quema lo que hasta aquí has adorado". Así, pues, habiendo hecho Clodoveo la profesión de fe en Dios omnipotente y en la Trinidad, fue bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".

A continuación San Remigio bautizó a dos hermanas del rey y, con la ayuda de otros sacerdotes, a unos tres mil hombres de la corte y del ejército, así como también a gran multitud de mujeres y niños. Muchos suponen que estos acontecimientos tuvieron lugar el 25 de diciembre de 496, el mismo año de la victoria de Clodoveo sobre los alemanes.

Fácilmente se comprende el entusiasmo con que recibió estos acontecimientos el episcopado de las Galias. San Avito de Vienne escribía al príncipe: "Vuestra fe es nuestra victoria... ¿Osaré yo predicaros la misericordia de Dios, cuando un pueblo, hasta ahora cautivo, celebra la vuestra con transportes de júbilo ante el mundo entero y con lágrimas delante de Dios? Yo no formulo más que un voto; puesto que Dios va a hacer, por vuestro medio, un pueblo enteramente suyo, esparcid del tesoro de vuestro corazón semillas de fe entre los pueblos vecinos que, viviendo en su ignorancia, no han sido corrompidos por los gérmenes de las doctrinas perversas".

Una vez realizada la conversión oficial del pueblo franco, en la que tan activa parte tuvo San Remigio, continuó éste trabajando con la mayor intensidad en su ulterior instrucción. Bajo la protección de Clodoveo continuó esparciendo entre los francos la semilla del Evangelio, con lo cual realizó una obra admirable. La leyenda le atribuye un número extraordinario de milagros en esta labor de evangelización. A este propósito es célebre, sobre todo, la de la vasija o ampolla sancta, que se conservaba en la abadía de San Remigio, que se supone ser la misma que sirvió para ungir con el óleo santo del bautismo al rey Clodoveo y que vino milagrosamente del cielo. Esta vasija se empleaba en la consagración de los reyes de Francia, pero fue rota en la Revolución francesa, si bien se conserva una parte de ella en la catedral de Reims.

Los obispos, reunidos en una asamblea convocada en Reims, declararon que se sentían impulsados a la defensa de la fe por el ejemplo viviente de San Remigio, el cual, según ellos afirman, "en todas partes destruyó los altares de los ídolos, realizando multitud de milagros". De él conservamos una carta, escrita poco después de la muerte de Clodoveo, ocurrida en 511 y dirigida al obispo de Tongres-Maestricht. En tono enérgico reprocha a este último obispo algunos excesos cometidos contra algunos pueblos. De este modo aparece la entereza de carácter con que continuó trabajando hasta el fin de su vida.

De todo ello se deduce que San Remigio, en la última etapa de su vida, hizo lo que pudo para promover el Evan gelio entre el pueblo de los francos, recién convertido al cristianismo, por lo cual, con justo título, es venerado como su apóstol. En un sínodo celebrado en 517 convirtió a un obispo arriano, que se había presentado para argluir contra el santo obispo. Sin embargo, su acción apostólica no siempre encontró la aprobación y buena acogida entre sus hermanos de episcopado.

Poco después de la muerte de Clodoveo, probablemente en 512, los obispos de París, Sens y Auxerre le escribieron acerca de un sacerdote, llamado Claudio, ordenado por él a petición del rey. En la carta le reprochan el haber ordenado a un hombre mercader, según ellos, de degradación, y dan a entender que piensan fue sobornado para ello, acusándole de haber perdonado todos los desaciertos financieros de Claudio. Se conserva la carta con la que San Remigio respondió a este cúmulo de inculpaciones y acusaciones infundadas. Claramente convencido de que aquellos obispos estaban llenos de despecho y apasionamiento, se lo manifiesta así con toda claridad, pero su respuesta es un modelo de paciencia y caridad.

San Gregorio de Tours atestigua que gobernó la Iglesia de Reims setenta años, y que murió en paz hacia el año 530. Se ha conservado el texto de un testamento, que se le atribuye. Probablemente es auténtica la versión breve del mismo. Su fiesta se celebró en distintas fechas, y la Iglesia de Reims le dedicaba cinco durante el año: el 12 de enero, la vigilia; el 13, su fiesta, el 29 de mayo, la traslación, el 1 de octubre, otra traslación; el 30 de diciembre, su relación. Pero, al fin, prevaleció el 1 de octubre como única fiesta.

escrito por Bernardino Llorca, S. I.
(fuente: www.mercaba.org)

otros santos 13 de enero:

- Beata Francisca de la Encarnación
- Beata Verónica de Binasco
-

martes, 12 de enero de 2016

12 de enero: San Arcadio de Cesarea

mártir

Etim: de Arcadia, en griego.

Hombre rico y prominente de Mauritania (hoy Argelia). El año de su martirio no consta en las actas. Algunos lo sitúan durante el imperio de Valeriano, otros bajo Dioclesiano.

Para escapar la persecución huyó al bosque donde vivió como ermitaño. Las autoridades quisieron hacer de el una advertencia para otros por lo que arrestaron a un miembro de su familia, amenazándolo de muerte si Arcadio no se entregaba. Arcadio fue directamente a la corte y se entregó. El juez dijo que lo pondría en libertad si sacrifica públicamente a los dioses paganos. Arcadio rehusó y le cortaron manos y pies para aumentar su suplicio. Se mantuvo firme en la fe por lo que fue martirizado, probablemente en Cesarea, la capital de Mauritania. Al morir grito: "vuestros dioses no son dioses. Aquel por quien muero es el verdadero Dios. El me conforta y sostiene"

(fuentes: Lives of the Fathers, Martyrs and other Principal Saints, Butler, Vol 1, pg. 43. Otras; corazones.org)

otros santos 12 de enero:

- San Antonio María Pucci
- Santa Margarita Bourgeoys

lunes, 11 de enero de 2016

11 de enero: SAn Vital de Gaza

Ermitaño

Etimológicamente: Vital = Aquel que está lleno de via, viene de la lengua latina.


Breve Biografía

Vital tenía nada menos que sesenta años cuando descubrió la riqueza del Evangelio de Jesús de Nazaret.

Se dio cuenta de que Dios invita a las "mujeres de mala vida" a que entren en su reino.

El vivía tranquilo como ermitaño en su ermita de Gaza en Palestina, tan actual en nuestros días por motivos políticos y bélicos, no por cuestiones religiosas.

Dejó su vida apacible y se marchó a Alejandría, célebre por su barrio chino al lado del puerto.

Allí se construyó su ermita. Se dedicó a hacer dos cosas importantes: una, pedir limosna de puerta en puerta; otra fue la dedicación completa al mundo de la prostitución.

Estas mujeres le tomaron en seguida un gran afecto, y entablaron con él una seria amistad porque estimaban en mucho sus palabras y sus sanos juicios acerca de sus vidas.

A pesar de ser un trabajo difícil, tenía las puertas de su ermita abierta para que fueran a hablar con él cuando quisieran. Les hablaba de la felicidad que da la honestidad de costumbres.

Gracias a sus palabras y al amor sincero y puro que les tenía, además de ser su paño de lágrimas, muchas se convertían y dejaban su mala vida.

Pero como suele ocurrir, había “beatos y beatas” que veían con malos ojos que se dedicara a este trabajo. Lo denunciaron al obispo y lo encerraron.

Las chicas prostitutas pasaban cada noche frente al palacio episcopal gritando y reclamando la libertad de su amigo Vital. El obispo lo comprendió.

Pero días más tarde lo mataron los “beatos o santones cumplidores farisaicos”.

Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com 
(fuente: catholic.net)

otros santos 11 de enero:

- San Paulino de Aquileya
- Santo Tomás de Cori

domingo, 10 de enero de 2016

10 enero: Beato Gonzalo de Amarante

Presbítero

Martirologio Romano: En Amarante, lugar de Portugal, beato Gonzalo (Gundisalvus, Gonsalvo), presbítero de Braga, que después de una larga peregrinación por Tierra Santa ingresó en la Orden de Predicadores y más tarde se retiró a una ermita, ayudando a construir un puente y trabajando en bien de los habitantes del lugar con su oración y predicación (c. 1259).

Tagilde, del obispado de Braga, es el pueblo portugués que le vió nacer. Por la discreción que desde pequeño demostró el Arzobispo de Braga lo toma bajo su techo preparándolo para el sacerdocio. Luego le encomienda la Abadía de San Pelayo por sus cualidades. Es muy responsable y celoso de sus ovejas a las que acerca a Jesucristo más con las obras que con los sermones, por ello adopta unas ropas de mendigo y, arreciando en la penitencia, da en limosna a los pobres cuanto le llega.

Como tiene un deseo vivo de visitar los Santos Lugares, deja a un sobrino el cuidado de la Abadía y comienza su soñada peregrinación. Lleno de agradecimiento y con muchas lágrimas de pesar, Gonzalo contempla con admiración, mira piadoso, besa con cariño y venera con respeto lo que para la fe son monumentos. De hecho, el tiempo pasa insensible en su embeleso.

A los catorce años regresa para cuidar a sus ovejas. Ha sido muy larga la ausencia. La Abadía ha cambiado. El pastor se ha hecho lobo. Ha abandonado el cuidado y se ha dedicado al despojo. Entre comilonas, cacerías, vicios y vanidades se ha convertido de servidor en dueño. Como tantos. No obedece los requerimientos del tío y hasta lo echa con amenazas violentas, maltratándolo físicamente. Ya intentó antes demostrar su muerte para asegurarse el puesto.

El legítimo abad, aprendió mucho en Palestina. Se retira humillado y vencido. Recorre los alrededores y predica feliz el Evangelio; construye una pequeña ermita y se convierte en ermitaño orante solitario, predicador y consejero por los alrededores de Tamaca.

La Virgen le lleva a pasar una noche en el monasterio de Vimaro, de los dominicos. Allí es aceptado como religioso, recibe los hábitos, hace sus votos y edifica a todos con su piedad, mortificación y santidad.

Con la autorización del prelado, vuelve al oratorio de Amarante donde se entrega sin límites a la oración, penitencia y apostolado hasta el fin de su vida quemada en amor a Dios y en bien de los hermanos. Contrajo un gravísima enfermedad y se dispuso a morir como los mejores discípulos del Señor. Muere en manos de la Virgen el 10 de enero de 1260.

Aparte quedan los adornos. A la escueta y noble figura del santo la piedad, el cariño o la fantasía añadió notas poco probables, nada necesarias e imposibles de comprobar por la ciencia histórica, pero que embellecían de modo maravilloso y sobrenatural, como aureola, la grandeza de un hombre fiel. Fue el tiempo quien añadió los guiños que hacía a Jesús crucificado mientras mamaba los pechos de su ama de leche cuando era bebé; como las repetidas, frecuentes y casi continuas apariciones de la Virgen; y como el que los peces del río saltaban a la orilla ofreciéndose como vianda para quien predicaba a Jesucristo.

Fue beatificado por el Papa Pío IV en el año 1560.

(fuente: catholic.net)

otros santos 10 de enero:

- San Pablo de Tebas
- Beata María Dolores Rodriguez Sopeña

sábado, 9 de enero de 2016

09 de enero: Beata Julia de la Rena

n.: c. 1320 - †: 1367 - país: Italia
otras formas del nombre: Julia de Certaldo
canonización: Conf. Culto: Pío VII 1819

En Certaldo, lugar de la Toscana, beata Julia de la Rena, de la Tercera Orden de San Agustín, que permaneció encerrada en una pequeña celda junto a la iglesia, en la que vivió sólo para Dios.

Nació en la Toscana, en Certaldo, alrededor del 1320, de una familia de noble origen, pero en decadencia. Quedó huérfana siendo joven, y entró al servicio de los Tinolfi en la vecina Florencia donde, en contacto con los agustinianos y su espiritualidad, vistió -sin tener aun veinte años, el hábito de las agustinas seculares. Sintiéndose llamada a a la búsqueda de una vida más radical y austera, en pleno florecimiento de su existencia, se decide a abandonar la ciudad y refugiarse en un lugar solitario. Volvió luego a Certaldo alojándose en una pequeña habitación junto a la iglesia agustiniana de San Miguel y Santiago. Primero fueron abiertas dos pequeñas ventanas: una hacia la iglesia, para asistir al servicio sagrado, y la otra hacia afuera, para recibir el alimento que la piedad popular le acercase. Hizo colocar sobre una pared un crucifijo y después, con solemnidad, desde el exterior un albañil tapió con un muro el acceso.

No dejará más el pequeño «romitorio». Como las reclusas, vivirá segregada del mundo por un período de cerca de treinta años, recorriendo hasta el fondo la larga vía de la ascésis y de la mística. Penitencia y oración serán sus ocupaciones cotidianas. Mantenerla con vida era ocupación de los ciudadanos de Certaldo y alrededores. Cuenta la tradición popular que incluso los niños corrían muchas veces en su ayuda, llevándole algunos alimentos, y que Julia, agradecida y sonriente, les respondía con flores frescas en cualquier estación del año. Nada más se sabe de ella sino que era muy venerada por sus conciudadanos por la vida de piedad que manifestaban sus ojos.

Murió en torno al 1370. Su culto se inició inmediatamente a su tránsito, porque ya en 1372 está atestiguada la dedicación de un altar en la misma iglesia junto a la cual había vivido, y donde estaba enterrado su cuerpo. Desde el 1506 el municipio certaldés contribuia para la fiesta en honor de la beata, a cuya protección fue atribuida varias veces la liberación de contagios y de la peste. Sus restos mortales se veneran en Certaldo, en la iglesia de San Miguel y Santiago (aunque la iglesia ya no es agustina). Su culto inmemorial fue confirmado por SS Pío VII en 1819.

Traducido para ETF de un artículo del P. Bruno Silvestrini, O.S.A. El cuadro que ilustra la noticia es "Beata Giulia da Certaldo», óleo sobre tela de 2009, de la artista plástica certaldesa Sabrina Taddei

(fuentes: Santi e Beati; eltestigofiel.org)

otros santos 09 de enero:

- Beata María Teresa de Jesús Le Clerc
- San Eulogio de Córdoba

viernes, 8 de enero de 2016

08 de enero: San Severino

Murió el 9 de enero del año 482, pronunciado la última frase del último salmo de la S. Biblia (el 150): "Todo ser que tiene vida, alabe al Señor".

Había nacido probablemente en Roma el año 410. Es patrono de Viena (Austria) y de Baviera (Alemania).

Su biografía la escribió su discípulo Eugipio.

A nadie decía que era de Roma (la capital del mundo en ese entonces) ni que provenía de una familia noble y rica, pero su perfecto modo de hablar el latín y sus exquisitos modales y su trato finísmo lo decían.

San Severino tenía el don de profecía (anunciar el futuro) y el don de consejo, dos preciosos dones que el Espíritu Santo regala a quienes le rezan con mucha fe.

Se fue a misionar en las orillas del río Danubio en Austria y anunció a las gentes de la ciudad de Astura que si no dejaban sus vicios y no se dedicaban a rezar más y a hacer sacrificios, iban a sufrir un gran castigo. Nadie le hizo caso, y entonces él, declarando que no se hacía responsable de la mala voluntad de esas cabezas tan duras, se fue a la ciudad de Cumana. Pocos días después llegaron los terribles "Hunos", bárbaros de Hungría, y destruyeron totalmente la ciudad de Astura, y mataron a casi todos sus habitantes.

En Cumana, el santo anunció que esa ciudad también iba a recibir castigos si la gente no se convertía. Al principio nadie le hacía caso, pero luego llegó un prófugo que había logrado huir de Astura y les dijo: "Nada de lo terrible que nos sucedió en mi ciudad habría sucedido si le hubiéramos hecho caso a los consejos de este santo. El quiso liberarnos, pero nosotros no quisimos dejarnos ayudar". Entonces las gentes se fueron a los templos a orar y se cerraron las cantinas, y empezaron a portarse mejor y a hacer pequeños sacrificios, y cuando ya los bárbaros estaban llegando, un tremendo terremoto los hizo salir huyendo. Y no entraron a destruir la ciudad.

En Faviana, una ciudad que quedaba junto al Danubio, había mucha carestía porque la nieve no dejaba llegar barcos con comestibles. San Severino amenazó con castigos del cielo a los que habían guardado alimentos en gran cantidad, si no los repartían. Ellos le hicieron caso y los repartieron. Entonces el santo, acompañado de mucho pueblo, se puso a orar y el hielo del río Danubio se derritió y llegaron barcos con provisiones.

Su discípulo preferido, Bonoso, sufría mucho de un mal de ojos. San Severino curaba milagrosamente a muchos enfermos, pero a su discípulo no lo quiso curar, porque le decía: "Enfermo puedes llegar a ser santo. Pero si estás muy sano te vas a perder." Y por 40 años sufrió Bonoso su enfermedad, pero llegó a buen grado de santidad.

El santo iba repitiendo por todas partes aquella frase de la S. Biblia: "Para los que hacen el bien, habrá gloria, honor y paz. Pero para los que hacen el mal, la tristeza y castigos vendrán" (Romanos 2). Y anunciaba que no es cierto lo que se imaginan muchos pecadores: "He pecado y nada malo me ha pasado". Pues todo pecado trae castigos del cielo. Y esto detenía a muchos y les impedía seguir por el camino del vicio y del mal.

San Severino era muy inclinado por temperamento a vivir retirado rezando y por eso durante 30 años fue fundando monasterios, pero las inspiraciones del cielo le mandaban irse a las multitudes a predicar penitencia y conversión. Buscando pecadores para convertir recorría aquellas inmensas llanuras de Austria y Alemania, siempre descalzo, aunque estuviera andando sobre las más heladas nieves, sin comer nada jamás antes de que se ocultara el sol cada día; reuniendo multitudes para predicarles la penitencia y la necesidad de ayudar al pobre y sanando enfermos, despertando en sus oyentes una gran confianza en Dios y un serio temor a ofenderle; vistiendo siempre una túnica desgastada y vieja, pero venerado y respetado por cristianos y bárbaros, y por pobres y ricos, pues todos lo consideraban un verdadero santo.

Se encontró con Odoacro, un pequeño reyezuelo, y le dijo proféticamente: "Hoy te vistes simplemente con una piel sobre el hombro. Pronto repartirás entre los tuyos los lujos de la capital del mundo". Y así sucedió. Odoacro con sus Hérulos conquistó Roma, y por cariño a San Severino respetó el cristianismo y lo apoyó.

Cuando Odoacro desde Roma le mandó ofrecer toda clase de regalos y de honores, el santo lo único que le pidió fue que respetara la religión y que a un pobre hombre que habían desterrado injustamente, le concediera la gracia de poder volver a su patria y a su familia. Así se hizo.

Giboldo, rey de los bárbaros alamanos, pensaba destruir la ciudad de Batavia, San Severino le rogó por la ciudad y el rey bárbaro le perdonó por el extraordinario aprecio que le tenía a la santidad de este hombre.

En otra ciudad predicó la necesidad de hacer penitencia. La gente dijo que en vez de enseñarles a hacer penitencia les ayudara a comerciar con otras ciudades. El les respondió: "¿Para qué comerciar, si esta ciudad se va a convertir en un desierto a causa de la maldad de sus habitantes?". Y se alejó de la ciudad. Poco después llegaron los bárbaros y destruyeron la ciudad y mataron a mucha gente.

En Tulnman llegó una terrible plaga que destruía todos los cultivos. La gente acudió a San Severino, el cual les dijo: "El remedio es rezar, dar limosnas a los pobres y hacer penitencia". Toda la gente se fue al templo a rezar con él. Menos un hacendado que se quedó en su campo por pereza de ir a rezar. A los tres días la plaga se había ido de todas las demás fincas, menos de la inca del haciendo perezoso, el cual vio devorada por plagas toda su cosecha de ese año.

En Kuntzing, ciudad a las orillas del Danubio, este río hacía grandes destrozos en sus inundaciones, y le hacía mucho daño al templo católico que estaba construido a la orilla de las aguas. San Severino llegó, colocó una gran cruz en la puerta de la Iglesia y dijo al Danubio: "No te dejará mi Señor Jesucristo que pases del sitio donde está su santa cruz". El río obedeció siempre y ya nunca pasaron sus crecientes del lugar donde estaba la cruz puesta por el santo.

El 6 de enero del año 482, fiesta de la Epifanía, sintió que se iba a morir, llamó entonces a las autoridades civiles de la ciudad y les dijo: "Si quieren tener la bendición de Dios respeten mucho los derechos de los demás. Ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar todo lo más posible a los monasterios y a los templos". Y entonando el salmo 150 se murió, el 8 de enero.

A los seis años fueron a sacar sus restos y lo encontraron incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Al levantarle los párpados vieron que sus bellos ojos azules brillaban como si apenas estuviera dormido.

Sus restos han sido venerados por muchos siglos, en Nápoles.

En Austria todavía se conserva en uno de los conventos fundados por él, la celda donde el santo pasaba horas y horas rezando por la conversión de los pecadores y la paz del mundo.

Señor Jesús: que no nos suceda nunca ser castigados por la justicia Divina como aquellos pueblos que no quisieron escuchar la invitación de San Severino a convertirse. Recuérdanos la frase del libro santo: "Hoy si escucháis la voz de Dios no endurezcáis vuestro corazón" (Salmo 94). Que escuchemos siempre a los profetas que nos llaman a la conversión, y que dejando nuestra mala vida pasada, salvemos nuestra alma. Amén.

(fuente: ewtn.com)

otros santos 08 enero:

- Beata Eurosia Fabris
- San Lorenzo Giustiniani

jueves, 7 de enero de 2016

07 de enero: San Canuto Lavard

Mártir

Martirologio Romano: En los bosques cercanos a Ringsted, en Dinamarca, san Canuto, apellidado Lavard, mártir, quien, hecho duque de Schleswig, ejerció el poder de modo justo y prudente, y favoreció la piedad de su pueblo. Murió asesinado por enemigos que rechazaban su autoridad (1131).

Fecha de canonización: En 1169 por el Papa Alejandro III.

Canuto Lavard (12 de marzo de 1096 - Ringsted, Dinamarca, 7 de enero de 1131). Príncipe danés, duque de Jutlandia Meridional de 1115 a 1131, y rey de los Obodritas de 1129 a 1131.

Canuto Lavard era hijo del rey Erik I de Dinamarca y de la reina Bodil Thrugosdatter. En 1115, su tío, el sucesor de su padre, el rey Nicolás I de Dinamarca, le concedió el título de duque de Jutlandia Meridional.

Enrique, el príncipe cristiano de los obodritas, pueblo wendo de Vagrie, cercano a su ducado, que había sido anexionado a Dinamarca, murió en 1129 y la familia real fue asesinada. Canuto Lavard se hizo nombrar rey por el emperador germánico, con el objetivo de terminar la evangelización de los primeros paganos de esta región de la costa báltica.

Su primo, Magnus Nilsson, hijo de Nicolás I de Dinamarca, fue nombrado rey de Suecia, como sucesor del rey Inge I de Suecia.

Ambos primos, eventuales pretendientes al reino de Dinamarca, contaban, por tanto, con un título real y la animosidad entre ellos fue creciendo hasta que Magnus Nilsson mató a Canuto Lavard en Haraldsted, cerca de Ringsted, en Selandia, el 7 de enero de 1131. Desde el momento de su muerte, el joven príncipe Canuto fue objeto de devoción. Su asesinato desató una guerra civil en Dinamarca.

Canuto Lavard fue declarado Santo por el Papa Alejandro III el 25 de junio de 1170, durante el reinado de su hijo Valdemar I de Dinamarca.

Su festividad, el Knutsdagen (Día de Canuto) se celebró originalmente el día de su muerte, 7 de enero, pero posteriormente fue cambiada al 13 de enero, como permanece en la actualidad.

Se casó, en 1116 con Ingeborg de Kiev, hija del príncipe Mstislav I de Kiev. De esta unión nacieron:

ºMargarita, casada con Stig Tokesen Hvide, muerto en 1151
ºCristina, nacida en 1118, casada con el rey Magnus IV de Noruega, fue repudiada.
ºCatalina, casada en 1159 con Pribislav, príncipe de los Wendes
ºValdemar I de Dinamarca, hijo póstumo, nació el 14 de enero de 1131

(fuente: catholic.net)

otros santos 07 deenero:

- San Raimundo de Peñafort
- Beata Lindalva Justo de Oliveira
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