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martes, 2 de abril de 2013

02 de abril: San Francisco de Paula

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Nació en un pueblecito llamado Paula, en Italia, en 1416. Cuando tenía unos pocos años se enfermó gravemente de los ojos. Se encomendó junto con sus padres a San Francisco y este santo le obtuvo de Dios la curación. En acción de gracias se fue a los 14 años en peregrinación a Asís, y allá recibió la inspiración de convertirse en ermitaño, dedicado a rezar y a hacer penitencia.

Se retiró a la montaña, y ahí permaneció durante cinco años, rezando, meditando y alimentándose solamente de agua y de hierbas silvestres y durmiendo sobre el duro suelo, teniendo por almohada una piedra. Pronto, varios hombres siguieron su ejemplo. Francisco tuvo que fundar varias casas para sus religiosos y, en todos sus conventos puso una consigna o ley que había que cumplir siempre. Decía así: "Cuaresma perpetua". Esto quiere decir que en la alimentación se debían hacer las mortificaciones que antiguamente se hacían en cuaresma con el fin de fortificar la voluntad.

Miles de hombres decidieron abandonar la vida pecaminosa del mundo e irse a la Comunidad religiosa fundada por San Francisco de Paula. Así como San Francisco de Asís les había puesto a sus religiosos el nombre de "hermanos menores", San Francisco de Paula les puso a los que pertenecían a su comunidad el nombre de "hermanos Mínimos". El Divino Espíritu le concedió a San Francisco de Paula el don de hacer milagros, de hacer curaciones, y el don de profecía.

El Papa Pablo VI dijo en 1977 que San Francisco de Paula es un verdadero modelo para los que tienen que llamarles la atención a los gobernantes que abusan de su poder y que malgastan en gastos innecesarios el dinero que deberían emplear en favor de los pobres. Por muchos años nuestro santo recorrió ciudades y pueblos llevando los mensajes de Dios a las gentes. Y en aquellos tiempos (como ahora) había alcaldes, gobernadores, ministros y hasta jefes de Estado que abusaban de su poder y gastaban los dineros públicos para enriquecerse o para hacer gastos inútiles y conseguir lujos, en vez de socorrer a los necesitados. A ellos les iba recordando San Francisco que a cada uno le dirá Cristo en el día del juicio aquellas palabras que dijo en el Evangelio: "Dame cuenta de tu administración" .

También les recordaba esta frase del Apocalipsis: "He aquí que tengo y traigo conmigo mi salario. Y le daré a cada uno según hayan sido sus obras". Todo esto hacía pensar muy seriamente a muchos gobernantes y los llevaba a corregir los modos equivocados de proceder que habían tenido en el pasado.

El santo logró convertir a Luis XI antes de su muerte. Este quedó tan agradecido que nombró a Francisco de Paula como director espiritual de su hijo, el futuro Carlos VIII, rey de Francia.

Murió el Santo, 2 de abril de 1507. El pueblo empezó inmediatamente a proclamarlo como santo y los milagros empezaron a sucederse.

Doce años después de su muerte, fue proclamado santo por el Sumo Pontífice León X , en 1519.

(fuente: www.aciprensa.com)

lunes, 1 de abril de 2013

01 de abril: San Hugo

Etimológicamente significa “ inteligencia clara”. Viene de la lengua alemana.

Nació en Castel Neuf, Valence (Francia) en 1052. No tuvo la suerte de tener un padre como debe ser. Se casó por dos veces. Vivió casi toda su vida entregado al mal y al vicio. Pero al final de su vida, al darse cuenta de los errores que había cometido y siendo ya viudo, entró en la Cartuja en la que murió muy anciano, reconfortado con los auxilios espirituales de su hijo que, a la sazón, era ya obispo.

Debido a sus dotes intelectuales tomó parte en el Sínodo de Avignon aunque todavía no era sacerdote. Fue en esta reunión en la que le pidieron que se ordenara. Ante su timidez, el Delegado del Papa le convenció y al terminar dicho encuentro, se fue a Roma con el delegado para que el mismo Papa lo consagrara obispo a los 28 años. Grenoble fue su primera sede episcopal.

Aquí pasó lo suyo. En parte por su timidez y, en parte, porque la corrupción que había era enorme. Los mismos clérigos adquirían sus cargos mediante dinero. Descuidaban al pueblo ignorante.

También tuvo otras alegrías, como por ejemplo, conocer a san Bruno, el fundador de los cartujos. Desde que lo vio, se convirtió en su director espiritual.

No mucho tiempo después enfermó del estómago por los malos ratos que le hacían pasar los sacerdotes simoníacos. En este estado le pidió al Papa varias veces su renuncia que jamás fue aceptada. Le solía decir: " Prefiero a Hugo de obispo, viejo, débil y enfermo antes que a otro joven y lleno de salud".

Siempre, a lo largo de la Historia de la Iglesia, ha sido muy difícil llevar a cabo reformas. Un ejemplo palpable se encuentra en Hugo. Sus enemigos se alegraron cuando perdió la memoria. Tan sólo recordaba la oración del Padrenuestro y los Salmos.

En este estado de cosas y ya muy enfermo, entregó su alma a Dios cuando iba a cumplir los 80 años. Era el 1 de abril del año 1132.

Y cosa curiosa en la vida de la misma Iglesia: el Papa lo declaró santo a los dos años de su muerte.

(fuente: www.donbosco.es)

domingo, 31 de marzo de 2013

31 de marzo: San Benjamín, mártir

Etimológicamente significa “hijo del sur”. Viene de la lengua hebrea.

Los cristianos de Persia, por fin, les tocó vivir al menos más de medio siglo en la paz que anhelaban. Pero Adbas, que era obispo de Ctesifón, se imaginó que se dirigía a incendiar un templo pagano.

Este sueño o imaginación volvió loco al rey Yezdigerd y un tanto enfurecido. No se podía creer que un prelado hubiera perdido la cabeza de ese modo. Por eso solía decir que Cristo no espera nada de sus discípulos.

Benjamín, que era todavía diácono – paso anterior al sacerdocio – lo envió a la prisión. Era un joven de un gran celo apostólico en bien de los demás. Hablaba con fluida elocuencia.

Incluso había logrado muchas conversiones entre los sacerdotes de Zaratustra. Los años que pasó en la cárcel le sirvieron para pensar, orar, meditar y escribir.

En estas circunstancias llegó a la ciudad un embajador del emperador bizantino y lo puso en libertad. Y le dijo el rey Yezdigerd: "Te digo que tú no has tenido culpa alguna en el incendio del templo y no tienes que lamentarte de nada". ¿No me harán nada los magos?, preguntó el rey al embajador. No, tranquilo. No convertirá a nadie, añadió el embajador. Sin embargo, desde que lo pusieron en libertad, Benjamín comenzó con mayor brío e ímpetu su trabajo apostólico y convirtió a muchos magos haciéndoles ver que algún día brillará en sus ojos y en su alma la luz verdadera.

De no ser así –decía – yo mismo sufriré el castigo que el Señor reserva a los seguidores que no sacan a relucir los talentos que él les ha dado.

Esta vez no quiso intervenir el embajador. Pero poco después, el rey lo encarceló de nuevo y mandó que le dieran castigos hasta la muerte.

Los cristianos siempre han sufrido y siguen sufriendo persecuciones porque cuando se habla del Evangelio con rectitud y en verdad, aparte de las creencias en ídolos o no, hay políticos que no aguantan las verdades.

Murió mártir en el 425.

(fuente: www.donbosco.es)

sábado, 30 de marzo de 2013

30 de marzo: San Juan Climaco

Etimológicamente significan: Juan = “Dios es misericordia y Clímaco = escala”. Vienen de la lengua hebrea.

Los padres son muchas veces la clave del futuro “feliz” de sus hijos. Cuando su labor es educadora, orientadora y no represiva o antojadiza, entonces el hijo elige la vocación para la que se siente llamado, dejando aparte el afán de hoy día de que vale quien gana más dinero.

Cuando vino al mundo en Palestina, había una vocación muy querida en aquel tiempo: la vida de eremita en el desierto. Con las armas de su ilusión joven en el corazón y sus anhelos de perfección espiritual, se marchó a Clímaco, lugar que está en pleno monte Sinaí.

Tenía tan sólo 15 años y, sin embargo, todo aparecía ante sus ojos tan radiante como el día. Se pasó 10 años con los monjes, destacando por su santidad y su virtud. No obstante, Dios lo llamaba por otros derroteros. En el desierto de Tola, a dos kilómetros del santuario que mandó construir el emperador Justiniano, encontró más reposo, paz y tranquilidad para sus ansias de escalar la perfección lo antes posible.

Y, en una pequeña ermita que él mismo se fabricó, vivió la friolera de 40 años. Tuvo que soportar con amor la visita de mucha gente que, atraída por sus dotes y maravillas, iba a visitarlo con frecuencia.

Tenía tiempo para atender a esta gente y, además, para escribir libros. Gracias a ellos, se le conoce como el ángel del desierto. Muchos le rogaban que escribiese un libro sobre la forma de conquistar la santidad. Entonces él, iluminado por Dios, escribió el libro "Escala espiritual".

En él hace un estudio precioso sobre los 30 escalones mediante los cuales la persona puede lograr la perfección. El mismo Papa Gregorio Magno se encomendaba a sus oraciones.

Todos los autores de aquellos tiempos le llamaban "el doctor del desierto" por su atinada espiritualidad. Murió a los 74 años en el 605.

(fuente: www.donbosco.es)

viernes, 29 de marzo de 2013

29 de marzo: Santa Gladys, Reina de Gales

Etimológicamente: Gladys = lirio, gladiolo”. Viene de la lengua galesa.

Gladys nació en Gales en el siglo V. Era la mayor de los 24 hijos de Brychan de Brecknock, esposa de san Gundleus, y madre de los santos Cadoc y, posiblemente de Keyna.

Gladys llevó una vida muy interesante. Se dice que después de su conversión por el ejemplo y la exhortación de su hijo, ella y Gundleus vivieron una vida austera.

Adquirieron la costumbre de tomar baños de noche en Usk, seguidos de un buen paseo.

Su hijo los convenció para que pusieran fin a esa práctica y que se separaran.

Gladys se fue a Pencanau en Bassaleg. Los detalles de esta historia provienen del siglo XII.

Incluye milagros que tuvieron lugar en tiempos de san Eduardo el Confesor y Guillermo I.

También se cuenta que los primeros años de su matrimonio no fueron muy ejemplares que digamos.

Tuvo que ser su hijo que les convenciera para que se corrigieran de sus defectos.

A ruegos de su hijo, se marchó a llevar una vida de eremita en el lugar llamado hoy Stow, en donde hay una iglesia levantada a san Wooloo.

A raíz de que la mujer se fuera de eremita, el marido hizo otro tanto.


San Gundleus (Gundleius o Gwynnllyw), Rey de Gales

Vivió a finales del siglo sexto. Él era el hijo mayor del rey Glywys Cernyw y heredó la porción principal del este del Reino, en la frontera Gwent.

Gwynllyw se enamoró de la princesa Gladys, la hija mayor de su vecino, el rey Brychan Brycheiniog. Envió emisarios pidiendo su mano en matrimonio, pero Brychan los despidieron. Así Gwynllyw decidió que tomaría Gladys por la fuerza. Con trescientos hombres para que le ayuden, hizo una audaz incursión en Brycheiniog y se llevaron su amor. Brychan le persiguieron hasta Fochriw donde los dos fueron abordados por su el Rey. Impresionado por la belleza Gladys, el Rey sintió la tentación de tomarla para sí mismo, pero sus compañeros lo convencieron para desistir.

Gwynllyw era un rey guerrero conocido por vivir según su propia ley. Tiempo después, Gwynllyw tuvo un sueño en el cual el Dios apareció y le dijo que iba a encontrar un valioso buey blanco en Stow Hill. Después de haber encontrado la bestia al día siguiente, el Rey quedó tan impresionado que le permitió a su hijo San Cadog que se convierta al cristianismo. Luego fundó la Iglesia de Santa María (Catedral de San Woolos, Newport) cuando el buey fue encontrado.

Gwynllyw después se casó con la hermana Gwladys, Ceingar, y se convirtió en padre de San Cynidr de Glasbury. El rey murió el 29 de marzo AD 523 y fue enterrado en su iglesia. Fue a partir de entonces venerado como un santo.

(fuentes: es.catholic.net, www.earlybritishkingdoms.com)

jueves, 28 de marzo de 2013

28 de marzo: San José Sebastián Pelczar, frutos de una íntima relación con Dios

Madrid, 28 de marzo de 2013 (Zenit.org) Nació el 17 de enero del 1842 en Korczyna, Polonia. Sus padres tuvieron muy en cuenta sus grandes cualidades para el estudio, haciendo posible que recibiese esmerada formación. Todo ello sin descuidar su educación en la fe. Espiritualmente, muy pronto descubrió que deseaba seguir a Cristo. Aún no había terminado la primera fase de su preparación académica y ya anotó en su diario: «Los ideales de la tierra palidecen, el ideal de la vida lo veo en el sacrificio y el ideal del sacrificio en el sacerdocio». Eligió esta vía sin pensar que tal decisión implicaría asumir íntimas renuncias. En 1860 inició los estudios eclesiásticos en el seminario de Przemyśl; cuatro años más tarde era sacerdote. Puso en manos de Jesús y de María su acontecer humano, espiritual y apostólico, y se dispuso a cumplir la voluntad divina bajo esta consigna: «Todo por el sacratísimo Corazón de Jesús, a través de las manos inmaculadas de la Santísima Virgen María». Primeramente fue vicario parroquial de Sambor. Pero no se podían desperdiciar sus grandes dotes intelectuales. Por ello, fue enviado a Roma para cursar estudios que simultaneó en dos universidades, la Gregoriana, entonces Collegium Romanum, y la Lateranense, que en esa época era Instituto de san Apolinar. Fueron dos intensos años de dedicación que luego le permitieron impartir clases en el seminario de Przemyśl y en la universidad Jagellónica de Cracovia.

Se doctoró en teología y en derecho canónico. Entre sus méritos académicos se halla haber sido decano de la facultad de teología, que se ocupó de renovar, vicerrector de la universidad y rector del Almae Matris de Cracovia. Es obvio que su labor recibía alta estima. Pero la tarea universitaria fundamentalmente fue para él otro instrumento apostólico que le permitió acercarse a docentes y alumnos. Realizó con ellos una gran labor en los veintidós años de actividad profesional. En su ejercicio pastoral tuvo siempre presentes las necesidades de los demás que encauzó con su ingente labor caritativo-social. Colaboró con distintas asociaciones educativas católicas. Fue presidente de la Asociación de la educación popular y formaba parte de la Asociación de san Vicente de Paúl. Además, impulsó «La Fraternidad de la Inmaculada Virgen María, Reina de Polonia». A través de ella daba cobijo a trabajadores, pobres, alcohólicos, emigrantes, huérfanos, empleadas domésticas, en particular las que se hallaban en paro, y enfermas, para las que abrió una escuela, etc. Impartió numerosas conferencias y distribuyó entre la gente gratuitamente miles de obras. También a él se debe la existencia de un nutrido número de bibliotecas y salas de lectura. Es obvio que supo aunar su labor científica y académica con la acción apostólica.

Fue un insigne predicador y confesor. Todo en él fue un afán de adecuar su vida a la voluntad divina: «El acuerdo con la voluntad de Dios trae una paz inquebrantable. ¿Qué puede inquietar al que todo lo recibe con alegría, sabiendo que todo proviene de la voluntad de Dios llena de amor?». Su austeridad y espíritu de entrega le instaba a repartir sus bienes entre los necesitados, pero siempre mirando a esa frontera del amor a todos en Cristo, sin la cual nada tiene sentido. Tuvo claro el cariz espiritual de su compromiso apostólico: «No basta dar dinero a los pobres. El dinero no tiene ojos, labios, ni corazón. El dinero no hablará, no consolará, no aconsejará. Mientras que el pobre necesita el consuelo, alivio, consejo y esperanza. La verdadera prueba del amor y misericordia para con los pobres es visitarlos» […]. «Servir a Dios es nuestra tarea principal. Tarea más importante frente a la cual todo lo demás es nada». Su devoción al Sagrado Corazón de Jesús le llevó a fundar en 1894, junto a la Madre Klara Szczesna, la Congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús. Tenían como objetivo los jóvenes, enfermos y los que precisasen cualquier tipo de ayuda. Humilde y con el sentido de indignidad que acompaña a los genuinos discípulos de Cristo, pasado el tiempo manifestó: «Que Dios me perdone este atrevimiento, porque hasta hoy, fundadores eran las personas santas, pero lo que me justifica son las circunstancias en las cuales he visto claramente la voluntad de Dios».

En 1899 fue nombrado obispo auxiliar y un año más tarde prelado titular de la diócesis de Przemyśl. No desperdició ningún momento de su tiempo. Sabía del valor de la oración y su repercusión en la vida espiritual y apostólica. Es la característica comúnmente compartida por todos los que alcanzaron la santidad. En la oración se plantearon las grandes cuitas de su existencia, suplicaron la conversión personal y pidieron ardientemente la gracia de saber tocar el corazón de las gentes para llevarlas a Cristo. Fue uno de los manjares que gustaron junto a la Eucaristía, nutriéndose a la par con la Palabra de Dios. Sebastián no fue una excepción. Uno de los testigos de su fecunda vida sintetizó con estas palabras lo que había aprendido de él: «Las personas laboriosas, especialmente las que pasan más tiempo en la intimidad con Dios que con los hombres, tienen tiempo para todo». Este es otro fruto de la oración: la multiplicación del mismo de una forma sorprendente. No hay más que ver las biografías de los santos con trayectorias tan intensas como insólitamente creativas. Pelczcar, cuyo lema fue: «Todo para el único Dios», escribió numerosas cartas pastorales, impartió charlas y homilías que encadenó junto a obras teológicas, históricas, textos sobre la ley canónica, manuales y devocionarios. Viendo su quehacer en conjunto está claro que una gracia tuvo que dilatar sus horas. Murió la madrugada del 28 de marzo de 1924. Fue beatificado por Juan Pablo II el 2 de junio del 1991. No había sido un teórico de la vida espiritual, sino un fidelísimo seguidor de Cristo. Por eso, el pontífice dijo en la ceremonia: «He aquí un hombre que no solamente decía ‘Señor, Señor’ sino que cumplía la voluntad de Dios». Él mismo lo canonizó el 18 de mayo de 2003.

(28 de marzo de 2013)
© Innovative Media Inc.

miércoles, 27 de marzo de 2013

27 de marzo: Beato Francisco Faà di Bruno

Madrid, 27 de marzo de 2013 (Zenit.org) Mucho se ha escrito y disertado acerca del vínculo entre razón y fe, religión y ciencia o similares, bien para subrayar un antagonismo entre ambas disciplinas o defender las líneas fronterizas que comparten. De las implicaciones que conlleva la radical disociación que algunos establecen entre ellas, asunto que contiene matices de gran calado, no cabe hablar en un santoral. Sin embargo, cuando se trata de la vida de este beato, la relación entre ciencia y espiritualidad emerge con una fuerza poderosísima. Invita a no soslayar este tema. Con su privilegiada mente y un corazón henchido de amor por Dios puso de manifiesto algo que no convendría olvidar. Que el mismo ser humano que domina las técnicas experimentales, es decir, el que se implica en la ciencia siendo artífice de la misma, igualmente percibe una serie de cruciales vivencias que, si bien no pueden ser verificadas con los métodos utilizados por aquélla, forman parte de la realidad. Su explicación hay que buscarla a un nivel distinto del laboratorio. Pero no desmerecen en absoluto el rango científico aunque tengan un sesgo diferente a éste, como ha puesto de relieve F. Rielo. Francisco fue objeto de discriminación por ciertos colegas cargados de prejuicios. Juzgaron poco menos que imposible que un hombre de Dios, que confesaba abiertamente la fe, a pesar de ser políglota, dominar diversas ciencias, inventor, brillante investigador, escritor, etc., pudiera tener el rigor intelectual que únicamente apreciaban en los no creyentes. Así que hicieron todo lo posible para que se le cerraran las puertas académicas.

Nació en Alessandria, Piamonte, Italia, el 29 de marzo de 1825. Era el último de doce hermanos. Sus padres, el marqués Ludovico Faà de Bruno y la noble Carolina Sappa proporcionaron a todos una excelente educación. Francisco tenía grandes cualidades e inclinación singular por las matemáticas, disciplina que estudió con verdadera satisfacción. En el colegio de los padres somascos en el que ingresó en 1834, una vez fallecida su madre, recibió formación durante cuatro años. Y en 1840 emprendió la carrera militar en Turín. Cuando el rey Víctor Manuel II le encomendó la educación de sus hijos viajó a París, lo cual le permitió completar estudios matemáticos. La corte, con su ambiente plagado de anticlericalismo, le desagradó; no encajaba con su sensibilidad espiritual. En París tuvo como maestro al católico Cauchy, y al codescubridor del planeta Neptuno, profesor Leverrier. Por otro lado, su asidua presencia en la iglesia de San Sulpicio propició su implicación en las Conferencias de San Vicente de Paúl, y le dio la oportunidad de conocer a su fundador Federico Ozanam. Prestó servicios en el cuerpo de ingenieros del ejército italiano, y obtuvo el grado de capitán.

Uno de los trabajos que le encomendaron, una vez liberado de su responsabilidad de preceptor de los hijos del monarca, tuvo que ver con la cartografía, para lo cual fue enviado a los Apeninos. Allí se retiró definitivamente del ejército en 1853 eludiendo un duelo al que le empujaban sin desearlo. Tres años más tarde, en París se doctoraba en ciencias matemáticas. En 1856 obtenía este grado en astronomía en la prestigiosa universidad de la Sorbona. En esa época sus esfuerzos por vincular fe y ciencia eran notables. Después, regresó a Turín y ejerció la docencia universitaria. Impartió matemáticas por indicación de su obispo, y tuvo la magnífica visión de transmitir a sus alumnos la profunda convicción que le animó. Aunando la fe con la ciencia, les hacía ver que ésta no se opone a la fe sino que la ilumina. Plasmó sus investigaciones en artículos escritos en francés, inglés y alemán. En total cuarenta que fueron publicados en las revistas científicas de Europa y América más influyentes y rigurosas que había en el mundo. Algo que no se halla a la mano de cualquiera. Su existencia estuvo signada por la idea de no perder jamás el tiempo, «ni un minuto». Leía, estudiaba, se interesaba por todas las ramas del saber y los avances técnicos. No era cuestión de simple inquietud o afán de hacer acopio de valiosa información. Francisco aplicaba lo que aprendía para mejorar las condiciones de vida de su tiempo. Y de hecho, inventó aparatos para la enseñanza de las ciencias físico-matemáticas y hasta un escritorio para ciegos con objeto de ayudar a una de sus hermanas. Compositor de melodías sagradas y autor de algunos libros de este cariz, fue también benefactor de los pobres a través de la Sociedad de San Vicente de Paúl; realizó constantes obras de caridad.

A él se debe la fundación en 1860 de la «Obra de Santa Zita» para la promoción de la mujer, a la que seguirían otras. En octubre de 1876, a sus 51 años de edad, se ordenó sacerdote en Turín, dando respuesta a un sentimiento espiritual. En su decisión pesó el consejo de Don Bosco que vio en ello un bien para su fundación. Ofició su primera misa en la Iglesia de Nuestra Señora del Sufragio de la localidad de San Donato, ideada y erigida por él. La construcción había comenzado en 1869 y justamente ese año de su ordenación concluyeron las obras. En 1881 fundó la congregación de las Hermanas Mínimas de Nuestra Señora del Sufragio dedicada a la oración por las almas del Purgatorio, y las Hijas de Santa Clara para jóvenes discapacitadas. Este emporio contenía escuelas, laboratorio, enfermería, pensionado, liceo científico, etc. Había lugar para la infancia y juventud abandonada, madres solteras, ancianos, enfermos, inválidos... Incluso adquirió en Benevello de Alba un castillo con el fin de predicar retiros espirituales, destinándolo a descanso veraniego de pensionistas y a impartir clases a niños del lugar. Fue alentado y bendecido por Pío IX, al que acudió ya que tuvo serias dificultades con el arzobispo de Turín. Murió el 27 de marzo de 1888. Previamente legó a esta ciudad la excelente biblioteca científica que había reunido. Juan Pablo II lo beatificó el 25 de septiembre de 1988.

(27 de marzo de 2013) © Innovative Media Inc.
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