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domingo, 29 de mayo de 2016

29 de mayo: Beato José Gérard

Apóstol de Lesotho (África del Sur)
1831-1914

Carlos Juan José Gérard nació en Bouxières-aux-Chênes, diócesis de Nancy, región de Lorena (Francia) el 12 de marzo de 1831. En 1844 entra en el seminario menor de Pont-à-Mousson y en 1849 pasa al seminario mayor de Nancy. Atraído por el ideal misionero, llama a las puertas de la Congregación de los Oblatos e inicia el noviciado en Notre-Dame de l'Osier el 9 de mayo de 1851. Al año siguiente hace su primera oblación (profesión religiosa) y concluye sus estudios eclesiásticos en el seminario mayor de Marsella.


África como meta

En 1853 el Cardenal Prtefecto de Propaganda Fide (la actual Congregación para la Evangelización de los Pueblos) lanza una lamada apremiante a la joven Congregación misionera. Quiere confiar a los Oblatos la evangelización del África Austral y les confía el Vicariato Apostólico de Natal. El Fundador recluta rápidamente un equipo de misioneros. A falta de un número sufinciente de sacerdotes, ordena diácono a Gérard el 3 de abril de 1853 y lo enrola en ese grupo. Un mes más tarde, el 10 de mayo, parte con el equipo pionero para África del Sur. Salen desde Marsella en barco de vela. La nave andará a la deriva, de Brasil a Isla Mauricio. Finalmente, tras 8 meses de azarosa travesía, arriban a las costas del Cotinente africano. Llegan a Durban, el 21 de enero de 1954. El 13 de febrero el joven diácono recibirá la ordenación sacerdotal de manos de Mons. Allard, O.M.I., superior de la misión y Vicario Apostólico, en Pietermaritzburg. Los misioneros se desviven en vano por interesar a los zulúes en la doctrina cristiana.


Apostolado fecundo en Lesotho

Tras diez años de labor sacrificada e infructuosa, en 1862 se dirigen a Basutolandia (actual Lesotho). El P. Gérard, con el arte de "hacerse uno", se grangea la confianza del rey Moshoeshoe I, padre de la Patria, y conquista el corazón de los basutos. ¿Su screto? "El mundo será de quién más lo ame y se lo demuestre". Su oración incesante ("el Padre se limenta de oraciones", comentaba su gente) y su caridad incansable harán el resto. A lomos de su "Artabán", sube y baja por los montes Maluti en busca de las familias en las aldeas, de los pastores por los campos... Su apostalado será de persona a persona. Así se fue roturando para el Evangelio ese País árido, es verdad, pero hermoso y atractivo, y los frutos no se hicieron esperar. Hoy Lesotho tiene una población mayoritariamente cristiana, abundan las vocacacones nativas y, gracias sobre todo a las primeras escuelas y a la universidad fundada por los misoneros, el analfabetismo es practicamente nulo.


Fama de santidad

El 29 de mayo de 1914 expira en la Roma de su amadísimo Lesotho este gran Apóstol. Allí se concluían sus 60 años de misión, sin volver jamás a su querida y siempre añorada Lorena. Su fama de santidad corre de boca en boca y los basutos acuden continuamente a su tumba para llevarse un poco de tierra para asegurar su intercesión. El 15 de septiembre de 1988 Juan Pablo II lo proclamó Beato.

(fuente: jovenesoblatos.com.ar)

otros santos 29 de mayo:

- Santa Úrsula Ledóchowska
- Santos Félix y Voto
- Santos Sisinio, Martorio y Alejandro - 

sábado, 28 de mayo de 2016

28 de mayo: Beata Margarita Pole

Madre ejemplar, fue decapitada en la prisión de la Torre de Londres por el mismo rey Enrique VIII, por haber desaprobado su divorcio.

Martirologio romano: En Londres, en Inglaterra, beata Margarita Pole, madre de familia y mártir, que, siendo la condesa de Salisbury y la madre del cardenal Reginaldo, fue decapitada en la prisión de la Torre durante el reinado de Enrique VIII, por haber desaprobado su divorcio, por lo que encontró descanso en la paz de Cristo.

Margarita significa: Bonita como una Perla, proviene del latín.

Margaret Pole, fue la condesa de Salisbury y también la madre del cardenal Reginaldo. Ella, junto a su hijo, desaprobaron por completo el divorcio del rey Enrique VIII de Inglaterra y por esta razón fue decapitada en la Torre de Londres. Fue beatificada por el Papa León XIII.


Biografía

Entre los años de 1483 y 1601, la Torre de Londres fue testigo de ejecuciones de siete presos muy famosos: Lord Hastings en 1483, la reina Ana Bolena en 1536, Margaret Pole, condesa de Salisbury en 1541, la reina Catalina Howard en 1542, Jane Parker, Lady Rochford en 1542, Lady Jane Grey en 1554 y Robert Devereux, conde de Essex en 1601.

Con el tiempo, una serie de historias surgieron acerca de la manera en que estos supuestos "traidores" perdieron la cabeza, pero quizás ninguno tan como la historia que rodea a la ejecución de Margarita Pole, condesa de Salisbury.

Margarita nació en 1473, hija de Jorge de Clarence, hermano menor del rey Eduardo IV, Isabel y Neville. En 1476, su madre murió en el parto y en 1478 Eduardo IV ordenó la ejecución de su propio hermano, el padre de Margaret, por traición.

Margarita y su hermano Eduardo, conde de Warwick fueron enviados a Sheen Palacio y educados con los niños del rey Eduardo IV. Este acuerdo llegó a su fin en 1483, cuando el rey Eduardo murió y Ricardo III tomó el poder.

El Único hijo varón y heredero del rey Ricardo murió en 1484. Ricardo no quiso nombrar como heredero al hermano de Margarita. En su lugar, mantiene una estrecha vigilancia sobre él, ya que sabía que podía reclamar el trono en cualquier momento.

La situación volvió a cambiar en 1485, cuando Enrique Tudor derrotó al rey Ricardo III en la batalla de Bosworth y reclamó el trono. El rey Enrique VII se casó con el primo de Margarita, Isabel de York y encerró a su hermano, de Warwick, en la torre y allí permaneció durante casi 15 años, hasta su ejecución.

Margarita se casó con Sir Ricardo Polo, primo del rey, en 1494. Sir Ricardo, fiel servidor de Enrique VII, fue recompensado con altos cargos en la corte y en Gales. Margarita y Ricardo tuvieron cinco hijos, cuatro chicos y una chica. Su esposo Ricardo murió en 1505.

Fue considerada por el rey Enrique VIII como un modelo de esposa, madre y viuda, además de ser muy devota y llena de piedad. La llamaban "la mujer más santa en Inglaterra." Es tanta la estima del rey que el rey le tiene que hizo que le regresaran todos los bienes confiscados.

Las cosas mejoraron para Margarita. La nombraron condesa de Salisbury. Margarita era ahora sería una mujer muy rica y poseedora de inmensos terrenos. Se convirtió en una buena amiga de Catalina de Aragón y en 1519 se desempeñó como institutriz de la hija de Catalina, la princesa María, de la que llegó a ser su madrina.

Las cosas se complicaron para Margarita cuando Enrique VIII hizo público sus sentimientos por Ana Bolena después de divorciarse por su esposa.

Margarita cayó en desgracia durante el reinado Ana Bolena. Ella desaprobó el nuevo Matrimonio y las relaciones con el rey su tornaron muy comprometidas. Llegó a ser aún más peligroso en 1536, cuando su hijo, el futuro cardenal Reginaldo Pole (desde la seguridad de su hogar en Italia) escribió un libro, «Pro ecclesiasticae unitatis defensione», denunciando las políticas del rey, e indicando exactamente lo que pensaba de su matrimonio con Ana Bolena.

La situación se puso muy molesta para el rey y pensó en deshacerse de la totalidad de la Familia: testigos falsos vienen a acusar de conspiración a Margarita; sometida a un interrogatorio agotador durante todo un día, que desafía a sus acusadores con su capacidad intelectual y, sobre todo, con su dignidad y su carácter moral.

A pesar de contar con una buena defensa, y no pudiendo acusarle de ningún cargo, le inventan grandes mentiras. Margarita es entonces encarcelada en la torre durante casi dos años, en la que es sometida a torturas de hambre y de frío.

Muere decapitada el 28 de mayo de 1541 por un verdugo torpe que falló en varias ocasiones lo que hacía era prolongar el sufrimiento de Margarita.

Margarita Pole, fue beatificada el 02 de febrero 1886, por el Papa León XIII. El 29 de diciembre de ese mismo año se confirma su culto.

(fuente: www.pildorasdefe.net)


otros santos 28 de mayo:
- San Germán de París

viernes, 27 de mayo de 2016

27 de mayo: San Atanasio Bazzekuketta

Mártir
n.: 1870 - †: 1886 - país: Uganda
canonización: B: Benedicto XV 6 jun 1920 - C: Pablo VI 8 oct 1964

En el lugar de Nakiwubo, en Uganda, san Atanasio Bazzekuketta, mártir, uno de los pajes de la casa real, que, recién bautizado, mientras era conducido al lugar del suplicio con algunos otros compañeros por su fe en Cristo, rogó a los verdugos que le matasen allí mismo, y culminó el martirio abatido a golpes.

Camino de Namugongo, el sitio en el que iban a ser quemados vivos por no renegar del cristianismo, estos dos jóvenes ugandeses, unidos en vida por la pertenencia a la corte real y por la fe cristiana, fueron sacrificados el 27 de mayo de 1886, no los dos en el mismo sitio sino uno después de otro. Fueron canonizados el 18 de octubre de 1984.

Atanasio Bazzekuketta había nacido en Kampala en 1870 y pertenecía al clan Nkima. Había sido paje del rey Mutesa y continuó siéndolo de su hijo y sucesor Mwanga. Atraído al cristianismo, se bautizó el 16 de noviembre de 1885. Tenía a su cargo el tesoro real y cuando se desencadena la persecución contra el cristianismo fue delatado como tal e invitado a apostatar, lo que no hizo. Condenado a muerte, salió con los demás pajes hacia el sitio de la ejecución, pero al llegar a Kampala, sintiéndose debilitado físicamente, preguntó por qué el martirio no era allí mismo, y entonces decidieron ofrecerlo como sacrificio a las divinidades de Kampala. Fue llevado al borde del camino y allí atravesado con lanzas hasta que murió. Su cuerpo fue seguidamente descuartizado.

Gonzaga Gonza era un joven de 24 años, de origen busoga, vendido de pequeño al rey Mutesa y convertido por éste en paje suyo. Era su misión la guarda de los prisioneros de la corte. Fue bautizado el 17 de noviembre de 1885. Arrestado por ser cristiano y negándose a apostatar, fue condenado a muerte y salió con los demás hacia Namugongo. Como en Kampala les pusieron a los presos unas cangas, su debilidad tras la caminata con cadenas era manifiesta. Entonces en el pueblo de Lubawo cayó al suelo exhausto, y allí fue rematado a golpes de lanzas y decapitado, dejando los verdugos sus restos en el camino, sin detenerse a enterrarlos.

«Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
(fuente: www.eltestigofiel.org)

otros santos 27 de mayo:

- San Agustín de Canterbury
- San Bruno de Würzburg
- San Juan El Ruso

jueves, 26 de mayo de 2016

26 de mayo: Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores

La azucena de Quito.

Beatificada por el Papa Pío IX el 20 de noviembre de 1853 y Canonizada por Pío XII, el 4 de junio de 1950.

(1618-1645)

La cristiana república del Ecuador puede presentar ante el trono de Dios y en el cielo de la Iglesia una digna émula de Santa Rosa de Lima en la fragante flor de santidad que se llama Mariana de Jesús de Paredes y Flores. Nacida en Quito el sábado 31 de octubre de 1618, de piadosos y nobles padres, fue bautizada el 22 de noviembre en la catedral y mostró desde sus primeros años entera inclinación a la virtud, especialmente al pudor y a la modestia virginal. Oh Dios, Tú que quisiste que floreciese Santa Mariana aún entre los placeres mundanos como una azucena entre espinas con virginal pureza y constante mortificación. Concédenos, te rogamos, que por sus méritos y meditación nos apartemos del vicio y sigamos la perfección. Amén.

Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores. (Imagen adquirida de la Enciclopedia del Ecuador, Efré Avilés Pino) Huérfana de ambos padres desde los siete años, quedó al cuidado de su hermana mayor y del esposo de ésta, quienes la procuraron conveniente educación. Era Mariana de gran talento, de ingenio agudo, de inteligencia viva y precoz; se la preparó, por una parte, en las letras y, por otra, en la música; alcanzó mucha destreza en manejar el clave, la guitarra y la vihuela. También aprendió a coser, labrar, tejer y bordar, haciendo grandes progresos y ocupando así santamente el tiempo para huir de la ociosidad. Tenía una voz suave y dulcísima y una gran afición a la música, de tal manera que no dejó pasar un solo día sin ejercitarse en ella, aunque dedicándose a cantos religiosos, que la ayudaban a meditar y levantar su corazón incesantemente a Dios.

Ya desde su temprana edad su día estaba repartido entre la oración, el trabajo y algún recreo. Nos dicen sus compañeras que era muy inclinada al servicio de Dios; que celebraba todas las festividades de Nuestro Señor y de su Madre santísima, y de todos los santos, sus devotos, con mucha veneración, haciendo altares, ayunando sus vísperas, provocando y animando a todos para que hiciesen lo mismo, sin ocuparse en juegos y entretenimientos pueriles. Solía retirarse para orar a algún rincón de la casa, donde la hallaban con las manecitas juntas, repitiendo con fervor angelical el avemaría, que había aprendido apenas supo hablar. Tenía singular afecto a la Pasión del Señor, y desde entonces practicaba penitencias y austeridades, que más adelante serían mayores y más asiduas.

A los ocho años hizo su primera confesión y comunión en la iglesia de la Compañía de Jesús, que desde entonces fue el lugar escogido para su oración y vida espiritual. El padre Juan Camacho, al examinarla, quedó admirado de la inteligencia y comprensión de los divinos misterios que había en aquella niña, y casi culpaba a su familia de haberle dilatado algún tanto el recibir la Eucaristía. Despojóse desde entonces de toda gala mundana, y, movida del Espíritu Santo, se ofreció enteramente a Jesucristo, haciendo voto de perpetua castidad, al que juntó luego los de pobreza y obediencia. Cambió su nombre por el de Mariana de Jesús.

La Providencia desbarató uno tras otro dos proyectos suyos: uno, de ir a tierra de infieles para darles la fe cristiana (y para lo cual, como nueva Teresa de Jesús, intentó escapar de casa en unión de unas amigas), y otro, de entablar vida eremítica. Tampoco prosperó el deseo de los parientes, gozosamente aceptado por ella misma, de que entrara en la vida religiosa. Investigando en la oración y en la consulta a sus directores espirituales la voluntad de Dios, entendió ser ésta que viviese recogida en su propia casa, con la misma estrechez, pobreza y despojo de todas las cosas del mundo como pudiera hacerlo entre los muros de la comunidad más austera. En consecuencia, Mariana hizo arreglar pobremente, en la parte alta de su casa, un departamento con tres piezas: una salita, un pequeño aposento y una alcoba, completamente cerrados con cancel y cerrojos al resto de las personas, y de los que solamente salía para acudir por las mañanas a la iglesia. Su vida era de oración y penitencia continuas. Tenía en su pieza un ataúd, que le recordaba constantemente la vanidad del mundo y la hora de la muerte.

Su tenor de vida queda descrito así por ella misma, en una distribución del tiempo que sometió a su confesor: «A las cuatro -dice- me levantaré, haré disciplina; pondréme de rodillas, daré gracias a Dios, repasaré por la memoria los puntos de la meditación de la Pasión de Cristo. De cuatro a cinco y media: oración mental. De cinco y media a seis; examinarla; pondréme los cilicios, rezaré las horas hasta nona, haré examen general y particular, iré a la iglesia. De seis y media a siete: me confesaré. De siete a ocho: el tiempo de una misa preparé el aposento de mi corazón para recibir a mi Dios. Después que le haya recibido daré gracias a mi Padre Eterno, por haberme dado a su Hijo, y se lo volveré a ofrecer, y en recompensa le pediré muchas mercedes. De ocho a nueve, sacaré ánima del purgatorio y ganaré indulgencias por ella. De nueve a diez: rezaré los quince misterios de la corona de la Madre de Dios. A las diez: el tiempo de una misa me encomendaré a mis santos devotos; y los domingos y fiestas, hasta las once. Después comeré si tuviere necesidad.

A las dos: rezaré vísperas y haré examen general y particular. De dos a cinco: ejercicios de manos y levantar mi corazón a Dios; haré muchos actos de su amor. De cinco a seis: lección espiritual y rezar completas. De seis a nueve: oración mental, y tendré cuidado de no perder de vista a Dios. De nueve a diez: saldré de mi aposento por un jarro de agua y tomaré algún alivio moderado y decente. De diez a doce: oración mental. De doce a una: lección en algún libro de vidas de santos y rezaré maitines. De una a cuatro: dormiré; los viernes, en mi cruz; las demás noches, en mi escalera; antes de acostarme tendré disciplina. Los lunes, miércoles y viernes, los advientos y cuaresmas, desde las diez a las doce, la oración la tendré en cruz. Los viernes, garbanzos en los pies y una corona de cardos me pondré, y seis cilicios de cardos. Ayunaré sin comer toda la semana; los domingos comeré una onza de pan. Y todos los días comenzaré con la gracia de Dios.»

Esta regla de vida, asombrosa por su austeridad y oración, Mariana la guardó desde los doce años, sin más alteración hasta su muerte que estrechándola más aún los últimos siete años. Sin embargo, prudentemente, admitía tres causas posibles para omitir alguno de los ejercicios señalados: la caridad para con el prójimo, la obediencia a quienes le podían mandar y la absoluta imposibilidad física, cuando estaba tan desprovista de fuerzas por alguna enfermedad corporal que le era materialmente imposible tenerse de pie.

Santa Mariana no excluyó de su vida un discreto apostolado, principalmente con su oración por el prójimo, sus consejos a las almas que acudían a ella y la misericordia corporal con los pobres. Era ya un gran ejemplo de virtud verla salir modestísimamente de su clausura camino de la iglesia.

Por consejo de sus confesores se hizo terciaria de San Francisco de Asís (ya que en la Compañía de Jesús no hay tercera orden, como ella tanto hubiera deseado). Siempre deseó vivamente ser enterrada en la iglesia de la Compañía, donde Dios tanto la había favorecido, y el Señor le cumplió colmadamente su anhelo, ya que el templo de los jesuitas de Quito (de extraordinaria riqueza, pues está espléndidamente dorado en todo su interior, desde el arranque de las paredes hasta los techos inclusive), no sólo guarda como precioso tesoro su sagrado cuerpo bajo el altar mayor, sino que le ha sido litúrgicamente consagrado poco después de su canonización.

Los testimonios de sus contemporáneos insisten especialmente en tres rasgos de su vida santa: su mortificación extraordinaria, su oración altísima y sus prodigios.

Decía ella misma a su criada catalina: «Si duermo en esta cama, sabe que para mí es un regalo: porque algo se ha de hacer para merecer y ganar a Dios, pues en camas blandas y delicadas no se le halla; y supuesto que padeció tanto por mí, no es nada lo que yo haga por él.» Sin embargo, para usar estas asperezas había de vencer la gran repugnancia que tenía su cuerpo a ellas: su cama era una escalera con los balaustres con filo hacia arriba, que de tanto usarlos llegaron a embotarse y gastarse; la almohada, un madero grueso y tosco. Ambas cosas las ocultaba durante el día debajo del lecho por medio de la sobrecama, que dejaba colgar hasta el suelo. Tres veces por semana usaba esta penitencia; los restantes días tomaba las tres horas de sueño sobre una áspera sábana de cerdas y piedrecitas.

Su abstinencia y ayuno eran prodigiosos. Para disimularlos hacía que le preparasen una comida ordinaria, que luego secretamente repartía entre los pobres, limitándose a tomar para sí algunos bocados de pan, que en ocasiones amargaba con hiel, acíbar, ceniza y hierbas.

De su amor a Dios da testimonio autorizado uno de sus confesores, asegurando que «en todos los días de su vida conservó la primera gracia que recibió en el bautismo..., no pecó en toda su vida mortal ni venialmente con advertencia». Otro decía: «Nuestro Señor la levantó a lo supremo de la contemplación, que consiste en conocer a Dios y sus perfecciones sin discurso y amarle sin interrupción».

Un testigo afirma de su caridad para con el prójimo: «Se ejercitó cuanto pudo y permitía su condición en obras de caridad espirituales y corporales, en beneficio de los prójimos; deseando viviesen todos en el temor y servicio de Dios; y para el efecto diera su vida.» «Toda su conversación -añade una de sus compañeras- era de la gloria, de la virginidad y pureza, de la penitencia y vidas de los santos y santas, envidiándoles sus virtudes con santa emulación.»

Aunque suplicó ardientemente a Nuestro Señor que no la concediera favores sobrenaturales exteriores en esta vida, por su humildad profunda, sin embargo, hizo por su medio varias profecías y revelaciones, además de lograr especiales conversiones y santificación de varias almas.

A principios del año 1645 se sintieron frecuentes terremotos y desastrosas epidemias en Quito. La ciudad estaba consternada. Mariana, conmovida por la desgracia de su patria, ofreció a Dios su vida en expiación de los pecados y en alivio de aquellos males. Nuestro Señor aceptó la ofrenda, porque desde aquel momento (26 de marzo) cesaron los temblores y la ciudad comenzó a tranquilizarse. Mas apenas la Santa se retiró del templo, donde había hecho ante Dios su sacrificio, comenzó a sentir los sufrimientos de la terrible enfermedad de que murió dos meses más tarde: apenas pudo llegar por sí misma a su habitación y hubo de ir a la cama por no poderse tener en pie. Recibidos los santos sacramentos y entre sublimes afectos de amor divino, entregó su purísima alma a Dios el 26 de mayo de 1645, a los veintiséis años de edad.

A partir de su nacimiento para el cielo fue todavía mayor la veneración en que la tuvieron los quiteños y toda la nación por sus frecuentes milagros. El 17 de diciembre de 1757 Benedicto XIV introdujo su causa; Pío VI, el 19 de marzo de 1776, declaró heroicas sus virtudes. En 1847 Pío IX reconoció dos milagros suyos: el mismo Pontífice la beatificó el 20 de noviembre de 1853.

Los restos de Mariana reposan bajo el altar mayor del bellísimo templo de la Compañía de Jesús, su segundo hogar.

La tradición nacional confía en que volverá a salvar a Ecuador no ya de terremotos y difterias sino de la corrupción política. Entonces será llamada "Mariana del Ecuador".

escrito por Gustavo Amigó Jansen, S. I.,
Santa Mariana de Jesús Paredes, en Año Cristiano, Tomo II,
Madrid, Ed. Católica (BAC 184), 1959, pp. 494- 499


Oración

Oh Dios, Tú que quisiste que floreciese Santa Mariana aún entre los placeres mundanos como una azucena entre espinas con virginal pureza y constante mortificación. Concédenos, te rogamos, que por sus méritos y meditación nos apartemos del vicio y sigamos la perfección. Amén.

(fuente: www.marianadejesus.com) 

otros santos 26 de mayo:

- San Felipe Neri
- Beatos Esteban de Narbona y Raimundo de Carbona  
- San Desiderio de Vienne

miércoles, 25 de mayo de 2016

25 de mayo: San Genadio

Obispo
(† 936)

Poco a poco iba ensanchándose el pequeño reino asturiano. Ya había saltado más allá de los montes; ya había salido de las gargantas estrechas en que se ahogan los primeros sucesores de Pelayo. Ahora, Alfonso el Magno desafiaba a las huestes musulmanas, levantaba castillos en las riberas del Duero y acercaba su corte a la frontera. En torno suyo hierve una vida nueva, rica de savias y vibrante de optimismos. Sus caballeros galopaban cargados de botín por los campos góticos y las llanuras de Castilla; sus monjes rompen los páramos, abren las entrañas de la tierra, que había estado en holganza secular; restauran la cultura, recogiendo los residuos de la ciencia isidoriana, y crean un arte de la construcción y una escuela espléndida de miniatura. La gesta guerrera nos ha hecho olvidar el esfuerzo de esa epopeya pacífica, cuyos héroes anónimos echaron los cimientos de la patria. Pero no ha podido desaparecer el nombre de San Genadio, este animoso civilizador que presenta a nuestras miradas la extraña figura de un hombre que lleva una mitra en la cabeza, el códice bajo el brazo y en la mano el azadón: tres símbolos de progreso y de civilización. La autoridad, la ciencia y el trabajo.

Es en el año 890. Alfonso el Magno acaba de dar un decreto de repoblación. Las tierras yermas que sus jinetes acaban de conquistar piden brazos robustos, espíritus inteligentes que llagan brotar en ellas fuentes de riqueza. Este es el momento en que Genadio aparece en los valles profundos del Bierzo. Doce hombres le siguen, todos vestidos de amplias cogullas monacales. Llevan libros, aperos, ganados, bueyes, semillas y herramientas. Buscan las antiguas ruinas. Dos siglos antes fue aquella tierra un foco de actividad febril y un teatro de místicas hazañas. Por allí pasaron Fructuoso y Valerio creando comunidades, haciendo milagros, reuniendo bibliotecas, organizando la oración y el trabajo. Ahora todo es silencio de muerte; pero este grupo de monjes viene a traer la vida. Se detienen primero al pie de una roca gigantesca, junto a los barrancos donde nace el Oza. Hay montones de piedras en desorden, muros desmantelados, y, entre los escombros, lápidas con caracteres en que los exploradores audaces descifran con regocijo los nombres de los padres del monaquismo español. Aquellas ruinas eran las del antiguo monasterio de San Pedro de Montes.

Y empezó la restauración. Surge la iglesia con sus arcos de herradura, con sus capiteles de hoja de acanto y de palmetas, con su altar adornado de cruces y coronas. Y junto a la iglesia, los huertos, las vides, los trigales; un vivir nuevo lleno de azares y privaciones, generoso en derrame de energías, rico de renunciamientos y peligros; vivir de frontería, en que hay que crearlo todo y multiplicarse y atender a todas las necesidades: de la salmodia a la lectura, de la lectura al arado, del arado a la selva, donde aúlla el lobo y velan los miedos del desierto. Poco a poco el desierto florece, la soledad abre sus brazos amigable y festiva, el portalico se agranda, las gentes acuden a recogerse en él, y el claustro se convierte en villa, en solar de civilización, en foco intenso de vida. Colonos, monjes, vasallos y domésticos viven como una gran familia, empeñados todos en ganar el Cielo embelleciendo la tierra. Se canta, se reza, se construye, se cultiva el suelo, se escribe y se pinta. Y el abad pasa entre sus gentes sonriente, dando calor y aliento con los fuegos de su alma paternal, iluminando el valle con las lumbres de su ingenio peregrino. Poco a poco la vida cunde, el llamear alegre de aquel fuego se multiplica; nacen nuevas colonias, se alzan nuevos monasterios, florecen otros valles, y entre los robles y los pinos resuenan las esquilas de las ovejas, reemplazando los alaridos de las bestias salvajes. Todo ha quedado transformado en poco tiempo; hay paz, oración, arte, riqueza, prosperidad. «Planté viñas—dice Genadio con legítima satisfacción—, levanté edificios, hice huertos y pomares, rompí muchos montes, saqué las tierras del abandono y construí basílicas de exquisita arquitectura.»

Hasta que un día el infatigable colonizador se vio obligado a cambiar el aire puro del campo por los techos dorados del palacio episcopal de Astorga. Para el hombre de la soledad, enemigo de mundanos esplendores, aquello no pudo suceder sino por una conjuración de los demonios. Él mismo lo confiesa. «El enemigo de las virtudes—dice textualmente—, envidiando la vida silenciosa que llevaba con mis hermanos, movió las mentes de muchos para que, con pretexto de edificación espiritual, me arrancasen de allí y me hiciesen obispo de Astorga.» Empuñó el báculo, impelido por el mandato del príncipe, pero echando siempre de menos el hacha con que echaba por tierra las zarzas y los tamujales. Además, el recuerdo de su indignidad le aterraba. «¿Qué haré yo, miserable—decía, transido de mortal congoja—, yo que estoy desnudo de merecimientos y sólo soy rico en abundancia de pecados; que no tengo ciencia ni virtud y oigo sin cesar junto a mí la voz del Profeta que me dice amenazadora; «¿Por qué enseñas tú mis justicias y tomas mi testamento en tu boca, tú que cierras el oído a mis palabras y aborreces mi disciplina?» Y un día, Genadio dejó la mitra, salió de la ciudad y se internó en el desierto. De nuevo se le vio arando, construyendo iglesias, derribando encinas y copiando libros. Al morir, tenía cincuenta códices voluminosos, una rica librería para aquel tiempo. Ordenó que circulasen constantemente por todos los monasterios del Bierzo; y así, a él se debe la organización de la primera biblioteca ambulante que se conoce. Testigo de su paso, queda todavía, cerca del Sil, la iglesia de Santiago de Peñalba, joya original de nuestro arte antiguo, cuyos cimacios y capiteles de mármol nos revelan el gusto exquisito de este amable colonizador.

(fuente: www.divvol.org)

otros santos 25 de mayo:

- Santa Magdalena de Pazzi
- San Cristóbal Magallanes Jara
- Santa Magdalena Sofía Barat

martes, 24 de mayo de 2016

24 de mayo: San David de Escocia

(1084-1183)

Nació en Edimburgo y era hijo de santa Margarita de Escocia y del rey Malcom III Canmore. A la muerte de sus padres, en 1093, él y sus hermanos marcharon a Inglaterra, donde se encargó de ellos su tía Cristina, monja del monasterio de Ramsey. Pero cuando su hermana Matilde se casó con el rey Enrique I de Inglaterra, David pasó a la corte inglesa para completar su formación.

Muerto su hermano Edgard, se le asignó el gobierno de la región de Cumbria, y a la muerte de su hermano Alejandro subió al trono de Escocia en 1124. Estaba casado con Matilde de Northumbria, lo que le había convertido en un barón inglés. Aunque no estavan bien delimitados los límites de los estados tuvo buenas relaciones con los daneses.

Durante el reinado de Esteban de Inglaterra se produjo una guerra civil y David entró en litigio. En 1135, conquistó varios castillos de la frontera y en los años sucesivos reinvindicó el condando de Northumbría e invadió Inglaterra septentrional. En el 1138, fue derrotado en Northallerton en la llamada "batalla del estandarte", pero consiguió un definitivo armisticio a cambio de Northumbría y de Cumbria. Pudo de esta forma regresar a su reino y dedicarse al bien de su pueblo.

Fue un rey justo, amante del buen orden que le dio una nueva estructura al sistema feudal del reino, introduciendo colonos anglo-normandos y nuevos sistemas jurídicos. Incentivó el desarrollo de las ciudades de Edimburgo, Berwick y Perth, haciendo florecer el comercio. Hombre religioso, creó el obispado de Glasgow y otras cuatro más. Además erigió numerosos monasterios en su afán de aumentar la extensión de la agricultura. Reorganizó la iglesia escocesa extrechando los lazos con Roma. Incrementó las donaciones a los benedictinos de Dunfermline, el convento que su madre había fundado y que luego fue el lugar de la sepultura y centro de su propio culto.

El célebre san Elredo de Rievaulx, que durante un tiempo fue preceptor de la familia, redactó un panegírico en el que señala las reticencias de David para aceptar el trono, la justicia que le distinguió como administrador y su apertura hacia el prójimo. Fue un hombre humilde y tenía una gran misericordia y generosidad con los pobres y enfermos.

La pureza del soberano fue siempre ejemplar, a menudo recitaba el oficio de las lecturas, recibía con frecuencia el sacramento de la penitencia y la Eucaristía: todo heredado de su madre santa Margarita. El único "pero" que se le puede hacer es que enroló tropas bárbaras durante la invasión inglesa de 1138, que dejaron un dramático recuerdo por sus atrocidades. Tuvo que lamentar la muerte de su único hijo.

Cuando enfermó, todavía en el lecho de muerte oraba con los salmos y exhortaba así a los presentes: "Permitidme pensar sólo a las cosas de Dios, para que mi alma venga reforzada. Cuando me presente ante el trono de Dios, ninguno de vosotros responderá por mí, ninguno de vosotros podrá protegerme, ni liberarme de su mano".

Su cuerpo fue sepultado en el monasterio de Dunfermline y pronto le fue concedido el traslado, suceso que en aquel tiempo equivalía a una canonización. La influencia que este rey tuvo en su país ya sea en el campo político como en el religioso fue profunda y perduró durante mucho tiempo, tanto que está considerado uno de los más grandes soberanos del Medioevo. No ha sido formalmente canonizado pero si tiene culto litúrgico, especialmente en la Iglesia reformada de Escocia.

(fuente: vidas-santas.blogspot.com.ar)

otros santos 24 de mayo:
- San Vicente de Lérins

lunes, 23 de mayo de 2016

23 de mayo: Beatos José Kurzawa y Vicente Matuszewski

Presbíteros y Mártires

Martirologio Romano: En la ciudad de Witowo, en Polonia, beatos José Kurzawa y Vicente Matuszewski, presbíteros y mártires, asesinados por los perseguidores de la Iglesia cuando, en tiempo de guerra, su patria estuvo sometida por la fuerza a un poder extranjero. († 1940)

Fecha de beatificación: 13 de junio de 1999 por el Papa Beato Juan Pablo II como parte de un grupo de 108 mártires polacos.

En la madrugada del 23 de mayo de 1940 la policía nazi sacó de la casa rectoral en que dormían al párroco y al coadjutor de la parroquia de Osiecyni, Polonia, y los obligó a montar en un coche, que de inmediato tomó la carretera en dirección a Witowo. Cuando había recorrido unos cinco kilómetros, el coche paró, los sacerdotes fueron obligados a descender de él y fueron asesinados con tiros de pistola. Sus cuerpos quedaron en una fosa al borde de la carretera.

Este trágico final lo habían visto venir no pocas personas como consecuencia de la actitud valerosa que ambos sacerdotes venían mostrando desde la entrada de las tropas nazis en la población tras desencadenarse la II Guerra Mundial. Ellos no habían querido dejar el pueblo porque decían que su sitio estaba junto a los fieles, y seguían ejerciendo su ministerio con toda la normalidad que les era posible. Más aún, llegado el día del Corpus Christi decidieron sacar la tradicional procesión a la calle, acto al que los fieles acudieron, y que disgustó sobremanera a las autoridades de ocupación. El antiguo alcalde del pueblo acudió al párroco para decirle que era perentorio que ambos se marcharan. El párroco dijo que él de ningún modo se iba pero que el coadjutor era libre de hacerlo, a lo que éste igualmente se negó diciendo que no pensaba abandonar a su párroco. Su valentía y firmeza les costó la vida.

El párroco se llamaba Vicente Matuszewski y había nacido en Chruscienska Wola el 3 de marzo de 1869, ordenándose de sacerdote el 17 de febrero de 1895. Estuvo destinado en diferentes parroquias hasta que en 1918 se le nombró en la de Osiecyni, donde trabajó con gran entrega y mucho fruto. El obispo quiso premiar ese trabajo nombrándole canónigo de la colegiata de Kalisz sin por eso tener que dejar su parroquia.

El coadjutor se llamaba José Kurzawa y había nacido en Swierczyn el 6 de enero de 1910, ordenándose sacerdote el 14 de junio de 1936. Fue destinado a la parroquia de Osiecyni como primer encargo, siendo además de vicario parroquial el prefecto de las escuelas locales. Era muy apreciado por su mansedumbre y bondad.

AÑO CRISTIANO Edición 2004
Autores: Lamberto de Echeverría (†), Bernardino Llorca (†) y José Luis Repetto Betes
Editorial: Biblioteca de Autores Católicos (BAC)
Tomo V Mayo ISBN 84-7914-709-1
(fuente: catholic.net)

otros santos 23 de mayo:

- Beato Juan de Prado
- San Juan Bautista de Rossi
- San Guiberto de Gembloux
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